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Crónica Encuentro anual
Un año más,
aunque no pudo ser en la habitual fecha de Cristo Rey, tres miembros de la
Junta Directiva, Mª Soledad, Hortensia y Begoña, junto con el Consiliario de
Domus viajaron a Lleida para encontrarse con el grupo que se reúne en
nuestra ciudad. Con ellos compartimos una tarde de retiro, la Eucaristía, la
comida y un ratito de tertulia el Domingo. Además Dolors por la mañana los
acompañó a la Seu Viella para que disfrutaran de su belleza bajo la típica
niebla invernal de Lleida.
El sábado,
en el retiro, nuestra Presidenta, Mª Soledad Cosmen nos habló de la
urgencia de llevar a Cristo a los demás partiendo de una idea que el Papa
ofreció a los Jóvenes en la Jornada mundial de la Juventud celebrada en
Madrid en agosto de este año: “No os guardéis a Cristo. Que gracias a
vuestra fe, siga resonando su nombre”. Nos hizo caer en la cuenta
del don inmenso recibido de Dios en el Bautismo, la fe, la Gracia de Creer.
Don que no es para nuestro disfrute exclusivo sino que se convierte en
misión: hacer participes a los demás de este don precioso para nosotros.
En nuestra espiritualidad, -nos hizo reflexionar- tenemos una escena
que refleja muy bien este doble juego del “don” y de la “misión”, esa
urgencia de no guardarnos a Cristo: La Visitación de María. María consciente
del gran don de su maternidad divina, que a la vez es una misión, corre a
compartir el gozo del don con Isabel y a prepararse para el ejercicio de su
misión: dándose en la ayuda y aprendiendo en ese ayudar. En Domus Mariae
contamos con un instrumento eficaz para conservar y acrecentar ese don la
Palabra de Dios proclamada cada día en la Eucaristía. Esa Palabra que
tenemos que escuchar y leer desde nuestra circunstancia concreta, si
realmente queremos que se haga presente en nuestra vida el Señor, esa
Palabra que tenemos que llevar al altar para que se transforme en frutos de
vida. Pero, como decía Benedicto XVI a los jóvenes: “No se puede
encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto no os
guardéis a Cristo... El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita
ciertamente a Dios”. Nuestra manera de ejercer el apostolado como
seglares será mediante nuestro trabajo en medio del mundo. Con él tenemos
que cultivar y embellecer la obra de la creación, desde un diálogo de amor
con el Creador, buscando perfeccionar y saturar de espíritu evangélico el
orden temporal, dando claro testimonio de Cristo de modo que, nuestro ser y
actuar, sirva para la salvación de nuestros hermanos los hombres. Luego nos
explicó como habremos de realizar esta misión evangelizadora en la familia,
el trabajo, las relaciones sociales y la vida pública, pero también en la
Reunión de Grupo. En las reuniones de Grupo también corremos el riesgo
de guardarnos a Cristo. Esto ocurre cuando no ponemos todo el empeño por no
faltar a la Reunión de Grupo y no digamos si por pereza no se acude, nos
estamos guardando a Cristo. También cuando hacemos de manera rutinaria o por
cumplir, la lectura de la Palabra de Dios. El Grupo necesita el testimonio
de la fe de cada una, si no el Grupo languidece. Terminó animándonos a vivir
con gratu¡itud el Don y realizar con fidelidad y generosidad la misión, con
esta bonita oración: “Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has
dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu
palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en
tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca
me abandone”. Sí, quiero vivir muy pegado a ti, quiero crecer en
intimidad contigo para, lleno de ti, desbordar tu Gracia en mis hermanos,
ser testigo convincente que ayude a otros a atravesar la Puerta de la Fe.
Después
D. Juan Bautista, Consiliario de Domus Mariae, poniendo como telón de
fondo el Adviento y lo que caracteriza este tiempo de esperanza y Mariano
por excelencia nos animó a fijarnos en Ella, que fue instrumento eficaz e
imprescindible para la Salvación. Por esta razón es un tiempo muy de Domus
Mariae. Como la vida de María tuvo un sentido, la misión para la que fue
elegida, también cuanto nosotros hacemos tiene sentido, es para una misión.
Esto lo tenemos que tener también claro cuando acudimos a la reunión de
grupo, pues cuando respondemos a la llamada del Señor damos fruto y ese
fruto es lo que va a interrogar a los que nos rodean.
El Adviento
es asimismo tiempo de conversión: Para que la vida de Dios pueda nacer en mi
necesito esa conversión que me ha de llevar a hacer no solamente los normal
sino lo mejor, respondiendo al deseo que el Señor pone en nuestro corazón de
una mayor perfección e intimidad con Él. Jesús cuenta con hombres y mujeres
imperfectos y pecadores pero con ese deseo de perfección.
Vivir estas
cosas en comunidad nos ayuda y esa es la razón de nuestra reunión de grupo.
El testimonio de los demás, las experiencias del otro, nos estimula y nos
hace ver lo que en nosotros no está tan bien y hemos de ir cambiando, lo que
aún nos falta para llegar al Señor, porque mi meta no soy yo, sino la
Santidad de Cristo.
Deseo y
esperanza son también palabras del Adviento. Nos tenemos que preguntar si
tenemos ese deseo de Dios, porque ese deseo es el que convierte nuestra
vida.
Después
Teresa, que hizo su ingreso oficial nos contó como había llegado a Domus
Mariae de la mano de Aurora y nos hizo partícipes de su ilusión.
Tras el
coloquio se completó la tarde con la Eucaristía y una agradable cena con los
que venían de Madrid y las que pudimos acompañarlos.
El Domingo,
la fiesta grande con la Eucaristía, en la que hizo su ingreso Teresa y en la
que contamos con la compañía de D. Joaquín Lax. En la Homilía, D. Juan
Bautista nos recordó cómo Domus Mariae somos una pequeña familia, dentro de
la gran familia de la Iglesia, donde tenemos que hacer palpable y visible
todo el amor de Dios, todo el mensaje de Cristo. Esto lo haremos –nos dijo–
escuchando la Palabra de Dios, porque Él es el único Maestro. Esa Palabra
que es fácil de comprender y cuando no la comprendemos es porque no somos
sencillos sino que pretendemos que el Señor se adapte a nosotros. La Palabra
de Dios –insistió– es lo que tiene que nutrir nuestra vida, esa Palabra de
Dios que leemos cada día y debemos meditar tiene que ser un pilar
fundamental de nuestra vida espiritual.
Después la
comida, a la que también nos acompaño D. Joaquín, en un ambiente de familia
que vive la alegría del encuentro. Concluyó la jornada con una tertulia en
el Corazón de María en la que participó casi todo el grupo y por medio de
sendas llamadas telefónicas de nuestra Presidenta se hicieron presentes
Rosita y Angelines que por razones de salud no habían podido acompañarnos.
Como
siempre, estas intensas horas de convivencia fraternal, de reflexión y de
celebración de la Eucaristía, supusieron un impulso y nueva ilusión para
nuestras Casas de Maria.
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