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Ante nosotros se abre un nuevo año, un nuevo camino, una historia de amor siempre repetida y siempre nueva. Os invito a contemplar este camino que hoy empieza, a reflexionar juntos sobre su significado y sobre el significado que tiene para cada uno de nosotros. Pero la reflexión debemos hacerla no con la cabeza, sino con el corazón. El año litúrgico es la síntesis en doce meses de una larga e interminable historia de amor y salvación. Pero esta síntesis, que cada año repetimos, no implica rutina, intrascendencia, vulgaridad. Es, al contrario, una invitación a profundizar en sus misterios, a conocerlos mejor, a vivirlos más conscientemente y, por lo mismo, más alegremente, pues son misterios de amor y de vida. Vamos a recordar esta historia a lo largo del año, por eso no es necesario que ahora nos detengamos en sus detalles, detalles que bien conocéis, pero si me parece importante fijar nuestra atención en los tres hitos que la jalonan, los tres acontecimientos claves que dan sentido a dicha historia: 1.- La Natividad de Jesús. El Hijo de Dios, que está junto a Dios y era Dios, se hace hombre en el seno de una mujer de nuestra raza, María, la virgen doncella de Nazaret. Subrayo: una mujer de nuestra raza, no una diosa. 2.- La Pascua. El Hijo de Dios hecho hombre, después de una corta vida como anunciador del reino de Dios, muere crucificado y resucita como había prometido. Cumplida su misión vuelve al Padre. 3.- Pentecostés. En la fiesta judía de Sabbuot, el Espíritu Santo, prometido por Jesús, viene sobre el grupo de discípulos formado en torno a Él. Esta venida significa la afirmación del grupo y el nacimiento de la Iglesia como comunidad de los que creen en Cristo, así como el comienzo de una etapa nueva en la historia de la salvación: la etapa del Espíritu. Debido a la importancia de estos tres acontecimientos, cada uno de ellos tiene un tiempo de preparación y otro que pudiéramos llamar de prolongación y vivencia del misterio. |
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| El Año Litúrgico | |||||||||||||||||||||||||||
| El Tiempo de Adviento | |||||||||||||||||||||||||||
| La Semana Santa | |||||||||||||||||||||||||||
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Los de preparación son: Adviento, Cuaresma, Vigilia de Pentecostés. Los de prolongación y vivencia: Epifanía, Pascua, Tiempo Ordinario. |
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Finaliza esta historia de salvación con la fiesta de Cristo Rey, que es como el último acorde de una sinfonía maravillosa de amor. Es también el preludio de la Parusía o retorno de Cristo, de su triunfo sobre todas las fuerzas del mal, del pecado y de la muerte: es el anuncio de nuestro triunfo con Cristo y la afirmación de nuestra esperanza. Contemplado en perspectiva el camino que se abre ante nosotros, cuando sólo hemos puesto nuestros pies en el punto donde el camino comienza, debemos recordar en cada etapa y mientras caminamos que este camino es historia de amor y salvación, y que sólo por la vivencia alegre de esta historia tiene sentido nuestra marcha. |
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Amor es la palabra que encontraremos escrita en cada hito. Amor, la palabra que resonará en nuestro corazón mientras marchamos, como resuena el eco en las quebradas del monte. |
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Amor de Dios al hombre, a ese hombre que somos cada uno de nosotros. Como expresión de ese amor, envía a su propio Hijo. Por este amor, quiere que le llamemos Padre y nos dirijamos a él con amor y confianza de hijos. Por este amor, cuida de nosotros mejor que de sus pájaros y de las aves del cielo, que de las humildes y bellas florecillas que nacen en el campo. Por este amor y con más amor… Recuerda ese amor que tu has experimente en tu vida… Recuerda… Aunque nunca sabrás todas las pruebas de ese amor. |
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Amor de Cristo, ese Hijo de Dios que ha venido al mundo, no para juzgarlo, sino para salvarlo (Jn 12,47), para que todo el que cree en él tenga la vida eterna (Jn 3,15), y la tenga sobreabundantemente (Jn 10,10). Amor de Cristo que nos llama amigos porque todo lo que oyó al Padre nos lo ha dado a conocer (Jn 15,15). Amor de Cristo, que nos ha dicho que nadie tiene amor mayor que el de dar la vida por sus amigos (Jn 15,13), y él la dio. Amor hasta el fin (Jn 13,1). Cuando celebra la última cena con sus discípulos, antes de abandonar la sala, dijo, dirigiéndose a Dios: Yo les di a conocer tu nombre, y se lo haré conocer, para que el amor con que me has amado esté en ellos y yo en ellos (Jn 17,26) Sus últimas palabras fueron: Todo se ha cumplido (Jn 19,30). Agonizaba clavado en la cruz. |
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Amor que se alarga y llega hasta nosotros. La última noche de su vida, en la velada que siguió a la cena de Pascua con sus discípulos, les dijo: Cuando venga el Paráclito que yo os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros daréis también testimonio porque desde el principio estáis conmigo (Jn 15,26s). Cuando viniere, el Espíritu de la verdad os guiará hacia la verdad completa (Jn 16,13) |
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Esta historia de amor es la que vamos a recordar, la que debemos recordar durante todo el año que acaba de comenzar. Pero esta Historia evidentemente exige una actitud: |
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No tener miedo a Dios. Nunca: ni ahora, cuando estamos en camino; ni cuando lleguemos al fin del mismo. ¿Por qué tener miedo a Dios? No comprendo. ¿Acaso se puede temer a quien se acerca a nosotros en la carne de un Niño que pide calor, besos y amor (Navidad)? ¿Cuando viene como mensajero del amor, entregado a su misión, sin tener donde reclinar la cabeza mientras los pájaros tiene sus nidos y las raposas sus madrigueras (vida pública)? ¿Cuando inocente entrega su vida por muchos y muere crucificado (muerte)? ¿Cuando, como un pobre nos tiende su mano y nos pide una limosna de amor: ¿me amas? (Jn 21,16s)? ¿Por qué tenemos miedo a Dios? ¿Por qué se dice que hemos de temer a Dios?... No. A Dios no se le teme: a Dios se le ama. |
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Saber que es nuestro Padre y que a él debemos dirigirnos como a Padre. Es lo que Jesús nos ha enseñado de Dios. Cuando os dirijáis a él, decidle: Padre (Lc 11,2). Padre nuestro (Mt 6,9). ¡Tantas veces nos ha hablado de nuestro Padre del cielo! Hasta decirnos que hemos de perdonar como él perdona, amar como él ama, y ser perfectos como él es perfecto (Mt 5,44-48) |
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Y como a Padre hemos de amarle |
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Por el camino que él nos ha señalado debemos caminar hacia Él. En la última noche, cuando Jesús se despedía de los discípulos y les hablaba de su marcha y del camino, uno de ellos, Tomás, le dijo: No sabemos el camino. Jesús contestó: Yo soy el camino (Jn 14,6). Es verdad. Él es el camino. No hay otro camino para ir a Dios, no otra senda, ni un atajo. Pero a veces oímos decir que hay otros caminos y sendas fáciles, que existen atajos. No es verdad, pero no importa, se inventan. Y así vemos todos los días cómo muchos buscan esos caminos o eligen sendas que a ninguna parte conducen. |
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Al iniciar nuestra marcha podemos oír una voz: Sígueme (Jn 1,43) y encontrar unas huellas, las pisadas de quien se ha hecho camino y compañero de ruta. Sigue esa voz y pisa esas huellas. Después descubriremos, tal vez asombrados, que el camino discurre entre parajes extraños, quizá hostiles. No nos volvamos atrás ni busquemos caminos que no existen. Este es nuestro mundo y nuestro camino. En su última noche, Jesús pidió al Padre por nosotros: No te pido que los quites del mundo, sino que los guardes del maligno (Jn 17.16) |
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Existen peligros que debemos conocer y evitar si no queremos que la historia se malogre, las ilusiones se marchiten y el amor se muera. Son la rutina, repetir por inercia, sin vida, los hechos, las palabras y las costumbres de siempre; la superficialidad, el hedonismo o el espíritu pagano de nuestra sociedad que cada día respiramos, el cansancio, el olvido de que hemos de ser como luz y como sal o como ciudad levantada sobre una colina (Mt 5,13s)… |
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Descubrimos al iniciar la marcha que hay dos personas al comienzo mismo del camino: |
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un hombre extraño, salido del desierto, Juan el Bautista, que señala y encamina hacia el primer hito de esta Historia: la aparición del Salvador, mas dice que para ello hay que preparar los caminos, rellenando barrancos, allanando collados, rectificando las sendas tortuosas… Sólo entonces, los hombres verán la Salvación de Dios (Mt 3,4-6) |
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Una mujer, una madre joven que espera el nacimiento del Hijo que lleva en su seno: María, la virgen de Nazaret. Nacido nos lo ofrece, marcando así el primer hito de la historia de amor. Pero esta virgen-madre se une después a nuestra marcha, camina con nosotros y está presente en los momentos más relevantes de esta Historia, mientras nos anima a seguir el Camino: Haced lo que él os diga (Jn 2,5) |
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Esta es la Historia maravillosa de amor, que deberíamos recordar siempre, pero con frecuencia olvidamos entre ritos vacíos, palabras hueras y costumbres repetidas, muertas como hojas de árboles en otoño. |
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Nosotros, recordamos y caminamos. |
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Vicente Serrano |
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Qué es el Tiempo de Adviento y cuánto dura. |
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El Tiempo de adviento es la primera etapa del Año litúrgico cristiano. Durante el tiempo de adviento, que dura aproximadamente cuatro semanas, nos preparamos para celebrar la Navidad en la que conmemoramos el nacimiento de Jesús, la Encarnación del Hijo de Dios. |
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índice |
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| El Año Litúrgico |
Cuáles son las características propias del Adviento |
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| El Tiempo de Adviento |
Durante este tiempo los ornamentos litúrgicos son de color morado porque es un tiempo de preparación en el que debemos intensificar la oración y nuestro esfuerzo de perfección, intentando hacer mejor lo que tenemos que hacer y ofreciendo a Jesús pequeños sacrificios que nos ayudan a fortalecer nuestra voluntad y expresan nuestro amor a Él. Pero no por eso es un tiempo de tristeza, sino de alegría y de esperanza. |
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| La Corona de Adviento | |||||||||||||||||||||||||||
| La Semana Santa |
La Virgen María nos enseña a vivir el Adviento |
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Este es un tiempo en el que tenemos que mirar mucho a la Virgen María y fijarnos en Ella para ver cómo Ella esperaría a su Hijo Jesús. Como María esperaría el nacimiento de Jesús llena de alegría, nosotros tenemos que esperar la Navidad con alegría, porque es la fiesta del nacimiento de Jesús. Como Ella prepararía su casa y todo lo necesario para cuando naciera Jesús nosotros tenemos que preparar nuestro corazón porque es la “casa” donde Jesús quiere vivir. Tendremos que limpiarle de todas las cosas malas que hay en él: nuestros malos sentimientos y malos comportamientos y adornarle con nuestros buenos sentimientos y nuestras virtudes. A esto nos va ayudar de manera especial recibir el sacramento de la Reconciliación. |
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La corona de Adviento y el Belén |
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Hay otras cosas que nos ayudan a vivir mejor este tiempo. Por ejemplo la Corona del Adviento que se pone en las iglesias y en las capillas de los colegios. Encender cada semana una nueva luz es símbolo de nuestro camino hacia la Navidad. También podemos ir pensado cómo vamos a hacer el Belén y preparando con cariño y alegría lo que sea necesario para ello. El Belén es el corazón de las Casas de María en la Navidad. Contemplarle nos ayuda a no olvidar la razón de las fiestas: que Jesús nació, que por amor quiso vivir en el mundo, entre los hombres, hacerse uno de nosotros. Reunida en torno al Belén toda la familia, rezaremos y cantaremos llenos de alegría porque sabemos que Dios nos ama.
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Con el ADVIENTO comienza el año Litúrgico cristiano, a lo largo del cual vamos evocando y celebrando los acontecimientos salvíficos que tratamos de vivir con un sentido cada vez más profundo. El tiempo de Adviento tiene una doble finalidad: prepararnos para la conmemoración de la primera venida al mundo de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, y recordarnos su segunda venida al final de los tiempos. El Adviento es tiempo de espera piadosa y alegre. Tiempo de esperanza confiada que sale al encuentro de Dios que se nos revela, de esperanza alegre porque es nuestro Salvador el que llega. Tiempo de conversión, de preparar el camino del Señor mediante la ascesis y la oración, para, que cambiando de mentalidad y rompiendo con la rutina que mata nuestra fe y nuestro amor nos abramos a horizontes nuevos y gritemos jubilosos porque hemos descubierto la grandeza del amor de Dios que ha estado grande con nosotros. La CORONA DEL ADVIENTO o Corona de las Luces de Adviento, que se coloca en casi todas las parroquias y comunidades cristianas, Se compone de cuatro velas de colores, una por cada semana, y una más grande, blanca, en el centro, que representa a Cristo, rodeadas de ramas verdes de pino, abeto o similares. Tiene un hondo significado y un sentido progresivo que conduce a la Navidad. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. El color verde de las ramas que la forman significa la vida y la esperanza Es un signo que expresa la alegría de este tiempo de preparación a la Navidad. Un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado verdadera vida El encender, semana tras semana los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la Luz de la Navidad. Mientras se acrecienta cada semana el esplendor de la corona, con nuevas luces, nuestra vida debe llenarse de la luz de Cristo para iluminar con más fuerza el mundo |
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| El Tiempo de Adviento | |||||||||||||||||||||||||||
| La Corona de Adviento | |||||||||||||||||||||||||||
| La Semana Santa | |||||||||||||||||||||||||||
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En la Primera Semana, se enciende la vela de color oscuro (azul generalmente), que representa el tiempo actual, nuestro mundo de tinieblas. |
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En la Segunda Semana, encendemos dos velas: la azul de la semana anterior y la vela roja que representa el sufrimiento y el sacrificio de los que seguimos a Cristo y, como nuestro Maestro, hemos de soportar la cruz en nuestra lucha contra el pecado. |
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En la Tercera Semana se enciende la vela de color claro (suele ser rosa), además de las dos anteriores. Esta vela representa la alegría de la próxima llegada del Salvador. Cristo-Jesús, nuestro Redentor, está al llegar. |
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La Cuarta semana se enciende la verde, que junto con las anteriores completa la corona. Esta vela representa la espera de los que aguardan a su salvador, al Redentor que viene. |
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El DÍA DE NAVIDAD las cuatro velas de colores ceden su puesto, quedan apagadas, para que sólo brille la vela central: CRISTO ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS. Él es la Luz del mundo. |
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En la Semana Santa celebramos el acontecimiento central de nuestra fe y el que da razón y fundamento a todo lo demás: La muerte y resurrección de Jesús, por las que se manifiesta el amor de Dios a los hombres que por la entrega del Hijo los salva definitivamente del pecado y del mal. Por la importancia de esta fiesta, es precedida por la larga e intensa preparación cuaresmal y, por la misma razón, la celebración gozosa se prolonga durante las siete semanas de la Pascua en las cuales la comunidad cristiana se siente salvada y aguarda la plenitud de su fe y de su vida con la venida del Espíritu Santo que cierra este tiempo litúrgico. |
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| El Año Litúrgico | |||||||||||||||||||||||||||
| La Semana Santa | |||||||||||||||||||||||||||
| La Corona de Adviento | |||||||||||||||||||||||||||
Domingo de RamosEs la gran obertura de la Pascua y nos señala su contenido: La muerte y resurrección de Jesucristo. Comienza la liturgia de este Domingo con la bendición de los ramos y la procesión. Ésta es una procesión en honor de Cristo Victorioso, de Cristo Rey que entra en Jerusalén aclamado al grito de Hosanna (“Señor, sálvanos”), que subraya el sentido mesiánico de su entrada triunfal. Dar el mayor realce a esta procesión y vivirla intensamente nos ayuda a profundizar en el misterio pascual. Por eso es importante nuestra participación plena en los cantos, la repetición de las antífonas, etc. en medio del esplendor de ramos y palmas, sintiendo en nuestro interior esta marcha sagrada como subida de peregrinos a la Ciudad Santa, como un acompañar jubilosos a Jesús que entra triunfalmente en Jerusalén. La celebración eucarística, que sigue a la procesión, contrasta con el tono jubiloso de esa primera parte de la liturgia al poner su acento en la Pasión de Cristo. Sin embargo ese mismo contraste ilumina el sentido profundo de los misterios que celebramos: Pasión y triunfo de Jesús son un único misterio, el Misterio Pascual que es la fuente de nuestra fe y de nuestra vida. La Pasión, que anuncia y engendra su victoria definitiva, es signo y fuente de esperanza para los hombres. |
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TRIDUO PASCUAL El Triduo Pascual constituye el centro del Año litúrgico y también de la vida de la Iglesia. Lo integran el Jueves y Viernes Santo y culmina en la Vigilia Pascual la noche del Sábado |
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Jueves SantoEn este día hay una sola celebración de la Eucaristía, al atardecer, en la que se conmemora la Cena del Señor. Toda la comunidad cristiana re reúne para revivir la Cena Pascual que celebró Jesús con sus discípulos el día anterior a entregarse a la muerte. Tres son las ideas que debemos tener presentes para comprender lo que celebramos: |
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1ª |
El punto central de liturgia de este día es el Misterio Eucarístico. Hoy, como en cada Eucaristía, que siempre realizamos en cumplimiento del mandato del Señor: “haced esto en memoria mía”, celebramos un sacrificio, el memorial de la entrega voluntaria de Jesús a la muerte por amor, en el que se realiza nuestra salvación, y un banquete, prenda de su amor y anticipo del que celebraremos en el Reino. |
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2ª |
En aquella noche en que Jesús celebra con sus discípulos la antigua cena pascual judía, fiesta de liberación, introduce unas palabras nunca oídas que la convierten en una realidad nueva: El Pan partido y la Copa de la bendición son símbolo y realidad del sacrificio liberador de Cristo y de su presencia viva y salvífica en medio de nosotros- |
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3ª |
Jesús está presente en su Cuerpo roto y en su Sangre derramada, proclamando que el Amor es el único mandamiento y edificando la Iglesia, nuestra Iglesia particular concreta, como comunidad fraternal cuya misión es servir al mundo, nuestro mundo de cada día, llevándole con nuestra forma de vivir, la Buena Nueva que es Cristo vivo. |
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Viernes SantoSegún una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra los sacramentos ni en este día ni en el siguiente. El Viernes Santo está centrado en la celebración de la gloriosa pasión de Cristo, en la cual la cruz es símbolo de salvación. Aunque el silencio y la austeridad dominan la liturgia, no celebramos un misterio de muerte, sino un misterio pascual, de paso a la Vida. A lo largo de toda la celebración, que nos presenta la muerte del Justo que se entrega por amor y es exaltado por Dios hasta la gloria, brilla más la gloria de la Cruz que la humillación de la pasión. Si queremos vivir profundamente estos misterios hemos de sentirnos inmersos en ellos. Esto nos exige, en primer lugar, dejar a un lado nuestras preocupaciones y afanes y, después, abrir nuestro corazón limpio de viejas ideas preconcebidas. Así comprenderemos el auténtico sentido de lo que celebramos: |
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1º |
El inmenso amor de Dios puesto de manifiesto en la entrega total del Hijo. |
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2º |
El gran valor del hombre y la gravedad del pecado, causas de esa entrega de amor. |
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3º |
La importancia del camino de la Cruz como seguimiento de nuestro Maestro y paso obligado para la Luz y la Vida. |
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Porque ese inmenso amor de Dios se manifiesta en el misterio del dolor y de la muerte de Cristo, la Iglesia se postra y guarda silencio. Así, cuando después del mediodía comienza la acción litúrgica de la Pasión del Señor, el altar debe estar desnudo por completo, sin cruz, sin candelabros, sin manteles. El celebrante y los ministros sagrados, revestidos de color rojo, se acercan al altar y, hecha la debida reverencia, se tienden rostro en tierra o se arrodillan y toda la asamblea con ellos oran en silencio. La liturgia del Viernes Santo consta de tres partes:
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Liturgia de la Palabra Las lecturas bíblicas nos presenta a Jesús como el Siervo doliente que entrega su vida por la expiación de los pecados de los demás, como el gran Sacerdote que se ofrece a sí mismo como víctima y por su sacrificio se convierte en autor de salvación eterna. Y como Cordero de la Alianza Nueva, signo y causa de salvación para todos los hombres. Gran importancia tiene en este día la Oración Universal. Cristo en la Cruz se muestra como el gran intercesor que hace su expiación por nosotros. Por eso la Iglesia presenta al Padre por medio de él, sus peticiones hoy con mayor amplitud que otros días. Adoración de la Cruz Toda la celebración de hoy está centrada en torno a la Cruz. Lo que era un signo de maldición, con Cristo se convierte en árbol de Vida. Concluida la Liturgia de la Palabra, el presidente de la Asamblea muestra la cruz y por tres veces, con intensidad creciente, invita a aclamarla. Con la adoración de la cruz celebramos ya el triunfo de Cristo, fuente de nuestra Salvación. No adoramos la cruz en sí misma sino a Aquél que se sacrificó y triunfó en ella. Comunión El Sacrificio Eucarístico y el Sacrificio de la Cruz son un sólo y mismo sacrificio, por eso terminamos la acción litúrgica participando del banquete del Cordero sacrificado con el pan consagrado ayer. |
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Vigilia PascualEl Sábado Santo es un día alitúrgico; está cuajado de ese silencio precursor de los grandes acontecimientos. La sepultura de Jesús nos habla de su muerte verdadera, no aparente. Ha bajado hasta los terrenos de la muerte, para predicarle el Evangelio de la vida y vencerla con el poder de Dios. Esta noche, según antiquísima tradición, es noche de vela ante el Señor; las lámparas han de estar encendidas en las manos de los fieles, para que se asemejen a los hombres que esperan que retorne el Señor y así, cuando venga, los encuentre vigilantes y los haga sentar a su mesa. La Vigilia, que los cristianos celebramos en la Pascua, está cargada de símbolos: Entre la noche y la aurora, las tinieblas y la luz, celebramos el paso del caos al orden de la creación, de la esclavitud a la libertad, del desierto a la posesión de la tierra, de la muerte a la resurrección, del pecado a la gracia, del hombre viejo al hombre nuevo, de la creación malograda a la nueva creación. Esta noche ha nacido para la contemplación de todo el panorama salvador de Dios. En ella, con más plenitud que nunca, nos enraizamos en Dios, fuente de la vida; a lo largo de ella reencontramos la alegría perdida en la fe, la esperanza y el amor renovados. Noche de bautizados, de reconciliados, de regenerados, de santos. En ella resuena el eco, aún vivo, del anuncio de la resurrección del Señor. De boca en boca corre este rumor, que se prueba eficazmente por el testimonio del Espíritu en los corazones renovados. Cristo ha resucitado y se ha aparecido. Es verdad. Nosotros somos testigos de ello. Gozo y gratitud a Dios llenarán en esta noche nuestro corazón y nuestra celebración resplandecerá de alegría, porque ésta es la noche santa de la humanidad resucitada, de la creación iluminada y renovada. La Vigilia de esta noche consta de cuatro partes: |
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Rito de la Luz o lucernario |
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En actitud de marcha en torno al fuego nuevo, aclamamos a Cristo, Luz del mundo, y tomamos de su luz para ser también nosotros luz. |
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Bendición del fuego |
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Nos reunimos fuera del templo, como quienes se disponen a una larga marcha, en torno al fuego nuevo. De su llama encendemos el Cirio pascual que representa a Cristo, la Luz que ha de iluminar nuestro camino. Con el Cirio encendido, aclamando a Cristo como Luz, nos disponemos a dirigirnos al interior del Templo. |
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Procesión y aclamación de Cristo como luz |
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Cuando el Cirio ha entrado en la Iglesia, tomando de su llama se encienden las velas de cada uno. Nuestras pequeñas luces contribuirán a disipar la oscuridad del templo que tiene todas las luces apagadas. De la misma forma, nuestras vidas han de iluminar el mundo con la Luz de Cristo. |
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Pregón Pascual |
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Porque con la Resurrección de Cristo ha comenzado un día nuevo, un tiempo nuevo, iniciamos la celebración proclamando el Pregón Pascual en el que cantamos con júbilo nuestra gratitud a Dios y nuestro asombro por su grandeza y amor. |
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Liturgia de la Palabra |
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La Santa Iglesia medita «los hechos maravillosos» que desde el comienzo hizo el Señor con su pueblo, que confiaba en su Palabra y en su promesa. |
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Lecturas del Antiguo Testamento seguidas del canto de un Salmo y de una Oración, para hacer la cual la Asamblea se pone de pie. |
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En esta noche la proclamación de la Palabra, es extensa y solemne. Las lecturas bíblicas nos van a relatar la Historia de la Salvación a través de sus principales acontecimientos para mostrarnos el plan salvador de Dios que quiere sacarnos de la esclavitud del pecado. Aunque se pueden hacer más lecturas, tres son obligatorias. Se proclamarán los relatos de la creación, del éxodo liberador y de la Alianza de Yahveh con su pueblo, para subrayar el hecho de la nueva creación, de la verdadera liberación y de la nueva alianza que Dios realiza en Cristo para toda la humanidad. Todos estos relatos, además, nos hacen descubrir que nuestra propia vida no es una simple sucesión de hechos sino una historia de salvación. Cuando termina la proclamación de la Palabra, se encienden las luces y cirios del altar. |
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Gloria |
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Con el templo iluminado en todo su esplendor y las campanas proclamando la gloria del creador, la Asamblea alaba jubilosa a Dios en Jesucristo, plenitud de la revelación y del amor divinos. |
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Oración |
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La oración colecta pide al Padre que por la fuerza del Hijo acreciente en nosotros los dones del espíritu recibidos en El bautismo. |
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Epístola |
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El fragmento de la carta a los Romanos pone en relación la victoria de Cristo, con quienes hemos sido identificados con Él por el Bautismo, y con nuestra propia victoria sobre la muerte. |
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ALELUYA |
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Este aleluya Jubiloso inaugura el tiempo de gozo de la Pascua, en que continuamente repetiremos con fuerza nuestra alabanza a Dios. |
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Salmo |
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Con el salmo cantamos llenos de alegría y agradecidos a Dios que obra maravillas por su poder y su amor. |
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Evangelio |
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Termina la liturgia de la Palabra con el grito lleno de vida y esperanza del Evangelio: "Ha resucitado". |
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Liturgia Bautismal |
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Junto con los nuevos miembros que han renacido en el bautismo, toda la asamblea renueva su compromiso bautismal y celebra su condición de renacidos en Cristo, el Hombre Nuevo. En la noche de la Pascua se bautizaban los catecúmenos que habían venido preparándose para ello. También hoy se procura que en esta noche se administre este sacramento. Cuando no hay bautismos el esquema es el siguiente: |
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Bendición del agua |
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Que ha de ser utilizada en la fuente bautismal y con la que hoy se asperge a la Asamblea. |
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Renovación promesas del Bautismo |
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En esta noche, el Bautismo, que cada uno de nosotros recibimos un día más o menos lejano, se actualiza, se hace realidad viva y presente; por eso de pie, con nuestras luces encendidas, renovamos las promesas bautismales y hacemos profesión de nuestra fe, comprometiéndonos de nuevo con Cristo. En esta noche tenemos que comprender que nuestro Bautismo no es un acontecimiento del pasado, sino un camino a través de la vida y una actitud constante de fidelidad a Cristo. |
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Aspersión |
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Como signo de esa renovación y recuerdo del agua con el que fuimos lavados. |
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Oración de los Fieles |
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La Salvación de Cristo es universal y para que a todos llegue y en el mundo se haga realidad, rogamos a Dios. |
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Liturgia Eucarística |
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Como ya hacían las primitivas comunidades, cuando la Vigilia Pascual comenzaba al caer la tarde y terminaba de madrugada, concluimos la celebración con la Eucaristía, en la que se actualiza el triunfo pascual de Cristo. La Iglesia, hecha presente en la comunidad cristiana reunida, es llamada a la mesa que el Señor ha preparado a su pueblo por su muerte y resurrección. Cristo ha resucitado y resucitado lo recibimos en la Eucaristía. |
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Domingo de ResurrecciónQue Cristo ha resucitado y vive es la gozosa experiencia que celebramos en cada Eucaristía y que ha animado a la Iglesia desde sus comienzos y sigue animándonos hoy a anunciar a Cristo al mundo. Que Cristo ha resucitado y vive es lo que, como los Discípulos ante el sepulcro vacío, hemos de ver y creer. Esta certeza de que Cristo vive exige sinceridad y verdad en nuestra vida. Sólo así seremos hombres nuevos, resucitados que, con la fuerza del Espíritu Santo, llevan a los hombres y mujeres de hoy, en el vivir de cada día, hecho de amor y servicio, de alegría y esperanza, el auténtico testimonio de que JESÚS VIVE. Este día se prolonga como uno solo durante su octava y sigue repitiendo su júbilo a lo largo de toda la Pascua hasta completar los cincuenta días, cuando conmemoramos la efusión del Espíritu sobre la Iglesia naciente. Con el triunfo de Cristo, único salvador, la Historia camina a su plenitud. No hay otro Señor en quien podamos ser salvados y su señorío se realiza por la presencia en el mundo del Espíritu que va configurando la humanidad al plan salvador de Dios. |
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Bibliografía: “Misal Romano Completo”. Preparado por Andrés Pardo. 5ª Edición BAC. “Orientaciones” (Tomo 2). Centro de Estudios Judeo Cristianos. J. Manuel Caparrós, editor. 1992. |
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