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La Semana Santa

LIBRO DEL ÉXODO

Capítulo 12

La institución de la Pascua

12 1Luego el Señor dijo a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto: 2Este mes será para vosotros el mes inicial, el primero de los meses del año. 3Decid a toda la comunidad de Israel: El diez de este mes, consígase cada uno un animal del ganado menor, uno para cada familia. 4Si la familia es demasiado reducida para consumir un animal entero, se unirá con la del vecino que viva más cerca de su casa. En la elección del animal tendéis en cuenta, además del número de comensales, lo que cada uno come habitualmente. 5Elegiréis un animal sin defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito. 6Lo guardaréis hasta el catorce de este mes, y a la hora del crepúsculo, lo inmolará toda la asamblea de la comunidad de Israel. 7Después tomaréis un poco de su sangre, y marcaréis con ella los dos postes y el dintel de la puerta de las casas donde lo comáis. 8Y esa misma noche comeréis la carne asada al fuego, con panes sin levadura y verduras amargas. 9No la comeréis cruda ni hervida, sino asada al fuego; comeréis también la cabeza, las patas y las entrañas. 10No dejaréis nada para la mañana siguiente, y lo que sobre, lo quemaréis al amanecer. 11 Deberéis comerlo así: ceñidos con un cinturón, calzados con sandalias y con el bastón en la mano. Y lo comeréis rápidamente porque es la Pascua, el Paso del Señor.

         

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EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO

Capítulo 21

La entrada mesiánica en Jerusalén

(Mc 11,1-10 / Lc 19, 28-38 / Jn 12,12-15)

21 1Cuando se acercaron a Jerusalén y llegaron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió a dos discípulos, 2diciéndoles: "Id al pueblo que está enfrente, e inmediatamente encontraréis una borrica atada, junto con su pollino. Desatadla y traedlos. 3Y si alguien os dice algo, le responderéis: "El Señor los necesita y los va a devolver en seguida". 4Esto sucedió para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta:

5Decid a la hija de Sión: Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un pollino de borrica.

6Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado; 7trajeron el asna y su cría, pusieron sus mantos sobre ellos y Jesús se montó. 8Entonces la mayor parte de la gente comenzó a extender sus mantos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas. 9La multitud que iba delante de Jesús y la que lo seguía gritaba: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!".

10Cuando entró en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y preguntaban: "¿Quién es este?".11Y la gente respondía: "Es Jesús, el profeta de Nazaret en Galilea".

 

       
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Capítulo 28

El anuncio de la resurrección

(Mc 16,1-8 / Lc 24,1-10 / Jn 20,1-2)

28 1Pasado el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar el sepulcro. 2De pronto, se produjo un gran terremoto: el Ángel del Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella. 3Su aspecto era como el de un relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. 4Al verlo, los guardias temblaron de espanto y quedaron como muertos. 5El Ángel dijo a las mujeres: No temáis vosotras, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado. 6No está aquí, ha resucitado como lo había dicho. Venida y ved el sitio donde fue puesto. 7Id en seguida a decir a sus discípulos: "Ha resucitado de entre los muertos, y os precederá a Galilea: allí lo veréis". Esto es lo que tenía que deciros.

8 Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y corrieron a dar la noticia a los discípulos. 9De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alegraos". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. 10Y Jesús les dijo: "No temáis; id y decid a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".

 

         

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EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS

Capítulo 11

La entrada mesiánica en Jerusalén

11 1Cuando se aproximaban a Jerusalén, estando ya al pie del monte de los Olivos, cerca de Betfagé y de Betania, Jesús envió a dos de sus discípulos, 2diciéndoles: "Id al pueblo que está enfrente y, al entrar, encontrarán un asno atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo; 3y si alguien os pregunta: "¿Qué estáis haciendo?", respondéis: "El Señor lo necesita y lo va a devolver en seguida".

4Ellos fueron y encontraron un asno atado cerca de una puerta, en la calle, y lo desataron. 5Algunos de los que estaban allí les preguntaron: "¿Qué hacéis? ¿Por qué desatáis ese asno?". 6Ellos respondieron como Jesús les había dicho y nadie los molestó. 7Entonces le llevaron el asno, pusieron sus mantos sobre él y Jesús se montó. 8Muchos extendían sus mantos sobre el camino; otros, lo cubrían con ramas que cortaban en el campo.9Los que iban delante y los que seguían a Jesús, gritaban: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 10¡Bendito sea el Reino que ya viene, el Reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!".

 

       
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Capítulo 14

Los preparativos para la comida pascual

(Mt 26,17-19 / Lc 22,7-13)

12 El primer día de la fiesta de los panes Ácimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?". 13 Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Id a la ciudad; allí encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua. Seguidlo, 14 y decidle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: "¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?". 15Él os mostrará en el piso alto una sala grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; preparadnos allí lo necesario". 16Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua

       
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La oración de Jesús en Getsemaní

(Mt 26, 36-46 / Lc 22, 40-46 / Jn 18. 1)

32Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos. "Quedaos aquí, mientras yo voy a orar". 33Después llevó con él a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir temor y angustia. 34Entonces les dijo: "Mi alma siente una tristeza de muerte. Quedaos aquí velando". 35Y adelantándose un poco, se postró en tierra y rogaba que, a ser posible, no tuviera que pasar por esa hora. 36Y decía: "Abba –Padre– todo te es posible: aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". 37Después volvió y encontró a sus discípulos dormidos. Y Jesús dijo a Pedro: "Simón, ¿duermes? ¿No has podido quedarte despierto ni siquiera una hora? 38 Permaneced despiertos y orad para no caer en la tentación, porque el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil". 39Luego se alejó nuevamente y oró, repitiendo las mismas palabras. 40Al regresar, los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño, y no sabían qué responderle. 4 Volvió por tercera vez y les dijo: "Ahora podéis dormir y descansar. Basta. Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42¡Levantaos! ¡Vamos! Ya se acerca el que me va a entregar".

         

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EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Capítulo 19

La entrada mesiánica en Jerusalén

29Y sucedió que, al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, 30diciendo: "Id al pueblo que está enfrente y, entrando en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre; desatadlo y traedlo. 31Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", diréis esto: "Porque el Señor lo necesita." 32Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. 33Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: "¿Por qué desatáis el pollino?" 34Ellos les contestaron: "Porque el Señor lo necesita." 35Y lo trajeron donde Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús. 36Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino. 37Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto. 38Decían: "Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas." 39 Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos." 40 Respondió: "Os digo que si éstos callan gritarán las piedras."

       

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Capitulo 22

La institución de la Eucaristía

14Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles; 15y les dijo: "Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; 16porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios". 17Y tomando una copa, dadas las gracias, dijo: "Tomad esto y repartidlo entre vosotros; 18porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios".

19Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en memoria mía". 20De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros".

         

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EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN

 

Capitulo 3

Entrevista con Nicodemo

3 1Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. 2Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: "Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él." 3Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios." 4Dícele Nicodemo: "¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?" 5Respondió Jesús: "En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. 6Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. 7No te asombres de que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto. 8El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu." 9Respondió Nicodemo: "¿Cómo puede ser eso?" 10Jesús le respondió: "Tú eres maestro en Israel y ¿no sabes estas cosas? 11"En verdad, en verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero vosotros no aceptáis nuestro testimonio. 12Si al deciros cosas de la tierra, no creéis, ¿cómo vais a creer si os digo cosas del cielo? 13Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. 14Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15para que todo el que crea tenga por él vida eterna. 16Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. 19Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. 21Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."

 

 

 

 

 

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Capítulo 6

El pan de vida

48Yo soy el pan de la vida. 49Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. 51Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo." 52Discutían entre sí los judíos y decían: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?" 53Jesús les dijo: "En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. 55Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. 58Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre."

59Esto lo dijo enseñando en la sinagoga, en Cafarnaúm.

 

 

 

 

 

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Capítulo 13

Jesús lava los pies a sus discípulos

13 1Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 2Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, 3sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, 4se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. 5Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. 6Llega a Simón Pedro; éste le dice: "Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?" 7 Jesús le respondió: "Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora: lo comprenderás más tarde." 8Le dice Pedro: "No me lavarás los pies jamás". Jesús le respondió: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo". 9Le dice Simón Pedro: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza". 10Jesús le dice: "El que se ha bañado, no necesita lavarse; está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos". 11Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: "No estáis limpios todos."

12Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: "¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? 13Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. 14Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. 15Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. 16En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. 17Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.

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El mandamiento nuevo

34Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros".

 

 

 

 

 

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Capítulo 19

Crucifixión y muerte de Jesús

16Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, 17y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, 18y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.

19Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre la cruz. Lo escrito era: "Jesús el Nazareno, el Rey de los judíos." 20Esta inscripción la leyeron muchos judíos, porque el lugar donde había sido crucificado Jesús estaba cerca de la ciudad; y estaba escrita en hebreo, latín y griego. 21Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas: El Rey de los judíos, sino: Este ha dicho: Yo soy Rey de los judíos". 22Pilato respondió: "Lo escrito, escrito está."

23 Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. 24Por eso se dijeron: "No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca". Para que se cumpliera la Escritura: Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica. Y esto es lo que hicieron los soldados.

25Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 26Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo." 27Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre". Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: "Tengo sed." 29Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. 30Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: "Todo está cumplido." E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

 

 

 

 

 

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Capítulo 20

El sepulcro vacío

20 1El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. 2Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: - «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. »

3Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. 4Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; 5e, inclinándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo 7y el sudario con que le hablan cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. 8Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. 9Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.