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El bien que tiene
quien se ejercita en la oración, hay muchos santos y buenos que lo han
escrito…
De lo que yo tengo
experiencia puedo decir, y es que por males que haga quien la ha
comenzado, no la deje; pues es el medio por donde puede tornarse a
remediar, y sin ella será muy más dificultoso. Y no le tiente el demonio
por la manera que a mí, a dejarla por humildad; crean que no pueden
faltar sus palabras; que en arrepintiéndonos de veras y determinándose a
no ofenderle, se torna a la amistad que estaba, y hacer las mercedes que
antes hacía y a las veces mucho más, si el arrepentimiento lo merece….
Y si persevera,
espero yo en la misericordia de Dios, que nadie le tomó por amigo que no
se lo pagase; que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino
tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien
sabemos nos ama.
Digo que no desmaye
nadie de los que han comenzado a tener oración con decir: si torno a ser
malo, es peor ir adelante con el ejercicio de ella. Yo lo creo, si se
deja la oración y no se enmienda el mal; mas si no la deja, crea que le
sacará a puerto de luz.
Y que bien acierta
el demonio, para su propósito, en cargar aquí la mano. Sabe el traidor
que el alma que tenga con perseverancia oración, la tiene perdida, y que
todas las caídas que la hace dar, le ayudan, por la bondad de Dios a dar
después mayor salto en lo que es su servicio: algo le va en ello.
…Y muy muchas veces
tenía más cuenta con desear se acabase la hora, que tenía por mí de
estar, y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas…Y
es cierto que era tan incomportable la fuerza que el demonio me hacía, o
mi ruin costumbre, que no fuese a la oración, y la tristeza que me daba
en entrando en el oratorio, que era menester ayudarme de todo mi ánimo…
para forzarme, y, en fin, me ayudaba el Señor. Y después que me había
hecho esta fuerza, me hallaba con más quietud y regalo que algunas veces
que tenía deseo de rezar.
Santa Teresa de Jesús
"Vida"
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ÍNDICE
Perseverar sin desanimarse
Encuentro con Dios
¿Qué pretendemos al Orar?
El Ejercicio de la Oración
La Mejor Oración
Qué es la Oración |
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"El se retiraba a lugares solitarios
y se daba a la oración."
(Lc 5,16) |
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ÍNDICE
Perseverar sin desanimarse
Encuentro con Dios
¿Qué pretendemos al Orar?
El Ejercicio de la Oración
La Mejor Oración
Qué es la Oración |
|
Pio XII decía: se ha llamado espiritualidad del desierto a esa forma de
espíritu contemplativo que busca a Dios en el silencio y en la negación
de sí mismo.
BÚSQUEDA DE DIOS
Todos
sus amigos le han buscado en el desierto, en la soledad...
Búsqueda consciente del Dios presentido o intuido. O del Dios a quien ya
se conoce y se ama. Búsqueda del Dios vivo del cual el alma tiene sed y
cuyo rostro desea ver.
Búsqueda de un Dios que llama y espera... un Dios que ama y perdona...
que establece alianza con su pueblo y no le abandona en la estacada de
sus propias rebeldías. Un Dios que vive en medio de su pueblo... Un Dios
que salva...
Dios
sigue hablando y sigue llamando. Pero es el hombre quien debe crear las
condiciones para oír su voz y quien tiene que marchar a su encuentro
para ver su rostro.
SILENCIO Y SOLEDAD
La
búsqueda de Dios sólo es fecunda en un ambiente de silencio y soledad.
No
basta, sin embargo, el silencio externo, el silencio de las cosas y de
los hombres. Hace falta otro silencio más profundo, el que hacemos en
nosotros mismos, el que nos despoja de las cosas que pueden llenar
nuestra soledad y de los ruidos que pueden poblar nuestro silencio.
En vano
intentaríamos encontrar a Dios en el silencio exterior si no se ha hecho
dentro, en el alma, ese otro silencio que permite escuchar el suave paso
de Dios (I R l9,22).
NEGACIÓN DE SÍ
MISMO
No
basta el silencio. Hay que negarse a uno mismo. Aunque es posible que
esta negación sea sólo una forma de ese silencio profundo de que antes
hablábamos; el más profundo, el que hace callar a nuestro propio yo (Mc
8,34).
Es la
radical renuncia al yo propio, a todas las tendencias que brotan de él,
para que se afirme Dios. Es la total donación de uno mismo.
RETORNO AL MUNDO
Estos
hombres que han visto a Dios, que hablaron con Él... deben volver a las
ciudades de donde salieron, a los hombres de entre los cuales fueron
llamados... porque tienen que revelarles la Palabra de Dios,
descubrirles a Dios mismo.
Esto es
lo que los demás aguardan....
Hombres
corrientes... hombres y mujeres que no tienen ninguna cosa
extraordinaria que decir... que se creen como los demás... que pasan en
silencio, casi inadvertidos... Pero hombres y mujeres que fueron al
encuentro de Dios, que vieron a Dios y escucharon su Palabra... que
traslucen en sus rostros que estuvieron hablando con Dios.
(Extraído de
ESPIRITUALIDAD DEL DESIERTO.
Vicente Serrano.
STVDIVM Ediciones. 1968)
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ÍNDICE
Perseverar sin desanimarse
Encuentro con Dios
¿Qué pretendemos al Orar?
El Ejercicio de la Oración
La Mejor Oración
Qué es la Oración |
|
En último término no pretendemos otra cosa que la unión amorosa de
nuestra voluntad con la de Dios, la entrega total de nuestro corazón, y
estar junto al Padre, rendirle vasallaje y colocarnos cerca de él...
Debemos santificarnos y aspirar a progresar espiritualmente para así
poder adorar y honrar más perfectamente a Dios, y para que el culto que
le consagramos sea menos indigno de él. |
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Orar es, más bien, uno de los actos sobrenaturales de la voluntad,
animados por el Espíritu Santo que vive y obra en nosotros: es en el
fondo un acto por el que nosotros que somos hijos de Dios, nos
dirigimos al Padre con obsequioso Amor para
entregarnos a él y estar junto a él en amor, y, amándole,
obedecerle y adorarle. El mismo amor que “se nos infunde
en los corazones por el Espíritu Santo” (Rom 8, 19) junto con la
Gracia Santificante, la gracia de la filiación divina, es lo que nos
mueve a los hijos hacia el Padre. Queremos expresarle nuestro
amor, nuestra entrega y veneración amorosa, nuestra
alabanza que el amor nos sugiere, nuestra gratitud,
admiración y alegría por su belleza, majestad y bondad, por
su maravilloso gobierno del mundo, tanto del de la naturaleza como del
de la gracia; queremos expresarle nuestra súplica filial, basada
en la confianza que su amor y su bondad nos producen, y condicionada
a los intereses y la voluntad del Padre que nos ama; queremos
decirle nuestra palabra de arrepentimiento, que brota de un amor
filial y de la conciencia de haber incurrido en culpa contra el Padre.
Orar, es en su más íntima esencia, un acto de amor, y la oración es
tanto más perfecta cuanto más se refleja en ella el amor, cuanto más se
eleva el que ora del amor imperfecto al perfecto. |
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Por HÁBITO DE ORACIÓN hay que entender más bien la prontitud interior
para la entrega amorosa a Dios, la sujeción filial a su santa voluntad y
a las disposiciones de su divina providencia en todas las circunstancias
de la vida. Es esa postura constante y esa decisión de la voluntad de
aceptar todas y cada una de las cosas que Dios quiere de nosotros y de
realizar con amor todo lo que nos sale al paso: ... “Si, Padre,
porque así te agrada” (Mt 2, 26), “santificado sea tu nombre,
hágase tu voluntad”...
Benito Baur: En
la Intimidad con Dios
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ÍNDICE
Perseverar sin desanimarse
Encuentro con Dios
¿Qué pretendemos al Orar?
El Ejercicio de la Oración
La Mejor Oración
Qué es la Oración |
|
POR ORACIÓN ENTENDEMOS AQUÍ UNA SECRETA E
INTERIOR HABLA CON QUE EL ÁNIMA SE COMUNICA CON DIOS, ahora sea
pensando, ahora pidiendo, ahora haciendo gracias, ahora contemplando, y
generalmente por todo aquello que en aquella secreta habla se pasa con
Dios. Porque aunque cada cosa de éstas tenga su particular razón, no es
mi intento tratar aquí sino… de cómo es cosa muy importante que el ánima
tenga con su Dios esta particular habla y comunicación.
Para prueba
de lo cual, si ciegos no estuviesen los hombres, bastaba decirles que
daba Dios licencia para que todos los que quisiesen pudiesen entrar a
hablarle una vez en el mes o en la semana, y que les daría audiencia de
muy buena gana, y remediaría sus males, y haría mercedes, y habría entre
él y ellos conversación amigable de Padre con hijos. Y si diese esta
licencia para que le pudiesen hablar cada día, y si la diese para que
muchas veces al día, y si también para que toda la noche y el día, o
todo lo que de este tiempo pudiesen y quisiesen estar en conversación
del Señor, el lo haría por bueno, ¿quién sería el hombre, si piedra no
fuese, que no agradeciese tan larga y provechosa licencia, y no
procurase usar de ella todo el tiempo que le fuese posible, como de cosa
muy conveniente para ganar honra, por estar hablando con su Señor; y
deleite, por gozar de su conversación; y provecho porque nunca irían de
su presencia vacíos?… Y PADRE NUESTRO ES, CON EL CUAL NOS HABRÍAMOS DE
HOLGAR CONVERSANDO, AUNQUE NINGÚN PROVECHO OTRO DE ELLO VINIERA.
…
Y débeos
bastar, que usaron este ejercicio todos los santos. Porque, como san
Crisóstomo dice, “¿quién de los santos no venció orando?”. Y el mismo
dice: “No hay cosa más poderosa que el hombre que ora”. Y BASTARNOS
DEBE, Y SOBRAR, QUE JESUCRISTO, SEÑOR DE TODOS, ORÓ en la noche de su
tribulación, aun hasta derramar gotas de sangre. Y oró en el monte
Tabor, para alcanzar el resplandor de su cuerpo. Oró primero que
resucitase a san Lázaro; y a veces oraba tan largo que se le pasaba toda
la noche en oración. Y, después de una tan larga oración como ésta, dice
san Lucas que eligió entre sus discípulos número de doce apóstoles. En
lo cual, dice san Ambrosio, nos dio a entender lo que debemos hacer
cuando quisiéremos comenzar algún negocio, pues que en aquel suyo
primero oró, y tan largo.
Y por esto
debiera decir san Dionisio que EN PRINCIPIO DE TODA OBRA HEMOS DE
COMENZAR POR LA ORACIÓN. San Pablo amonesta que entendamos con instancia
en la oración; y el Señor dice que conviene siempre orar, y no aflojar;
que quiere decir, que se haga esta obra con frecuencia, diligencia y
cuidado. Porque los que quieren valerse con tener cuidado de sí en hacer
obras agradables a Dios, y no curan de tener oración, con sola una mano
nada, con sola una mano pelean, y con solo un pie andan. Porque el
Señor, dos nos enseñó ser necesarios, cuando dijo: Velad y orad por que
no entréis en tentación.
…
Cosa cierta
es que de la conversación de un bueno se sigue amarle y concebir deseos
de virtud; y, si con Dios conversásemos, con mucha más razón podríamos
esperar de su conversación estos y otros provechos, a semejanza de
Moisés, que de la tal conversación salió lleno de resplandor.
Y NO POR
OTRA COSA ESTAMOS TAN FALTOS DE MISERICORDIA PARA CON LOS PRÓJIMOS, SINO
PORQUE NOS FALTA ESTA CONVERSACIÓN CON NUESTRO SEÑOR. Porque el hombre
que estuvo de noche postrado delante de Dios, pidiéndole perdón y
misericordia para sus pecados y necesidades, claro está que, si de día
encuentra con otro que le pida lo que él pidió a Dios, que conocerá las
palabras, y se acordará de con cuanto trabajo él las dijo a nuestro
Señor, y con cuanto deseo de ser oído, y hará con su prójimo lo que
quería que Dios hiciese con él.
…
Y quiéroos
avisar del yerro de algunos, que piensan que, porque dijo san Pablo:
Quiero que los varones oren todo lugar, no es menester orar despacio, ni
en lugar particular, sino que basta mezclar la oración entre las otras
obras que se hace. Bueno es orar en todo lugar, mas no nos hemos de
contentar con aquello, si hemos de imitar a Jesucristo nuestro Señor, y
a lo que sus santos han dicho y hecho en el negocio de la oración. Y aun
tened por cierto que NINGUNO SABRÁ PROVECHOSAMENTE ORAR EN TODO LUGAR,
SINO QUIEN PRIMERO HUBIERE APRENDIDO ESTE OFICIO EN LUGAR PARTICULAR Y
GASTADO EN ÉL ESPACIO DE TIEMPO.
SAN JUAN DE AVILA
Audi,
Filia (Cap. 70)
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ÍNDICE
Perseverar sin desanimarse
Encuentro con Dios
¿Qué pretendemos al Orar?
El Ejercicio de la Oración
La Mejor Oración
Qué es la Oración |
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[Nuestro
Señor] Me habéis pedido más de una vez como es necesario orar, hijos
mío, y Yo os lo he hecho ver… La oración es la conversación con Dios,
es la llamada de vuestro corazón a Dios. Es necesario, pues, que ella
sea una cosa absolutamente natural, absolutamente verdadera, la
expresión de lo más hondo de vuestro corazón… No son los labios los que
deben hablar, no es vuestra mente, es vuestra voluntad… Vuestra
voluntad, extendiéndose, manifestándose en toda su bondad, su desnudez,
sinceridad, sencillez, a su Padre y presentada por vosotros mismos
delante de Él, he aquí lo que es la oración; esto no pide frecuentemente
ni mucho tiempo ni muchas palabras y pensamientos; esto varía:
unas veces será un poco más larga, otras mas corta… Según los deseos de
vuestro corazón…; si ellos son sendillos, una palabra bastará para
expresarlos; si son más complicados, os serán necesarias algunas frases
para expresarlos… de todas formas, es el estado de vuestro corazón el
que expresáis…; el estado del corazón, con sus imperfecciones, sus
desordenadas ataduras, no es el estado de vuestro corazón rectificado
por vuestra voluntad, el estado del corazón, tal como queréis que sea,
suprimiendo todo lo que no admitís, lo que os repugna; la oración es,
pues, la petición de lo que queréis de lo que deseáis con la ayuda de la
gracia, de lo que queréis para Dios.
Orad así,
velad todo lo que Yo quiero, solo lo que quiero, como lo quiero y en la
medida en que lo quiero: «¡Padre mío, que se haga vuestra Voluntad!»
Esta es la oración que haréis eternamente en el Cielo...
Todo lo
que desea Dios, y, por consiguiente, todo lo que deseáis, lo que quiere
Dios y lo que queréis, encuentra comprendido en estas palabras: «Padre
mío, que se haga vuestra Voluntad...»
La
oración es la conversación del alma con Dios, es el estado del alma, que
mira a Dios sin una palabra, únicamente ocupada en contemplarla,
diciéndole que ella le ama, por sus miradas, todo y teniendo mudos los
labios y el pensamiento… La mejor oración es aquella en la que hay
más amor, Es tanto mejor cuanto más cargadas de amor están las
miradas del alma, cuanto más tiernamente y amorosamente se siente el
alma delante de Dios. La oración, en la acepción más amplia de la
palabra, puede ser o una contemplación muda o una contemplación
acompañada de palabras… Palabras de adoración, de amor, de ofrenda de sí
mismo, de donación de todo su ser; palabras de acción de gracias, de la
felicidad de Dios, de los favores hechos a uno mismo y a las otras
criaturas… Palabras de sentimiento, de reparación de los pecados propios
o de los demás… palabras de petición...
Hijos
míos: en la oración lo que Yo quiero de vosotros es el amor, el amor,
el amor.
Además
del tiempo que debéis consagrar cada día únicamente a la oración, debéis
durante el resto de vuestras jornadas elevar lo más frecuentemente que
os sea posible vuestra alma hacia mí;
según el género de vuestras ocupaciones, podéis, entregándoos a ellas, o
bien pensar constantemente en mí, como ocurre el algunos trabajos
puramente manuales, y en el caso de que no podáis levantar los ojos
hacia mí de cuando en cuando, que esto sea lo menos a menudo posible.
Sería bien dulce y justo poderme contemplar si cesar... No perderme de
vista nunca; pero esto no es posible en este mundo a los hombres
ordinarios; no lo podréis hacer más que en el Cielo. Lo que podéis y
debéis hacer es duran el tiempo que empleáis en otras ocupaciones que no
sea la oración levantar los ojos del alma hacia mí, tan a menudo y
amorosamente cono podáis, y aun trabajando, guardar mi pensamiento en
vuestra mente, cuanto os sea posible, según vuestro género de trabajo…
De esta manera oraréis sin cesar, continuamente, tanto como esto es
posible a vosotros, pobres mortales.
Orar
es sobre todo pensar en mí, amándome…
Cuanto más se me ama, más se ora. La oración es la atención amorosa del
ama fijada en mí: Cuanto la atención es más amorosa, mejor es la
oración.
Carlos de Foucauld
Escritos
Espirituales
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ÍNDICE
Perseverar sin desanimarse
Encuentro con Dios
¿Qué pretendemos al Orar?
El Ejercicio de la Oración
La Mejor Oración
Qué es la Oración
|
|
La oración
parece ser esencialmente una tensión del espíritu hacia el substratum
inmaterial del universo.
De una manera
general consiste en una queja, en un grito de angustia, en una llamada
de socorro, y, a veces, se convierte en una serena contemplación del
principio inmanente y trascendente de todas las cosas.
Podemos
igualmente definirla como una elevación del alma hasta Dios o como un
acto de amor y de adoración para con Aquél a quien se debe este prodigio
que se llama vida.
En realidad,
la oración representa el esfuerzo del hombre para comunicarse con un ser
invisible, creador de todo lo que existe, suprema sabiduría, fuerza y
belleza, padre y salvador de todos y de cada uno de nosotros.
Lejos de
consistir en una simple recitación de fórmulas, la verdadera oración
representa un estado místico en el cual la conciencia se absorbe en
Dios. Este estado no es de naturaleza intelectual y por eso se conserva
inaccesible e incomprensible a filósofos y sabios. De la misma manera
que el sentido de lo bello y del amor, no exige ningún conocimiento
libresco.
Las almas
sencillas sienten a Dios tan naturalmente como experimentan el calor del
sol el perfume de una flor. Mas este Dios tan abordable para aquél que
sabe amar, se oculta en cambio ante quien no sabe comprenderle.
El
pensamiento y la palabra se sienten impotentes cuando intentan
describirle. Por eso la oración encuentra su más alta expresión en un
arrobo de amor a través de la noche oscura de la inteligencia. |
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¿Cómo se debe
orar? Hemos aprendido la técnica de la oración con los místicos
cristianos desde San Pablo de Tarso hasta San Benito de Nursia, y hasta
esa multitud de apóstoles anónimos que durante veinte siglos, iniciaron
a los pueblos de Occidente en la vida religiosa.
El Dios de
Platón era inaccesible en su grandeza. El de Epicteto confundíase con el
alma de las cosas. Jehová era un déspota oriental que inspiraba temor y
no amor. El cristianismo, por el contrario, colocó a Dios al alcance del
hombre. Le dio un rostro, le hizo nuestro padre, nuestro hermano,
nuestro salvador. Para llegar hasta Dios no hay necesidad de un
ceremonial complicado ni de sacrificios cruentos. La oración se
convierte de este modo en un acto fácil y de prácticas sencillas.
Para orar
basta solamente el esfuerzo que intentamos hacer para elevarnos a Dios.
Tal esfuerzo debe ser afectivo y no intelectual.
Una
meditación sobre la grandeza de Dios, por ejemplo, no es una oración, a
no ser que sea al mismo tiempo una expresión de amor y de fe. Y así, la
oración, según el método de La Salle, parte de una consideración
intelectual que inmediatamente se convierte en afectiva.
Sea corta o
larga, vocal o sólo mental, debe ser siempre la súplica semejante a la
conversación que una criatura tiene con su pare. «Cada una se manifiesta
conforme es», decía en cierta ocasión una humilde Hermanita de la
Caridad que desde hacía treinta años consagraba su vida al servicio de
los pobres. En resumen: se reza, como se ama, con todo nuestro ser.
En cuanto a
la forma de la oración, ésta varía desde la breve elevación a Dios hasta
la contemplación, desde las simples palabras pronunciadas por la
campesina que se arrodilla ante Dios en la encrucijada de los caminos
hasta la magnificencia del canto gregoriano bajo las bóvedas de una
espléndida catedral. La solemnidad, la belleza y lo grandioso no son
necesarios para la eficacia de la oración.
Muy pocos
hombres han sabido orar como San Juan de la Cruz o como San Bernardo de
Claraval. Mas no es preciso emplear una gran elocuencia para ser
escuchado.
Cuando se
aprecia el valor de la oración por sus resultados, nuestras más humildes
palabras de súplica y alabanza parecen tan aceptables al Señor de todo
lo creado como las más bellas invocaciones.
Fórmulas
recitadas mecánicamente son también, en cierto modo, una oración. Sucede
lo mismo que con la llama de un cirio. Basta para ello que esas palabras
sin vida y esa llama material simbolicen el impulso de un ser humano
hacia Dios.
También se
puede orar por medio de la acción. San Luís Gonzaga afirmaba que el
cumplimiento del deber es equivalente a una plegaria. La mejor manea de
comunicarse con Dios es, sin duda alguna, cumplir íntegramente su
voluntad: Padre nuestro, venga a nos el tu reino, hágase tu voluntad así
en la tierra como en el cielo ... »
Ahora bien,
hacerla voluntad de Dios consiste, evidentemente, en obedecer las leyes
de la vida tal como se encuentran grabadas en nuestros tejidos, en
nuestra sangre y en nuestro espíritu.
Las oraciones
que se elevan como una espesa nube desde la superficie de la tierra,
difieren tanto unas de otras como la personalidad de los seres que
rezan. Pero consiste en variaciones sobre dos mismos temas: la amargura
y el amor.
Es
completamente justo implorar el auxilio de Dios para obtener aquello que
necesitamos. No obstante, sería absurdo pedir la realización de un
capricho o aquello que depende de nuestro propio esfuerzo. La petición
constante, obstinada y tenaz obtiene un feliz resultado. Un ciego
sentado a la vera de un camino lanzaba sus súplicas en voz cada vez más
alta, a pesar de que las personas que le escuchaban le ordenaban callar.
«Tu fe te ha curado», le dijo Jesús al pasar.
En su forma
más elevada la oración deja de ser una súplica. El hombre manifiesta al
Señor de todo lo existente que le ama, que le agradece sus bondades, y
que está dispuesto a cumplir su voluntad sea cual fuere. El rezo se
convierte de esta manera en contemplación. Un viejo campesino se hallaba
sentado solo en el último banco de una iglesia vacía. «¿Qué esperáis?»
-le preguntaron- «Yo le miro -respondió el interpelado- y El me mira».
El valor de
una técnica se mide por sus resultados. Toda técnica de oración es buena
cuando pone al hombre en contacto con Dios.
¿Dónde y
cuándo se debe orar? Se puede orar en todas partes: en la calle, en
automóvil, en tren, en la oficina, en la escuela, en la fábrica. Pero
donde mejor se puede hallar a Dios es en contacto con la Naturaleza: en
el campo, en las montañas, en los bosques o en la soledad de la
habitación.
Existen
también las oraciones litúrgicas que se practican en la iglesia. Mas sea
cual fuere el lugar de la oración, Dios no habla al hombres hasta que
éste no ha logrado establecer la calma en sí mismo.
La paz
interior depende al mismo tiempo de nuestro estado orgánico y mental y
del medio en que nos desenvolvemos habitualmente. La paz del cuerpo y
del espíritu es difícil de conseguir en medio del bullicio, de la
confusión y disipación de las ciudades modernas.
Hoy en día
existe una gran necesidad de lugares destinados a la oración, y éstos
son preferentemente las iglesias, donde los habitantes de las ciudades
puedan encontrar, aunque sea durante un breve momento, las condiciones
físicas y psicológicas indispensables para lograr la paz interna.
No sería
difícil ni costoso crear unas islas de calma acogedoras y bellas en
medio del tumulto de las grandes capitales. En el silencio de estos
refugios podrían los hombres, elevando sus pensamientos a Dios, reposar
sus músculos y sus órganos, distender el espíritu, aclarar el raciocinio
y recibir la fuerza suficiente para soportar la dura vida con que los
abruma nuestra civilización.
Sólo
acostumbrándose a ello, la oración influye sobre el carácter. Es por lo
tanto necesario rezar con frecuencia. «Piensa en Dios más veces que las
que respiras» decía Epicteto. No obstante sería absurdo que orásemos por
la mañana y el resto del día nos portásemos como salvajes.
Pensamientos
brevísimos o invocaciones mentales pueden ayudar al hombre a mantenerse
en la presencia de Dios, ya que toda nuestra manera de proceder estaría
entonces inspirada por la oración.
Así entendida
la súplica se convierte en una norma de vida.
Dr. Alexis
Carrel |
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