«Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir. Leyéndola, aprenderéis a conocer a Cristo».

 Benedicto XVI. Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud de 2006.

 
     
     
 

1.- ¿QUÉ ES LA BIBLIA?

 
 

“Biblia” es una palabra griega plural, que significa “libros” En la Edad Media se latinizó y se usó en singular. Desde entonces se llama así al conjunto de libros que judíos y cristianos admitimos como inspirados por Dios.

La Biblia es ante todo un libro religioso. A lo largo de los escritos del Antiguo Testamento, con diversos matices y tonos, nos habla de la manifestación que Yahveh hizo de sí mismo a su pueblo Israel. En el Nuevo Testamento esa manifestación es la del Dios único que por medio de Jesucristo, el Verbo Encarnado, manifiesta su amor y su salvación para todos los hombres sin distinción.

La Biblia nos es, por tanto, un libro de ciencia ni un libro que anuncia el futuro. No es un sistema de doctrina religiosa ni una teología. Tampoco es un libro de devoción o una historia piadosa. Es en su primera parte (Antiguo Testamento) una historia de hombres representados por un pueblo en la que Yahveh, su Dios, dirige los acontecimientos de esa historia poniendo de manifiesto su amor y predilección por el pueblo que se ha elegido y al que no abandona a pesar de sus infidelidades. Esa historia se hace Historia de Salvación universal y definitiva en el Nuevo Testamento con Jesucristo; se convierte en la Historia del inmenso amor de Dios al hombre que irrumpe en la Historia de los hombres haciéndose uno de ellos porque tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. (Jn 3,16)

 

     
 

2.- LA BIBLIA PUNTO DE ENCUENTRO

 
 

Toda la Biblia gira en torno al encuentro del hombre con Dios y de Dios con el hombre.

El Antiguo Testamento contiene la experiencia de un pueblo que, en su búsqueda de Dios y de respuestas a los interrogantes que todo hombre y todo pueblo se plantea y se ha planteado siempre, encuentra un Dios que le responde a través de los acontecimientos de su historia, que suscita hombres extraordinarios que actúan y dirigen al pueblo por los caminos que ese Dios quiere, o que hablan en su nombre movidos por la conciencia de que él mismo los envía, unas veces para denunciar los pecados del pueblo y mover a la conversión, otras para animar y revitalizar la esperanza caída por los acontecimientos adversos de la Historia.

En esa búsqueda, el pueblo de Israel, protagonista del Antiguo Testamento, va evolucionando en su concepto de Dios. Yahveh, su Dios, pasa de ser el Dios de un clan a ser el Dios de un pueblo, de ser un Dios vinculado a una tierra, la tierra de las antiguas promesas donde por fin se asientan tras el Éxodo, a ser un Dios que marcha con ellos al exilio. Un Dios que va al encuentro del hombre, que lo busca y lo salva continuamente. Poco a poco van apareciendo hombres que tienen una idea más amplia de Dios hasta llegar al concepto del Dios único.

Ese encuentro del hombre con Dios llega a su máxima expresión en el Nuevo Testamento. No es consecuencia de la búsqueda ni del esfuerzo del hombre sino del Amor de Dios que en Jesucristo, el Hijo de Dios, viene al mundo para traer la salvación definitiva y universal a los hombres. Ese es el mensaje del Nuevo Testamento. En Jesucristo, Dios se ha manifestado como el Dios Amor y todo hombre puede por medio de Él conocer a Dios y llegar al encuentro con Dios.

 

 
 

3.- CÓMO SE ESCRIBIÓ LA BIBLIA

 
 

El Catecismo de la Iglesia Católica (n.110) señala que para comprender la Biblia debemos tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo, como ya pedía el Concilio Vaticano II (DV 12,2).

 
 
 

3.1.- Antiguo Testamento

 
 

Los libros que componen el Antiguo Testamento nacen en un periodo de tiempo determinado, en un ambiente geográfico y cultural concreto, en el seno de un pueblo con características peculiares, pero inserto en ese ambiente y tiempo. Por tanto influido por las culturas más antiguas de los otros pueblos de su área geográfica: el Oriente Medio, con los que tiene vínculos de raza e incluso tradiciones comunes.

En los libros bíblicos también encontramos diferentes géneros literarios que hay que tener en cuenta para su comprensión.

La mayor parte de los libros del Antiguo Testamento están escritos en hebreo, algunos fragmentos de los libros postexílicos están escritos en arameo y los que se redactaron en la diáspora alejandrina (Sabiduría, Eclesiástico y 2 Macabeos), en griego.

Aunque muchos libros del Antiguo Testamento recogen tradiciones muy antiguas, la redacción definitiva de unos o la composición por primera vez de otros se realiza a partir del siglo V aC. Hay algunos libros que se fechan en el siglo I aC.

 
 

COMPOSICIÓN DE LOS LIBROS

 
 

Pentateuco

 
 

Los cinco primeros libros de la Biblia recogen tradiciones antiguas que dieron lugar a relatos paralelos.

En primer lugar, como corresponde a un pueblo en su origen seminómada, existe una tradición oral que se transmite tanto en el seno de la familia o tribu como en los santuarios.

Existen también relatos escritos dispersos de diversas tradiciones:

YAHVISTA (Los estudiosos la designan con la letra J). Es la más antigua y nace en el sur en el siglo X aC. Se llama así porque designa a Dios con el nombre de Yahaveh.

ELOHISTA (E). Nace en el norte en se siglo IX aC. Da a Dios el nombre de Elhohim.

Estas dos tradiciones se unieron en el Reino de Sur tras la desaparición de las tribus del Reino del Norte destruido por los Asirios. (721 aC.)

DEUTERONOMISTA (D). Es la reflexión de un grupo religioso reformista, autor del Deuteronomio y promotor de la reforma del rey Josías en el siglo VII aC.

SACERDOTAL (P). Compuesta por las reflexiones de las escuelas sacerdotales en Babilonia que redactaron definitivamente la Torá en los siglos VI y V aC.

En estos primeros cinco libros, que constituyen la Torá o Ley de los judíos, encontramos con frecuencia relatos duplicados y yuxtapuestos, fragmentos que proyectan a tiempos más antiguos situaciones o normas que están viviéndose en el tiempo que se escriben y reflexiones que reinterpretan las antiguas tradiciones. Todo ello da lugar a la redacción última que ha llegado hasta nosotros.

 
 

Libros históricos

 
 

Al leer los libros que se agrupan bajo este nombre hay que tener en cuenta que no son Historia en el sentido moderno de la palabra sino el relato de unos hechos vistos desde una perspectiva y con una finalidad religiosa.

Estos libros se formaron a partir de tradiciones orales referidas al tiempo del asentamiento de las tribus en Canaán, así como de la celebración de las gestas en los santuarios y después, a partir del tiempo de David, cuando se organiza el estado y también el culto, de las crónicas reales.

Tienen también influjo de las corrientes reformistas: los deuteronomistas, los profetas y la escuela sacerdotal.

Por último se hace la redacción definitiva.

 
 

Profetas

 
 

Aunque en algunos casos, como Jeremías, fueron escritos por ellos mismos, los libros proféticos se compusieron a partir de los oráculos pronunciados de viva voz por los profetas, que luego eran recogidos y transmitidos de unos a otros por los oyentes o por discípulos del profeta. Posterior mente se hizo una redacción parcial y por último la definitiva, añadiéndose algunas notas biográficas. El periodo de composición de estos libros abarca desde el siglo VIII al V aC.

 
 

Otros Libros

 
 

Un proceso similar al anterior puede suponerse para otros libros, como los Salmos, Proverbios, las leyes rituales, etc. Aunque algunos más tardíos fueron redactados directamente.

 
 

LOS AUTORES

 
 

Por lo anteriormente expuesto vemos que no suelen ser autores de los libros los personajes a quienes tradicionalmente se atribuyen (el Pentateuco a Moisés, los Salmos a David, Proverbios o Sabiduría a Salomón, etc.). Esta atribución de escritos a personajes importantes en la cultura de que proceden es práctica común en todo el Oriente Medio Antiguo.

En otros casos (por ejemplo Isaías) sólo pertenece al autor histórico una parte del libro (Primer Isaías: Is 1-39), al que luego se le añadieron otros escritos con el mismo espíritu pero de fecha posterior y de otro autor o autores (Segundo Isaías: Is 40-55, y Tercer Isaías: Is 56-66).

También hay libros cuya autoría se debe a una colectividad. Así se habla del Cronista para Esdras, Nehemías y los dos de las Crónicas, o del Deuteronomista para Josué, y los de los Jueces, los Reyes y el mismo Deuteronomio.

 
 

GÉNEROS LITERARIOS

 
 

Se habla también respecto de los libros de la Biblia de géneros literarios, aunque muchas veces no resulta fácil decidir el genero literario de un determinado libro y en muchos casos hay partes de uno u otro género en un mismo libro.

En la Biblia encontramos historia, aunque no con el mismo sentido que entendemos hoy lo que es un libro de Historia, relatos épicos, poesía, profecía, leyes, proverbios, apocalipsis, etc.

Desde el sustrato más antiguo de la tradición oral hasta la redacción definitiva de los libros, sus transmisores y sus autores reflejaron su cultura y sus ideas religiosas y filosóficas, la forma de ser de su clan o del pueblo a que pertenecían, así como las ideas y concepciones generales al área geográfica a la que pertenecían, el Oriente Medio Antiguo, que contaba con culturas milenarias cuando Israel se incorporó como pueblo a la Historia.

 
     
 

3.2.- Nuevo Testamento

 
 

EVANGELIOS

 

 

Para conocer cómo se escribieron los Evangelios es sumamente clarificador el prólogo de Lucas a su evangelio (Lc 1,1-4).

Nos aporta datos esenciales:

 
 

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Que muchos han tratado componer un relato de los acontecimientos.

 
 

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siguiendo lo que han transmitido quienes desde el principio fueron testigos oculares de los mismos;

 
 

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que él también ha querido hacer su relato,

 
 

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que para ello se ha informado detalladamente.

 
 

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El fin con el que se ha decidido a escribir es que se compruebe la solidez de las enseñanzas que los lectores han recibido en la catequesis.

 
 

Como se ve, el autor del tercer evangelio pertenece a la segunda o tercera generación cristiana (lo mismo cabe decir de los restantes evangelistas). Subraya que para escribirlo se informó detalladamente, así como la finalidad catequética de su relato. Esta finalidad se expresa también en el cuarto Evangelio: “Muchos otros signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están escritos en este libro. Estos fueron escritos para que creáis que Jesús es el Mesías y creyendo tengáis vida en su nombre” (Jn 20,30-31)

 
 

En la composición de los Evangelios se distinguen tres fases:

 
 
  1. La vida y enseñanza de Jesús. Jesús habla ante la gente y ante sus discípulos, realizó signos, pero no escribió nada (fuera de lo que recoge el cuarto evangelio [Jn 8,8] cuando escribió en las losas del pavimento del Templo en el caso de la adúltera). Sus discípulos fueron testigos de estos hechos y palabras.
  2. La Iglesia Primitiva. Tras la desaparición de Jesús, los testigos anuncian el hecho pascual (muerte resurrección y glorificación del Señor). De ese anuncio surge un grupo de creyentes en el cual la tradición oral mantenía y actualizaba el recuerdo de Jesús a través del culto y la catequesis, de himnos y oraciones, etc. Y surgen redacciones parciales de sus dichos, hechos, parábolas...
  3. La redacción definitiva. Las comunidades crecen y los testigos van desapareciendo. Para responder a las necesidades de la predicación en estas circunstancias nacen los Evangelios como libro de fe para los creyentes y como expresión de la voluntad de Cristo. No son por ello reportajes ni crónicas sino una iniciación a su vida hecha desde la reflexión y la vivencia de la fe de las comunidades.
 
 

HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 
 

Este libro es obra del mismo autor que el tercer evangelio, es decir, el atribuido a Lucas. Su finalidad es dar a conocer a una Iglesia ya más organizada sus orígenes, exponiendo cómo se transmitió el mensaje cristiano desde Jerusalén hasta Roma. Tampoco son una “historia” exhaustiva, pero tienen más de crónica que los evangelios.

Es de suponer que el autor usara fuentes anteriores a él, como en el Evangelio; una de las cuales pueden ser los fragmentos redactados en primera persona del plural.

Está escrito en griego y se data generalmente sobre el año 80.

 
 

CARTAS

 
 

Las cartas auténticas de Pablo (Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses y probablemente también la 2ª y Filemón) son verdaderas cartas que responden a los problemas de las comunidades a que se dirigen y fueron escritas por Pablo en fecha muy cercana a la vida de Jesús, entre los años 50 y 63. Sólo la de los Romanos, escrita a una comunidad que no conoce personalmente, es una exposición de su enseñanza sobre la justificación por la fe.

Hay otras dos cartas tradicionalmente atribuidas a Pablo (Colosenses y Efesios) que fueron escritas por discípulos suyos. Estas tienen también carácter de verdaderas cartas.

Las cartas pastorales (1-2 Timoteo y a Tito), son escritos de inspiración paulina que se fechan incluso en el siglo II. No tienen carácter estrictamente de cartas, son consejos de tipo pastoral necesarios para la organización de comunidades que van adquiriendo cierta complejidad.

Las llamadas cartas católicas (Santiago, 1-2 de Pedro, 1-2-3 de Juan y Judas) son colecciones homiléticas o escritos breves a los que se les dio forma de carta, pero no están dirigidas a una comunidad determinada. Todas ellas de fecha tardía.

La Carta a los Hebreos tampoco es estrictamente una carta. Este escrito se dirige a una comunidad con graves dificultades con el fin de fortalecer su fe en Jesucristo, Hijo de Dios, Mediador y Redentor, que vive para interceder por nosotros y ofreció a Dios el sacrificio perfecto, muy superior a los sacrificios de la antigua alianza

 
 

APOCALIPSIS

 
 

Es un escrito tardío, de los últimos años del siglo I, que contiene todos los elementos clásicos de la literatura apocalíptica con la finalidad de sostener a la Iglesias de Asia Menor que sufren la persecución: el Señor crucificado, resucitado y exaltado, ha de volver al fin de los tiempos, en el que el mal será vencido definitivamente. Se atribuye al Apóstol Juan, pero pertenece a un autor desconocido.

 
 

 

 
 

4.- ANTIGUO TESTAMENTO

 
 

4.1. Trasfondo Histórico

 
 

Israel no es un pueblo aislado, cerrado en sí mismo y ajeno a toda influencia exterior. Es un pueblo que ha llegado tarde a la Historia y a la Cultura, cuando otros pueblos, por ejemplo, Egipto, Mesopotamia e incluso Canaán, de la misma área geográfica llevan siglos de cultura y han dejado huella de la misma en la tierra en que logra asentarse el pueblo hebreo; convive con otros pueblos, a algunos de los cuales está unido por vínculos de raza, y mantiene intercambios de toda clase con los demás pueblos y culturas de la misma área geográfica. Ello genera influencias mutuas en los distintos campos de la vida y de la cultura.

Esas influencias tienen una razón aún mas fuerte y es que hunden sus raíces en un mismo pasado legendario y mítico.

Por todo ello debemos estudiar la Biblia también como cualquier otro libro de aquella época y zona geográfica, aplicando los mismos medios y técnicas. Para lo cual es imprescindible conocer las condiciones sociales e históricas, así como el ambiente cultural, político, económico y religioso del pueblo protagonista de la Biblia. Todo esto se ha hecho más fácil gracias a los hallazgos arqueológicos de antiguas civilizaciones del Oriente Medio y a los documentos e incluso bibliotecas enteras que contienen una literatura de gran semejanza con los libros bíblicos. Todo ello nos ayuda a conocer el ambiente semita en que nace la Biblia.

 

 
 

4.1.1. Cultural

 
 

Los semitas no conocen la abstracción y sus imágenes son concretas. Sobre una idea primitiva acumulan notas, matices y vivencias para darle mayor relieve y color.

Su visión de la historia es distinta de la actual. Utiliza las fuentes de la forma que le conviene, las yuxtapone y las reinterpreta desde la visión de la nueva situación histórica.

Su concepción del mundo y del cosmos es la común a todos los pueblos semitas y a esa concepción responden relatos como la creación o el diluvio, que tienen paralelos en los poemas sumerios mucho más antiguos.

 
 

4.1.2. Moral

 
 

La moral es regla fundamental para comprender a un pueblo y la de Israel hay que situarla también en esa mentalidad semita. Así, por ejemplo, la Ley de talión (Ex 21,24; Lv 24,20.20, etc.), que prohíbe que la venganza sea mayor que el mal recibido, responde, aunque supera, a las costumbres y leyes de la época en que la venganza de sangre podía llevar al exterminio de familias enteras.

Otros hechos que chocan con nuestra mentalidad y sobre todo con nuestra concepción cristiana de Dios, son asimismo propios de la cultura y mentalidad de la época. Por ejemplo, la ley de “heren”, que exigía la aniquilación total del pueblo conquistado, la poligamia, los sacrificios humanos, crímenes y mentiras, etc., constantes, por otra parte en el comportamiento humano, incluso en nuestro tiempo, que no se caracteriza precisamente por verse libre de crímenes de toda clase, genocidios, abusos y aberraciones sexuales, mentiras e infidelidades, etc.

 
 

4.1.3. Religioso

 
 

El Israel bíblico no sólo recibió influencias culturales de los pueblos vecinos, sino también religiosas. No afirmamos que Israel copie sino que debe contarse con el fondo religioso de los pueblos vecinos (Canaán, Egipto, Mesopotamia) para captar las imágenes que nos brinda la Biblia y su sentido, como ejemplos típicos pueden aducirse los relatos de la Creación (Gn 2) o del Diluvio (Gn 6) de la Biblia y los paralelos de los poemas babilónicos (Enuma, Elish y Guilgamés)

 
 

a)

Parece ser que los clanes primitivos seminómadas fueron politeístas (Jos 24), como lo eran todos los pueblos del entorno, y en sus orígenes comparten el viejo fondo pagano de las religiones semitas.

 
 

b)

De ese patrimonio común participan imágenes y relatos que encontramos en la Biblia, así como ritos que van cambiando su sentido originario, por ejemplo, la Pascua, que en principio está unida a las costumbres de los pastores nómadas pasa a ser la fiesta de la libertad relacionada con la salida de Egipto y la constitución de Israel como pueblo.

 
 

Israel, como los demás pueblos del Oriente Medio, tiene su propio Dios que le protege frente a los demás pueblos y hace alianza con él: Yahveh. (En las versiones de uso corriente en lugar de Yahveh leemos “Señor”, que traduce la palabra Adonay que en la versión griega de la Biblia sustituye el nombre sagrado de Yahveh).

Sin embargo la religión de Israel tiene rasgos propios que la diferencian notablemente del resto de las religiones de su área geográfica. Los más significativos y determinantes para su proceso de evolución del concepto de Dios, a lo que contribuye de manera decisiva la influencia de los profetas, son la prohibición de representar a su Dios: Yahveh no es un Dios abarcable por el hombre, como se lo hace ver a Moisés (Ex 3,13-14) y defiende siempre la tradición yahvista. Y no tener más que un Dios, frente al politeísmo de todos los pueblos circundantes. La fe yavista lucha continuamente contra la tendencia a imitar las costumbres politeístas cananeas y de los otros pueblos del entorno, así como por mantener la pureza del culto condenando practicas habituales de las otras religiones.

 
     
 

4.2. División del Antiguo Testamento

 
 

La Biblia es un conjunto de libros cuya primera sección, el Antiguo Testamento, compartimos judíos y cristianos. Tanto para los judíos como para los cristianos estos libros tienen un valor sagrado, habiéndose establecido un “canon” que los reconoce como tales frente a otros libros religiosos similares a los que no se les dio dicha categoría.

El canon de la Biblia hebrea —establecido en Yabné, en una reunión de rabinos hacia el año 100 dC.— no coincide exactamente con el canon católico —fijado definitivamente en el Concilio de Trento (sesión 4ª, 8/4/1546) [Denz-Hün 1502]— que sigue la versión griega de la Biblia, usada en la diáspora judía, que es la que conocían los primeros cristianos.

También la distribución de los libros es diferente.

 
 

La división católica tradicional, que consta de 46 libros casi todos escritos en hebreo, los agrupa conforme a la distribución hecha por S. Jerónimo en el Siglo IV.

 
 

PENTATEUCO:

Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

LIBROS HISTÓRICOS:

Josué, Jueces, Rut, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Rut, Tobías, Judit, Ester y 1 y 2 Macabeos

LIBROS POÉTICOS Y SAPIENCIALES:

Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés (Qohelet), Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico (Siracida)

LIBROS PROFÉTICOS:

Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquéas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

 
 

La Biblia hebrea los agrupa en tres apartados:

 
 

TORA (enseñanza):

Compuesta por los cinco Libros de la Ley: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio

NEBIM (profetas):

Anteriores: Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes.

Posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquéas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

KETUBIM (Escritos):

Rut, Salmos, Job, Proverbios, Eclesiastés (Qohelet), Cantar de los Cantares, Lamentaciones, Daniel, Ester, Esdras y Nehemías, 1 y 2 Crónicas.

 
 

La Biblia Hebrea no admite como libros canónicos: Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc, ni suplementos al libro de Ester, carta de Jeremías y adicciones al libro de Daniel. Todos estos fueron escritos en griego fuera de Palestina.

 
     
   
     
   
 

4.3. Contenido de los libros

 
  Todos los libros del Antiguo Testamento giran en torno a una idea central: la conciencia que tiene Israel de haber sido elegido por Yahveh y ser su pueblo, haber hecho una alianza con él y haber recibido una tierra. Esta idea era corriente entre los pueblos del Oriente Medio Antiguo, donde cada pueblo tenía sus dioses, pero Israel mantiene esa conciencia de ser el pueblo elegido por Dios cuando en su evolución del concepto de Dios llega a conocer la existencia de un Dios único de todos los pueblos y de todos los hombres.  
     
 

4.3.1. Pentateuco

 
 

Estos cinco libros (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) constituyen el núcleo central de la fe de Israel que los considera el gran don de Yahveh al pueblo con el que ha hecho alianza: La Torá (enseñanza, instrucción, ley) contiene los acontecimientos que marcan la acción de Yahveh en la historia de Israel desde la creación del mundo hasta la liberación de Egipto y el Éxodo así como las leyes propiamente dichas, recogidas en el decálogo y otros códigos, pero sobre todo las enseñanzas y normas dadas por Yahve a favor de su pueblo que han de transmitir los padres a los hijos como orientadoras de su conducta y que se fundan en los acontecimientos a través de los cuales se revela.

Cuando empiezan a escribirse estos libros, Israel es un pueblo que tiene ya conciencia de serlo y entonces mira hacia atrás y busca sus orígenes y los del mundo. De todo ese tiempo anterior se recogen tradiciones orales y otras ya escritas, así como relatos que tienen un origen común con los otros pueblos de su área cultural. Todo ello es repensado una y otra vez llegándose a una reflexión más depurada, aunque en la última redacción de estos libros se yuxtaponen tradiciones e incluso se duplican relatos, lo que genera a veces contradicciones.

En esa mirada retrospectiva encuentran primero dos grupos de tribus que forman una liga sagrada, más atrás la experiencia decisiva de un grupo de hombres sacados de Egipto y conducidos a través el desierto por un jefe carismático, Moisés, y en un pasado borroso la existencia de unos pastores nómadas que, procedentes del otro lado del río Eúfrates, llegan a la tierra de Canaán. En el origen de todo, la obra creadora de Dios y junto a ella la respuesta a los grandes problemas del hombre: el mal, el dolor y la muerte.

Reflexionando a partir de su historia y de su vida, no sin beber también de las ideas comunes a las culturas anteriores de su entorno geográfico, Israel llega a expresar su fe en el Dios que crea el Universo, en cuyo centro están el hombre y la mujer, creados a su imagen. Un Dios que se complace en su obra creadora y la reconoce como algo “muy bueno”, entrando el mal en ella a causa del pecado del hombre. En la historia de los patriarcas encuentra su origen como pueblo. Esta historia habla de un Dios que elige, llama, prueba y promete una numerosa descendencia y una tierra de la que esos descendientes tomarán posesión. Ese Dios de la promesas, el Dios de los Padres, que se manifiesta a Moisés con el nombre de Yahveh, se convierte en el Dios de Israel tras la salida de Egipto, la más grande de sus acciones liberadoras. Israel pertenece a ese Dios que salva y que hace alianza con el pueblo en el Sinaí dándole la Ley. En virtud de esa alianza tendrá unas obligaciones con el Dios que le ha elegido. Moisés, figura central de estos cinco libros, es el intermediario que libera al pueblo en nombre de Yahaveh y le transmite su voluntad exigente. La travesía del desierto es experiencia fundamental para Israel, experiencia sobre la que volverá una y otra vez a la largo de su historia cuyas constantes son la ingratitud del pueblo hacia ese Dios que le ha elegido y continuamente le salva, y el arrepentimiento que sigue al castigo. Pero el desierto para Israel no es sólo un lugar por el que se ve obligado a peregrinar en busca de la tierra de las promesas, es también, sobre todo a partir de la reflexión de los profetas, el lugar de la infancia y juventud de Israel como pueblo, la época del primer amor con el Dios salvador que le conduce a la tierra prometida a sus padres, así como lugar de castigo y de purificación.

En el tercero de estos cinco libros, el Levítico, encontramos un detallado código legal, fruto de la reflexión de los sacerdotes desterrados en Babilonia, que proyecta sobre los tiempos de la marcha por el desierto la legislación religiosa y cúltica del Templo de Jerusalén, y cuya redacción definitiva habría que datarla en tiempos de Esdras, tras el retorno del exilio.

También pertenecen a esta tradición sacerdotal los 10 primeros capítulos del libro  de los Números, cuyo título se relaciona con los censos que en él se prescriben.

Cierra el Pentateuco el libro del Deuteronomio, que es la obra fundamental de la corriente deuteronomista de renovación religiosa yahvista que surge en el siglo VII aC. y está en la base de la reforma promovida por el rey Josías (621 aC.) y truncada con su muerte en la batalla de Meggido. Como los demás libros del Pentateuco la redacción definitiva del Deuteronomio es del siglo V aC.

 

 

 

 

  4.3.2. Libros históricos  
 

Los libros llamados históricos por la división católica tradicional agrupan los que la Biblia hebrea denomina profetas anteriores (Josué, Jueces, 1-2 Samuel y 1-2 Reyes) y algunos de los que se incluyen entre los Escritos (Esdras, Nehenmías, 1-2 Crónicas, Rut y Ester), además de otros no admitidos por el canon hebreo (Tobías, Judit, 1-2 Macabeos).

Teniendo en cuenta, como ya se ha dicho, que el concepto de historia en la Biblia es diferente de lo que nosotros entendemos como tal, de estos libros unos cuentan la historia de Israel, siempre desde una perspectiva y con una finalidad religiosa, pero otros (Rut, Ester, Tobías, Judit y 2 Macabeos) son narraciones noveladas que tienen la finalidad de enseñar mediante el ejemplo de personajes fieles a Yahaveh en épocas históricas anteriores cuya situación es similar al tiempo en que se escribe el libro.

En los libros llamados por los judíos “profetas anteriores” encontramos una explicación teológica de su pasado: Yahveh ha ido actuando en su historia, respondiendo con advertencias y castigos a las continuas infidelidades del pueblo, y así ven en la destrucción de Israel y en la desaparición del Reino de Judá con el exilio, el castigo a la infidelidad y la ruptura de la Alianza.

Josué, Jueces, Samuel (1-2) y Reyes (1-2) narran los hechos ocurridos después de la muerte de Moisés, es decir, desde su penetración en Canaán, hasta la desaparición como estado (s. VI aC.). Más en ningún caso son una historia lineal, pues en ellos encontramos relatos que refiriéndose a los mismos hechos son diferentes. Así, el libro de Josué es un relato épico que describe la penetración y el asentamiento en Canaán como una conquista rápida y triunfal de todo el país, y el libro de los Jueces, a continuación, describe una situación diferente: Las tribus que penetraron en Canaán sólo habrían logrado asentarse en las montañas y desde ellas, cuando surgía una caudillo, un jefe carismático suscitado por Yahveh, asaltan y conquistan las ciudades fortificadas cananeas o se defienden del ataque que otros pueblos.

Los libros de Samuel y de los Reyes (los judíos  agrupan los cuatro y los denominan “libros de los reinos”) contienen la historia del Reino desde sus preliminares con la figura de Samuel, puente entre los jueces y los reyes, la construcción del Reino por David, con quien alcanza su mayor importancia y a quien sucede su hijo Salomón; la división del Reino a la muerte de éste y la historia de ambos reinos que para el del Norte o Israel acaba cuando es conquistado y destruido por los asirios (721 aC.) desapareciendo las tribus que lo formaban, y para Judá, con la deportación a Babilonia (586 aC.). La tribu de Judá regresará del exilio, pero ya nunca volverá a ser un reino independiente.

Esdras y Nehemías junto con los dos libros de las Crónicas, que pudieron formar una sola obra originariamente, nos ofrecen una nueva visión teológica que pretende abarcar la historia de la humanidad desde Adán hasta la reconstrucción de Israel tras el Exilio.

El cronista, nombre empleado para denominar al autor de estos cuatro libros, ve la Historia totalmente dirigida por Dios a quien atribuye toda clase de acciones milagrosas. Los hombres son instrumentos suyos y apenas intervienen en el desarrollo de los acontecimientos si no es por la oración y la liturgia. Debido a esta visión da poca importancia a la exactitud de los hechos y así exagera cifras y se fija poco en el orden cronológico. Sus ideas fundamentales son las legitimación de la dinastía de David, cuya restauración futura espera, y la restauración del tempo como lugar de culto único donde ha de reunirse, como heredera de Israel, la comunidad postexílica para vivir en fidelidad a la Torá.

Esdras y Nehemías relatan el retorno del Exilio y la configuración de Israel como comunidad de fe en torno a la reconstrucción del Templo.

Los libros de las Crónicas son una reflexión de la comunidad asentada en Israel cuando el exilio ya está lejos y las esperanzas de los profetas no se han cumplido, pues Judá no ha sido restablecido como Reino sino que es un reducido territorio sin importancia dentro de una satrapía Persa. Esta reflexión gira sobre su historia pero acomodando las fuentes a su visión teológica por lo que los hechos, ya recogidos en otros libros anteriores, son narrados muchas veces de forma diferente y se presenta también de manera distinta a sus protagonistas.

De los restantes libros de este apartado, sólo el libro I de los Macabeos tiene el carácter de histórico, siempre en el sentido ya dicho, y sigue su estilo narrativo. Presenta —intentando hacer un relato objetivo y realista, aunque contiene algunas exageraciones en números y victorias— una visión histórico teológica de los hechos sucedidos a partir de la persecución de Antioco IV Epífanes que da lugar a la rebelión de Matatías y sus hijos, hasta la muerte del último de los Macabeos. También alude a lo sucedido en tiempo de Juan Hircano, que es algo posterior. Antioco IV Epífanes quiere impulsar la helenización de su reino imponiendo en todo el territorio incluso la religión helénica. Algunos judíos siguen la iniciativa renunciando a su religión y tradiciones, acción fuertemente censurada por el autor. Frente a ellos se levanta Matatías y sus hijos comenzando una guerra santa, consiguiendo progresivamente la independencia religiosa y política de Israel. Dios actúa en la Historia y ha querido liberar a Israel por medio del valor de los Macabeos. Su acción humana y no los hechos milagrosos sirven al plan providente de Dios.

Rut, Ester y Tobías, son narraciones noveladas con finalidad didáctica de edificación.

Rut narra el destino de dos mujeres que se mantienen fieles a Dios tanto en el sufrimiento y la desgracia como en la prosperidad y la alegría. La historia se sitúa en el tiempo de los jueces y posiblemente está basada en una tradición popular antigua acerca del origen moabita del Rey David en cuya ascendencia se encuentra Rut.

Ester es una mujer judía que alcanza el favor real en la corte persa en el tiempo del exilio, circunstancia que aprovecha para interceder a favor de su pueblo.

Tanto Rut como Ester forman parte de los Cinco Rollos de la liturgia judía de las grandes fiestas. Rut se lee en la fiesta de Sabuot (Semanas) por la recolección del trigo. Ester en la fiesta de Purim, que posiblemente pasó al calendario judío tomada de las costumbres mesopotámicas y quizá este libro pretenda explicar su origen.

Tobías cuanta la historia de Tobit, un judío piadoso que vivió en Nínive en tiempo de la deportación y al quedar ciego cae en desgracia. Su pariente Ragüel tiene una hija, Sara, cuyos sucesivos maridos han muerto la misma noche de bodas. Tanto Tobit como Sara han rogado a Dios verse libres de sus angustias. Dios escucha las oraciones de ambos y envía a su ángel Rafael para conducir a Tobías, hijo de Tobit, a casa de Ragüel y desposarlo con Sara, indicándole además el remedio para curar la ceguera de su padre. Este libro destinado al judaísmo de la Diáspora quiere enseñar que la observancia de la Ley y la caridad con los conciudadanos no pueden conducir al fracaso; la desgracia sólo es una situación transitoria que cederá el paso a la prosperidad.

El libro de Judit es una historia corta de exaltación patriótica y religiosa. Aunque habla del reinado de Nabucodonosor y da otros datos históricos o geográficos, no pretende enseñar un hecho de la historia de Israel sino el sentido general de la Historia: el orgullo del poder político que quiere ponerse en lugar de Dios ha de ser confundido por el débil, instrumento de Dios para confundir al fuerte. En este caso, como en tiempos antiguos lo fue Moisés, ese instrumento es Judit, que además de su belleza y valor personal es fiel observante de la Ley. Esta obra está dirigida a un pueblo que pasa por momentos de opresión, posiblemente los años que siguen a la revuelta Macabea en la mitad del S. II aC., y proclama por una parte la liberación del pueblo por Dios que se muestra celoso por la justicia y la causas del débil y por otra, el poder absoluto del Dios de Israel sobre los poderosos de la tierra. Enseña también que el culmen de la piedad está en la observancia de la Ley, que las pruebas de Israel son consecuencia del pecado y la salvación viene por la confianza en Dios.

El libro II de los Macabeos es también una instrucción religiosa, apologética y moralizante, independiente del Primero, aunque ambos puedan usar algunas fuentes comunes. Por ello aunque habla de la rebelión de los Macabeos, la rigurosidad de los hechos narrados queda en segundo plano. Su intención principal es la exaltación del Templo, promover la fidelidad a la Ley y la confianza en la acción providente de Dios creador y todopoderoso que acude en auxilio de su pueblo, castigando duramente a los impíos en esta vida mientras hará resucitar a los justos del pueblo. Su finalidad es consolidar la comunidad litúrgica entre los judíos de la diáspora y los de Israel, avivando la conciencia de ser el pueblo elegido por Dios que es quien dirige la Historia.

 
 
  4.3.3. Libros Proféticos  
 

La división católica tradicional de la Biblia agrupa como libros proféticos los que la Biblia hebrea llama Profetas (Nebiin) Posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miquéas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías) así como Baruc, no admitido en el canon hebreo, Lamentaciones y Daniel, que en la Biblia hebrea se encuentran entre los Escritos. Daniel no fue un profeta histórico. Es un libro de carácter apocalíptico surgido en tiempo de la persecución de Antioco IV Epífanes para alentar al pueblo a permanecer fieles a Yahveh. Tampoco Jonás es un profeta histórico, aunque en los dos cánones se incluye entre los profetas. Se trata de un escrito de un autor con miras universalistas que quiere hacer ver que el Dios de Israel lo es también de los demás pueblos, incluso de sus enemigos.

Para comprender el contenido de estos libros hay que tener en cuenta:

 

 

1º Profeta, procede de la palabra griega “profetes” que significa “locutor”, el que dice lo que la divinidad le ha inspirado, y traduce el término hebreo “nabí” que viene a significar anunciar o comunicar, como otras palabras similares sirias o árabes.

 

 

2º El profetismo no es un fenómeno exclusivo de Israel, es algo corriente en todo el Oriente Medio y mucho más antiguo en culturas como Egipto, Mesopotamia, etc., aunque existen diferencias tanto en sus formas externas de actuar como en el fondo y el contenido de sus mensajes que son más elevados en los profetas bíblicos.

 

 

3 º El concepto de profeta evoluciona en Israel. En la Biblia se llama profeta también a las grandes figuras de su Historia: Abraham (Gn 20,7) , Moisés (Dt 18,15; 34,19), Aarón (Ex 7,1) incluso a Miriam, la hermana de Moisés, (Ex 15,20) o los Ancianos de Israel (Nm 11,24-29).

              Pero el profetismo bíblico tiene sus orígenes en la época de los jueces, asociado a diversas formas de adivinación (Ju 9,37; II Sam 5,24) mencionándose profetas antes de Samuel (Ju 4,4; 6,8; I Sam 2,27-36; 3,1; 9,9) a quien se le llama profeta (I Sam 3,19-21) hombre de Dios y vidente (I Sam 9,6-13). En tiempo de Samuel aparecen las comunidades de profetas cuya forma de actuar a través de trances, danzas rítmicas, gritos, etc. (I Sam 10,5-6; 19,20-24) era similar a la de los videntes de los pueblos vecinos. Con frecuencia se les tenía por locos y eran objeto de burla ( 2 Reyes 9,1-11).

Las primeras grandes figuras del profetismo bíblico son Elías y Eliseo, en el siglo IX aC. Y bajo el influjo del Yahvismo, a partir del siglo VIII aC aparecen los grandes profetas conocidos por los libros de la Biblia que llevan sus nombres. Aunque junto a estos grandes profetas individuales existen los profetas profesionales vinculados al santuario real y los profetas áulicos, como Natan y Gad, que actúan como consejeros de los gobernantes.

 

 

4º El profeta bíblico es un hombre llamado por Dios para la misión de combatir las infidelidades y guiar al pueblo de Israel en fidelidad a su fe y a la alianza que sellaron con su Dios, Yahveh.

              El profeta bíblico no es un mago, ni un adivino, astrólogo o interprete de horóscopos; tampoco actúa conforme a rituales, trances, etc., como era corriente en los profetas de los pueblos vecinos. La magia y adivinación de este tipo están expresamente prohibidas en el Deuteronomio (Dt 18,10-14)

              El profeta bíblico es un carismático, un inspirado elegido por Dios. Muchas veces enfrentado a los profetas cultícos y asociados a las corte. No actúan como miembros de una clase o como profesionales, sino como consecuencia de una llamada de Yahveh que les hace sentirse representantes suyos encargados de transmitir al pueblo un mensaje de conversión y de liberación, así como de denuncia de los pecados del pueblo y de sus dirigentes. Habla al pueblo en lugar de Dios y sólo dice lo que Dios le ordena, es Dios quien pone las palabras en su boca (Dt 18,15-18)

 
 

5º La misión del profeta bíblico no es predecir el futuro, sino transmitir las palabras de Yahveh hablando en su nombre, no las ideas o juicios del propio profeta, de ahí las expresiones “Oráculo de Yahveh” , “Así habla Yavheh”, aunque expresiones similares pueden encontrarse en la profecía de pueblos extrabíblicos.

 
 

Los libros proféticos contienen los oráculos de estos grandes profetas individuales cuyas palabras son coleccionadas y consideradas sagradas en el periodo postexílico, durante el cual los profetas profesionales prácticamente desaparecieron pues el pueblo, por influjo de la teología deuteronomista, comenzó durante el exilio a comprender que los grandes profetas carismáticos tenían razón y que los profesionales estaban equivocados.

Los grandes profetas tenían conciencia de haber sido llamados para esta misión por Dios y en ocasiones encontramos en sus libros el relato de su vocación (Am 7,12-15; 3,8; Is 6,1-13; Jr 1,4-10; Ez 1,1-25; 2,1ss; 3,1ss) a la que con frecuencia en principio se resisten. Reciben el mensaje que han de transmitir por revelación de Dios, a veces en sueños o a través de visiones de diversos tipos. Se expresan a través de la palabra pero también, en algunos casos, por medio de gestos simbólicos que explican de manera plástica su predicación.

Todo esto lo encontramos en sus libros, cuyo contenido es diverso pero siempre está vinculado a los acontecimientos que se están viviendo. También es característica común su llamada a la búsqueda sincera de Yahveh por medio de la práctica de la justicia individual y colectiva, así como la denuncia de los pecados del pueblo y de sus dirigentes, la injusticia social y la opresión del pueblo por los poderosos. Por medio de sus oráculos luchan contra toda clase de idolatría, contra la falsa piedad y la ostentación religiosa, contra el culto exterior vacío y el servilismo político de la clase sacerdotal. Todo lo decisivo para la existencia del pueblo de Israel lo esperan de una irrupción futura de Dios en “el día de Yahveh”, que es interpretado de forma diversa según los distintos autores.

En estos libros, que constituyen la máxima contribución a la purificación de la religión de Israel liberándola del ritualismo y del nacionalismo, se reconoce al Dios de Israel también como el Dios de las naciones cuyos destinos dirige.

 
 
  4.3.4. Libros Poéticos y Sapienciales  
 

Los libros poéticos y sapienciales de la división católica (Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés o Qohelet, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico o Siracida) figuran en el canon hebreo entre los Escritos (Ketubim) excepto Sabiduría y Eclesiástico, no admitidos por dicho canon.

De estos libros son propiamente sapienciales: Job, Proverbios, Eclesiastés, Sabiduría y Eclesiástico mientras que los Salmos y el Cantar de los Cantares son literatura poética.

 
 
 

4.3.4.1. Libros sapienciales

La literatura sapiencial existe en todo el Oriente Medio antiguo y de las grandes culturas de este área geográfica bebe la literatura sapiencial de Israel, que nace para salir al paso de la inevitable influencia religiosa y cultural pagana sobre los judíos, especialmente los que viven en la diáspora. También en los libros más tardíos influye la cultura helenista que muchos judíos asumen e incluso abren escuelas y entran en contacto con los filósofos griegos y utilizan sus recursos. Esta influencia es clara en el Eclesiastés y también en Sabiduría y Eclesiástico que nacen en el ambiente helenista de la diáspora de Egipto y son escritos en griego, por lo que no son admitidos por el canon hebreo, aunque se encuentran en la versión griega de la Biblia que es la que pasó al Cristianismo. Todos estos libros insisten en la fe Yahvista y hacen ver la superioridad de esta fe sobre las religiones y cultos paganos. Fueron escritos durante la dominación persa y griega entre los siglos V y II aC.

La Sabiduría en la cultura del Oriente Medio antiguo, de la que participa Israel, no es un conocimiento de cosas o verdades, es una actitud práctica ante la vida para poder llegar a ser feliz y se desarrolla por la educación, el conocimiento de la tradición y la experiencia. Afecta a todas las actividades de la vida humana e intenta dar al hombre los medios que necesita para acomodarse al orden del universo y solucionar los problemas que la vida le va presentando. La sabiduría se resumía en máximas o dichos fáciles de retener.

Los sabios son figuras que en Israel como en otras culturas antiguas tenían entidad propia, como la tenía los profetas o los sacerdotes. Pero los sabios no consideran haber recibido la sabiduría por una revelación, como los profetas sus oráculos.

La sabiduría es un atributo de los dioses y por supuesto de Yahveh, el Dios de Israel.

La sabiduría de Israel hunde sus raíces en este vasto movimiento sapiencial que desde el segundo milenio antes de Cristo floreció en los pueblos del Oriente Medio Antiguo. No forma un conjunto estructurado de doctrinas, un sistema, como tampoco lo forma la literatura sapiencial de los pueblos limítrofes.

En Israel hay una sabiduría culta y cortesana y otra popular.

La sabiduría popular, nacida del pueblo, existió antes y después del exilio. Los principios de la sabiduría popular fueron transmitidos en la familia y los clanes para el adiestramiento de los hijos.

La sabiduría oficial y cortesana nace en el palacio del rey. Es la sabiduría en sentido más estricto que se practicó desde el reinado de Salomón en la corte siguiendo el modelo de Egipto, el país de la “sabiduría” por excelencia, y desaparece con la monarquía tras la conquista de Jerusalén y deportación a Babilonia.

Antes del exilio no parece que los sabios tuvieran audiencia fuera de los círculos cortesanos. En la época preexilica los verdaderos maestros del pueblo son los profetas. Tras el Exilio, a partir del siglo V, han cesado los oráculos de los profetas y aparecen los sabios que vinieron a ocupar el puesto de los profetas como guías en la educación del pueblo. Los sabios del postexilio han comprendido que el principio de la sabiduría es el temor de Yahaveh (Prov 1,7).

La sabiduría en Israel evoluciona. Los primeros sabios de Israel  compusieron enigmas (Jueces 14,14), parábolas (2 Sam 12,1-6) y proverbios (Ez 18,2). En las colecciones más antiguas se encuentran sentencias contradictorias, paradojas y formas de admiración o simplemente contemplación de la realidad enigmática en sí misma.

Más tarde hicieron de la búsqueda de la sabiduría la principal ocupación de su existencia y reflexionaron desde el punto de vista religioso sobre casi todos los aspectos de la existencia. De la generalización de esa reflexión nacieron las colecciones de dichos de los sabios. El libro de los Proverbios incorpora gran parte de esa sabiduría tradicional de Israel. Este movimiento da lugar a una clase separada de maestros sapienciales o sabios que probablemente ya desde el s. VIII aC actúan junto a los profetas y sacerdotes (Jr 18,18).

Después del exilio la instrucción sapiencial se convierte cada vez más en centro de interés de grupos más extensos. Se produce la nacionalización de la sabiduría universal del Oriente Medio Antiguo haciéndola propiedad común de todo Israel, pues pierde conexión con una clase determinada convirtiéndose en elemento decisivo de la vida humana. Y se va asimilando cada vez más al yahvismo, hasta dejar de ser un compendio de sabiduría experimental para convertirse en un cuerpo de instrucción ético religiosa, en sabiduría teológica identificada con la Ley y el temor de Dios, principio de la sabiduría (Eclesiástico 1,14). En la sabiduría de Israel el elemento religioso tiene gran preponderancia, pues, aunque también para el sabio de Israel su ideal es la búsqueda de la sabiduría y su misión es instruir por medios racionalistas, conoce el precepto de Yahveh e inserta la sabiduría en su fe yahvista viendo bajo otra luz la realidad, lo cual diferencia la sabiduría de Israel de las otras sabidurías del Oriente Medio,

La literatura sapiencial escrita aparece en Israel después del exilio de Babilonia, en el siglo V aC, bajo el dominio persa. Sabiduría y Eclesiástico continúan y exaltan la sabiduría tradicional de Israel en el contexto de los judíos de la diáspora helenista que luchan por mantenerse fieles a la fe de sus padres en medio de  una cultura con planteamientos totalmente distintos de los suyos.

En la Biblia la sabiduría se atribuye a Salomón, que figura como autor de algunos de estos libros (Prov 1,1, Eclesiastés 1,1), más esto es un recurso literario propio del mundo de los “sabios”.

 
 
 

4.3.4.2. Libros poéticos

El libro de los salmos es la mayor colección de poesía lírica de Israel antiguo, aunque no son la única literatura poética, pues otros libros contienen poesía lírica y épica.

En los salmos encontramos himnos de entronización, himnos en honor de Sión y su templo, cantos de peregrinación, lamentos y cantos de acción de gracias, cantos reales y poesía de carácter didáctico y sapiencial.

Muchos salmos están ligados al culto pero hay otros que reflejan expresiones religiosas al margen de éste.

Los temas fundamentales son Jerusalén y su templo, donde habita Yahve, así como la Ley, cuya observancia o no distingue al justo del impío. Sus ideas centrales son el dominio absoluto de Yahveh y la confianza en Él.

También en los otros pueblos del Oriente Medio Antiguo son frecuentes los himnos a los dioses o a los reyes o a los templos, así como poemas penitenciales, lamentos etc. en los cuales se encuentran paralelos a algunos salmos (por ejemplo, el salmo 104 y el himno de Amenofis IV de Egipto).

El otro libro poético del Antiguo Testamento es el Cantar de los Cantares. Son cantos de amor en un principio independientes que hablan amor humano en todas su facetas y en el que se emplean diversas figuras literarias para referirse a los enamorados. La interpretación alegórica y mística hecha tanto por judíos como por cristianos es muy posterior.

 
 
 

4.4. Hechos fundamentales del Antiguo Testamento

 
 

En la base de todos los libros del Antiguo Testamento están los hechos fundamentales de la Historia de Israel. Aquellos hechos que les han constituido como pueblo y que son como los hitos a través de los cuales han ido descubriendo al Dios con el que hacen Alianza.

Por ello es esencial conocer tales hechos que fueron transmitidos por viejas tradiciones a veces mezcladas con la leyenda, posteriormente repensadas a la luz de los nuevos acontecimientos y puestos por escrito a varios siglos de distancia de los hechos que relatan.

 

 
  4.4.1. Los Patriarcas  
 

Los Patriarcas son los antepasados seminómadas procedentes de Mesopotamia en los que Israel descubre sus orígenes. Su historia se relata en el libro del Génesis a partir del capítulo 12.

El principal de los Patriarcas es Abraham a quien todos los clanes reconocen como tronco común. Abraham procede de un clan politeísta pero descubre a un Dios desconocido que se le revela. Abraham confía en ese Dios que le promete una descendencia numerosa y una tierra y con Él hace un pacto. Abraham, movido por la fe, se pone en camino hacia esa tierra desconocida, pero más importante que su camino material es su itinerario espiritual: su fe en ese Dios que se le ha revelado, en cuyas manos se pone y sigue el camino que le va marcando sin preguntar por qué.

En la descendencia del hijo de la promesa, padre de Jacob, que con su hijos emigra a Egipto, encuentra Israel el origen de las tribus que componen el pueblo que posteriormente se constituyó.

En la historia de Abraham y de los Patriarcas aparecen los elementos esenciales de la historia y de la religión de Israel: Elección, promesa, alianza y tierra.

La historia de los Patriarcas de Israel sólo está recogida en la Biblia, pero el tiempo que refleja es perfectamente identificable con la fecha en que se data, aproximadamente la época de Hamurabi de Babilonia (1792-1759 aC).

 

 
  4.4.2. El Éxodo  
 

El éxodo es el hecho fundamental para la Historia de Israel y en el cual sitúa su nacimiento como pueblo. Este hecho liberador, narrado en los libros del Éxodo y Números, es la clave de la historia de la religión de Israel. Sucedió en la segunda mitad del siglo XIII aC, después de más de 400 años, de los que no hay noticia alguna, desde la bajada del clan de Jacob a Egipto.

Según la interpretación de estos libros, Yahveh, que se revela a Moisés como el Dios de los Padres con lo cual los redactores quieren dar continuidad a la revelación primitiva, los israelitas vivían esclavizados en Egipto y les liberó con mano poderosa en la noche del primer plenilunio de primavera.

Constituyen este hecho:

 

 

La Revelación de Moisés a Yahveh (Origen del Yahvismo) que le encomienda a Moisés la misión de liberar a su pueblo (Ex 3-4). Y las dificultades de la misión (Ex 6-11)

 

 

La Pascua y Salida de Egipto (Ex 12-13)

 

 

La Alianza de Yahveh con Israel en el Sinaí (Ex 19-24)

 

 

El santuario del desierto que materializa la presencia de Yahveh (Ex 25-35)

 

 

La larga marcha hacia la Tierra Prometida a través del desierto con rebeliones, castigos, cansancio...

 

 

Sus protagonistas principales son Yahveh e Israel y secundarios, Moisés y el faraón

En cuanto a la ruta, aunque el texto da nombres y lugares de acampada, es difícil  trazar el itinerario seguido. Los hitos principales serían el Mar de las Cañas, el Sinaí y el Oasis de Kadés.

No hay que olvidar, al leer estos relatos, que no se entiende la Historia en el sentido que hoy damos al término, sino que los hechos son vistos ante todo con una perspectiva y finalidad religiosas, por ello se presentan bajo la luz de lo maravilloso, con una constante intervención de Yahveh, pero sin negar las reacciones paradójicas del pueblo. Todo ello para poner de manifiesto que Israel tiene conciencia de haber sido elegido por Yahveh por puro amor, que lo ha liberado portentosamente de la opresión, ha hecho con él una alianza y lo ha conducido a la tierra que había prometido a sus antepasados.

El Éxodo es constante referencia en el esfuerzo por mantener la fidelidad a su fe. Los profetas lo consideran como la edad ideal de Israel, el tiempo de su noviazgo con Dios.

 

 
  4.4.3. Penetración en Canaán  
 

Está descrita en los libros de Josué y Jueces y se fecha en torno a 1200-1000 aC.

Según el relato del libro de Josué, es el cumplimiento de la finalidad del Éxodo: ocupar la tierra que Yahveh les había prometido. En este libro no faltan los hechos prodigiosos y parece que los israelitas ocupan todo el territorio.

Sin embargo, el libro de los Jueces presenta una penetración lenta y difícil donde los clanes hebreos que han hecho el éxodo ocupan sólo las montañas desguarnecidas, están, con frecuencia, a merced de los filisteos y otros pueblos, surgiendo personajes carismáticos que ocasionalmente los liberan o les llevan a conseguir alguna conquista. Asimismo deja patente la precaria cohesión de las tribus.

En el libro de los Jueces está presente la teología que posteriormente se repetirá: el pueblo peca apartándose de Yahveh que les castiga sometiéndolos a otro pueblo hasta que se decide liberarlos por medio de un personaje carismático, cuya conducta personal no suele ser modélica, lo cual subraya que el único que salva y libera siempre es Yahaveh movido por el amor a su pueblo y no por los méritos de éste.

 

 
  4.4.4. Monarquía  

 

Este periodo se recoge en 1-2 Samuel y en 1-2 Reyes y abarca desde el año 1000 aC aproximadamente hasta el 586 aC.

El sistema de los jueces había fracasado y sintieron la necesidad de tener un rey como los demás pueblos. Sin embargo tampoco parece que los autores de estos libros estuvieran convencidos de que este sistema fuera bueno. De muchos de los reyes se dice que actuaron mal ante los ojos de Yahveh. Destaca David, que ha quedado como el prototipo de rey ideal. Bajo su reinado se consiguió la unidad de las tribus, mantenida por su hijo Salomón, y el reino alcanzó su mayor extensión. Pero ya con Salomón la monarquía entra en decadencia poniéndose de manifiesto la poca solidez de los lazos que unían a las tribus. A la muerte de éste, el reino se divide en dos, el del Norte o Israel con diez tribus, bajo Jeroboam y el del Sur o Judá, con una sola tribu, regido por Roboam.

El reino del Norte fue conquistado por los asirios en el año 721 aC, desapareciendo sus tribus.

El del Sur fue conquistado por los Babilonios que deportaron a su población en 597 y 586 aC, pero Judá pudo regresar y reconstruirse, aunque no como reino sino como comunidad de fe.

La historia de la monarquía encierra una importante lección: por un lado que las clases dirigentes, políticas o religiosas, suelen caer en los pecados que denuncian los profetas: injusticias sociales, inmoralidad sexual, idolatría, sincretismo... arrastrando tras de sí a los pueblos, lo que hace inevitable el castigo, y, por otro, que la salvación llega por un pequeño resto que permanece fiel al Dios.

 

 
  4.4.5. Exilio de Babilonia  
 

Durante el exilio comienza un periodo de renovación espiritual, por la acción de los profetas Jeremías, Ezequiel y segundo Isaías, y también de actividad cultural que culminará cien años después con la reforma de Edras y Nehemías (s. V aC), con la cual puede decirse que nace el Judaísmo.

Por influencia del profeta Ezequiel, los exiliados descubren que Yahveh también marchó con ellos, empiezan a reunirse en grupos donde reviven y renuevan sus tradiciones, recuerdan las causas de sus males, oran... Así nace la sinagoga.

Los deportados pudieron volver por el edicto de libertad dado por Ciro el Grande (538 aC), cuando sus tropas de medos y persas conquistaron Babilonia. Los que regresaron renuncian a toda idea de volver a ser un estado político y se constituyen como comunidad de fe dirigida por sus jefes religiosos, siendo Judá parte de una satrapía persa

 

 
  4.4.6. Periodo persa y griego  
 

A partir del regreso del exilio, Israel pierde toda importancia política pero desarrolla una profunda labor cultural y espiritual. Ha renunciado definitivamente a la tentación de los dioses y afirma su fidelidad a Yahveh. En este tiempo se redactaron definitivamente muchos libros del Antiguo Testamento y aparecen otros nuevos.

Asimismo aparece una nueva clase de hombres, los sabios, que toman el relevo de los profetas en la tarea de educar y dirigir al pueblo.

 

 

4.5. Los grandes temas

 
 

En la Biblia no encontramos una teología sistemática, una exposición ordenada de verdades relacionadas con Dios, el hombre y el mundo, pero sí datos fundamentales que muestran el concepto que Israel tiene de Dios, el hombre y el mundo, de sí mismo como pueblo, del pecado, la salvación, etc. Conceptos cuya evolución queda reflejada en los libros del Antiguo Testamento.

 
 

4.5.1. Dios

Porque en la Biblia no encontramos teología en el sentido actual de la palabra, tampoco encontramos una definición de Dios o la demostración de su existencia. Se admite sin más. Es por medio de los acontecimientos como Israel conoce a su Dios y tiene certeza de su presencia y de su actividad salvadora a favor de su pueblo.

Yahveh es el único Dios a quien Israel ha de adorar y servir, porque es su Dios (Dt 7,6-8) que por su parte ha de protegerles. Este concepto era general en todos los pueblos del Oriente Medio Antiguo, pero Israel se diferencia de los demás en que no tiene más que un Dios, frente al politeísmo de las otras religiones que muchas veces identifican sus dioses con las fuerzas y fenómenos de la naturaleza. El de Israel es un Dios trascendente por encima de todas esas fuerzas y fenómenos naturales (Dt 4,15-19). Israel tiene prohibido construirse imágenes de seres como dioses. Yahveh es un Dios al que no se le puede representar (Ex 20,4.23; 34,17; Dt 5,8-9).

Este Dios de Israel en principio es un Dios tribal, el Dios del clan seminómada de Abraham a quien se revela y con quien hace un pacto y le promete una descendencia y una tierra. Con el éxodo pasa a ser el Dios de un pueblo, que al penetrar en Canaán y sedentarizarse, por influencia de las concepciones locales, se convierte en el Dios de una tierra, que habita en Israel y en el Templo de Jerusalén. Mas cuando han de marchar al exilio, por influencia de los profetas, descubren que Yahveh ha marchado también con ellos, que no abandona a su pueblo y es fiel a sus promesas que a su tiempo se cumplirán.

En cuanto a cómo es ese Dios se percibe asimismo en la Biblia una evolución. En una concepción más primitiva el Dios bíblico presenta una cara terrible y aparece con los sentimientos que caracterizan a cualquier hombre: lo mismo alegría ( Gn 1,21; Nh 8,10; Sal 104,31) que disgusto (Gn 6,6) o ira (Gn 6,7.13; Ex 32,10; Num 12,9), deseo de venganza (Ex 32,33; Dt 7,10) o arrepentimiento (Gn,6,6; Ex 32,14 ). Es un Dios celoso (Ex 34,14; Dt 4,24) y temible (Ex 20,5; Dt 7,9), que ordena el extermino de los pueblos enemigos (Dt 7,2) y endurece el corazón de los hombres para luego castigarlos (Ex 73,9.12) a fin de mostrar su poder. Un Dios al que no se puede ver sin morir (Gn 32,31; Ex 20,19; Ex 33,20). Aunque Yahveh, el Dios de Israel, se presenta como superior, puede coexistir con otros dioses propios de otros pueblos (Ex 18,11; Dt 4,7; Dt 6,14).

En una concepción más evolucionada y purificada, a lo que contribuyen los profetas, el Dios bíblico presenta una cara fascinante opuesta a la anterior. Es el Dios creador y dueño de cuanto existe (Is 66,2), que está presente en todas partes (Am 9,6). El Dios justo, misericordioso y santo (Lv 9,2), fiel a su palabra. El Dios trascendente pero al mismo tiempo próximo a su pueblo, un Dios cercano (Dt 4,7), presente en medio de él, que le ama gratuitamente (Os 14,5) con amor de Padre (Os 11,1). El Esposo de Israel (Os 2,16-22).

Poco a poco van descubriendo a su Dios como un Dios viviente (Dt 5,26; Jr 10,10) frente a los dioses de los otros pueblos que son obra de manos humanas, seres inertes que ni ven ni oyen ni olfatean... (Dt 4,28; Is 44,6ss; Jr 10,1-9; Sal135,15-17). Un Dios que acoge a cualquier hombre de cualquier pueblo y condición social (Is 56,3-7), que llegará a ser el Dios de Egipto y Asiria (Is 19,21-25), que dispone también el destino de otros pueblos (Am 9,7) y se compadece incluso de aquellos que son el prototipo de los enemigos de Israel (Jon 4,11).

Leyendo los libros del Antiguo Testamento encontramos diversos nombres de Dios. Los más habituales son Elohim y Yahveh que suelen traducirse por Dios y Señor, respectivamente. Yahveh es el nombre revelado a Moisés, el nombre propio del Dios de Israel, nombre impronunciable para un judío por su santidad y el respeto que se debe a Dios, por ello en su lugar se lee Adonay.

4.5.2. Pueblo

Históricamente no puede hablarse de un pueblo israelita antes de su asentamiento en Canaán (1.200 aC).

Existían grupos tribales, con diferentes trayectorias, y uno de ellos, Efraín, aparece como catalizador. A él están vinculadas las principales tradiciones que los otros grupos aceptan aportando a su vez las suyas. Aquellas tribus a las que se unen otros grupos de egipcios, madianitas, edomitas, cananeos, hititas, amorreos, etc. van formando el pueblo de Israel a través de un proceso complejo que no cesó hasta las leyes sobre la pureza de sangre que implantó Esdras (Esd 9,2). Pero este pueblo no es una raza, sino que con otros pueblos de la zona pertenece a la raza semita, originaria, al parecer, de Arabia.

Israel se considera el pueblo por antonomasia, frente a los gentiles (no-pueblo), elegido por Yahveh que hizo con él una alianza y le dio una tierra. Esta idea perdura aun cuando Israel llega a un concepto más evolucionado de Dios

4.5.3. Elección

Israel tiene conciencia de haber sido elegido por Yahveh entre los demás pueblos (Ex 6,7; 19,8; Dt 26,17ss). Esta elección es gratuita (Dt 7,7-10) y amorosa (Dt 7,6), no depende de méritos anteriores del pueblo (Dt 7,7-8; 4,37; 8,17; 9,5). Por ella Israel es el Pueblo de Yahveh (2 Sam 14,13) como otros pueblos lo son de su dios (Nm 21,29), le pertenece en propiedad (Dt 12,2), es su herencia (Dt 4,20).

El origen de esta elección según algunos textos (Gn 12,1-3; Jos 24,3) proviene de la elección de Abraham, pero otra tradición, de origen profético, sitúa la elección en el éxodo (Ex 3, 7-10; Dt 5,21-23). En la literatura judía posterior acaba por imponerse la elección en Abraham y así se recoge en el Nuevo Testamento (Jn 8,33-39; Mt 3,9; Rm 4,1).

Esa elección supone bendición, promesa, protección pero también responsabilidades: reconocer a Yahveh como su único Dios, guardar su alianza, extender el conocimiento de su nombre, etc.

Estas dos vertientes de la elección son interpretadas de manera diversa. Una, correspondiente a la teología nacional de los dirigentes religiosos y políticos e incluso para el pueblo, la consideraban exigencia de total protección por parte de Dios, independientemente del comportamiento del pueblo y sus dirigentes. Sin embargo, para los profetas es exigencia de fidelidad a la alianza y obligación de guardar su código por parte del pueblo y de los dirigentes.

Como consecuencia de la evolución del concepto de Dios y de la purificación de la religión de Israel que se produce por influjo de los profetas, encontramos que algunos libros de la Biblia hablan de otras elecciones por parte del mismo Dios que ha elegido a Israel. Por ejemplo, en el libro de Amós (Am 9,7) o Isaías (Is 19,25).

4.5.4. Alianza

Es un concepto común a todos los pueblos del Oriente Medio Antiguo. El dios elige a un pueblo que se convierte en “su” pueblo y con el que hace alianza por la cual el dios protege a ese pueblo y el pueblo adquiere un compromiso de fidelidad con el dios al que dará culto.

La religión de Israel se centra en esa alianza (Ex 34,10.16) o pacto que Yahveh hace con su Pueblo por la cual se convierte en su propiedad particular (Ex 19,5). Esta alianza tiene similitud en muchos de sus elementos con los pactos políticos corrientes en el Oriente Medio Antiguo que se hacían conforme a un ritual en el que había sacrificio, imprecaciones, erección de un memorial, banquete sagrado (Gn 15,9ss; Ex 24,4ss).

Hubo alianzas anteriores como la de Noé y la de Abraham, pero la Alianza por excelencia es la del Sinaí cuyos elementos son la promesa (Ex 19), el decálogo (Ex 20), el código de la alianza (Ex 22-23), ratificación y banquete sagrado (Ex 24,1-11).

Israel no sólo recordará constantemente esta alianza, sino que la renovará sobre todo en los momentos cruciales de su historia: en los llanos de Moab (Dt 28,69), en Sikem (Jos 24), más tarde cuando el rey Josías emprende la reforma religiosa y política de Judá (2 Re 22) y a la vuelta del Exilio (Neh 10,1-30). Porque la alianza no es algo estático, sino un compromiso que debe asumir cada generación.

La alianza tiene unas exigencias:

Para Dios, proteger a su pueblo

Para el pueblo

Ser el pueblo de Yahveh (Ex 19,6) por lo tanto al único que han de dar culto

Cumplir el código de la alianza (Ex 21-23) cuyo resumen es el decálogo (Ex 20)

Ser un pueblo de sacerdotes en medio de los demás pueblos (Ex 10,6) y una Nación Santa (Ex 19,6)

Para los profetas la alianza es irrevocable, aunque también se habla de una alianza nueva, por la que el pueblo será definitivamente libre.

4.5.5. Promesa

En la Biblia, como en los pactos del Oriente Medio Antiguo, las promesas están vinculadas a la Alianza.

En la Alianza con Abraham la promesa es una descendencia numerosa, una tierra y una bendición. En el Deuteronomio la promesa de la tierra adquiere primacía. Con David las promesas anteriores son sustituidas por la de la permanencia en el trono de su descendencia. Si se refirieren al pueblo se trata de abundancia de bienes y prosperidad material pero unidas a la fidelidad en el cumplimento de la Ley.

Todas las promesas bíblicas tienen como constante que Dios siempre es fiel a su palabra aunque el pueblo no corresponda al pacto (Lv 26,40-42; Dt 4,31; 30, 1-5).

4.5.6. Tierra

En la conciencia de Israel, la tierra que habitaba era un don de Yahveh, su Dios (Jos 24,13), en virtud de las promesas hechas a sus antepasados (Gn 12,1.7; Ex 6,8).

Es la tierra que recorrieron los Patriarcas en sus desplazamientos, Canaán (Gn 15,7.18-19), a quienes les fue prometida bajo juramento por Yahveh y entregada a Israel (Dt 1,8.38...) para que pudiera cumplir la Alianza (Dt 12,1).

La tierra es un don gratuito de Yahveh que deben agradecer, pues no les ha sido dada porque lo merecieran (Dt 9,6). Yahveh, el dueño de toda la tierra (Sal 24,1), ha dado su heredad a Israel, su siervo (Sal 135,10-12), por su eterna misericordia para con su pueblo (Sal 136,17-22).

Pero es un don que exige fidelidad (Dt 30,16-20). Su posesión está vinculada a la observancia de la Alianza por el Pueblo (Dt 4,25-25; Dt 8,6-11; Jos 23,16) que ha de dar culto a Yahveh y rechazar cualquier culto a otros dioses. En caso de incumplimiento será expulsado de ella como lo fueron los anteriores poseedores (Dt 28,15.36). Mas si se arrepiente de sus pecados podrá instalarse en ella de nuevo porque siempre será la Tierra prometida (Jr 25,5).

Por esta tierra participaran en la salvación las demás naciones y Jerusalén será el centro del mundo (Is 2,2ss)

Esa tierra material adquiere con los profetas un sentido escatológico y se convierte en símbolo del Reino de Dios y del mundo que ha de venir.

 

 
   
 

5.- NUEVO TESTAMENTO

 
 

5.1. El mundo del Nuevo Testamento

 
 

La vida de Jesús se desarrolla en Palestina y por lo tanto los relatos Evangélicos que la narran reflejan el ambiente y costumbres del pueblo judío, la estructura de su sociedad y también la geografía del país.

Sin embargo, el cristianismo se expande y desarrolla fuera de las fronteras de Palestina por lo que la sociedad en la que nacen y crecen la mayor parte de las primeras comunidades cristianas  vive un ambiente helenista, greco romano.

 
 

5.1.1. El mundo judío

 
 

5.1.1.1. Geografía

 

 

Palestina es un país mediterráneo, predominantemente seco y con zonas desérticas. Prácticamente no tiene más que dos estaciones, el invierno con lluvias y el verano seco y caluroso. Sólo un río de importancia lo recorre de norte a sur por una profunda depresión, que se ahonda según discurre hacia el sur, desembocando en el Mar Muerto, donde, por su salinización. la vida es imposible. No tiene grandes alturas salvo el monte Hermón, que sobrepasa los 2.000 m., al norte, y a cuyos pies nace el Jordán.

Se distinguen tres Regiones. GALILEA, al Norte, es la más fértil, con vegetación más abundante característica de la zona mediterránea y muy cultivada, con cosechas tempranas. En el entorno del Lago, el agua que fecunda la tierra se conduce desde éste por medio de canales y norias. Predominan las montañas suaves. El clima es templado y se hace subtropical en la profunda depresión del Lago de Genesaret, a 200 m. bajo el nivel del mar.

Aunque Jesús vive la mayor parte de su vida en Nazaret, los Evangelios nos hablan principalmente del entorno del Lago donde se desarrolla su predicación.

En aquel tiempo Galilea era una región populosa y relativamente próspera. Sus habitantes, que hablaban con un acento peculiar, eran vivos y abiertos, de carácter rudo y sencillo, con cierto aire de orgullo e independencia, aunque los de Judea les consideraban provincianos y poco cultos. Era llamada “Galilea de los gentiles” por haber estado poblada por una mayoría de origen gentil. Judas Aristóbulo [104 aC. Pertenece a la familia de los Asmoneos, que alcanzó para el reino de Judea una cierta independencia y la expansión del territorio en tiempos de su padre Juan Hircano] tras su conquista obligó a judiaizar a sus habitantes.

Por la región de Galilea pasaban importantes vías comerciales que conducían a Siria y Egipto, estando más en contacto con los gentiles. Una de estas grandes vías romanas, la Via Maris  pasaba cerca de la ciudad de Cafarnaum.

SAMARIA. Es la región central. Más árida que Galilea, también tiene montañas y al Este una franja verde en la profunda depresión que riega el Jordán. Los samaritanos eran descendientes de los colonos traídos por los asirios en el siglo VIII aC. que se mezclaron con los que habían quedado tras la deportación, por lo que los judíos no los consideraban puros y no les dejaron colaborar en la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Por ello y otras causas políticas, como la destrucción de Templo de Garzim por Juan Hircano (s. II aC.), existía una enemistad secular entre judíos y samaritanos.

JUDEA, al Sur. Es una región montañosa en el centro. Por el Oeste desciende suavemente hacia el mar Mediterráneo y por el Este cae bruscamente hacia la fosa del Jordán y el Mar Muerto a 400 m. bajo el nivel del mar. Gran parte es desierto duro y pedregoso, en el que surge el importante oasis donde se levanta la ciudad de Jericó. Su clima es áspero y seco, con mucho calor en verano y frío, incluso nieve, en invierno. Su centro es la ciudad de Jerusalén, donde Jesús culmina su vida y su misión.

 
 

5.1.1.2. Economía

 

 

La agricultura, la artesanía y el comercio son los factores sobre los que se desarrolla la vida de Palestina.

La AGRICULTURA, aunque es muy diferente según las regiones, en general abundan los cereales, trigo y cebada, y las legumbres, así como el olivo, la higuera, el granado. Las condiciones del suelo y del clima, especialmente difíciles en el sur, exigían ser hábiles agricultores. La población de Palestina era en su mayoría campesinos.

También había GANADERÍA: Cabras, ovejas y bueyes. Y PESCA en el lago de Genesaret y el las localidades costeras del Mediterráneo.

La ARTESANÍA abarcaba gran diversidad de oficios que pasaban de padres a hijos. Los judíos solían ser buenos artesanos. Artesano fue Jesús quien aprendió el oficio de su padre José.

El COMERCIO. Desde siempre hubo en Palestina un comercio interior activo. Había días de mercado y mercados permanentes de diversas clases. Existían pequeños mercaderes que iban de pueblo en pueblo, comerciantes fijos y también grandes mercaderes. El comercio exterior lo aprendieron de los griegos y adquirió importancia en tiempo de los Macabeos (s. II aC). La importación y la exportación estaban gravadas con tributos que eran recaudados por los llamados publicanos.

 

 

5.1.1.3 Sociedad.

 

 

La clase dirigente, poderosa y distanciada del pueblo, la formaban los grandes terratenientes, que eran relativamente pocos, los comerciantes y las principales familias sacerdotales.

En número algo mayor existían agricultores acomodados y eran numerosos los pequeños propietarios y braceros. Los pequeños propietarios cultivaban sus tierras ayudados por la familia, pero nada podían ahorrar y si la cosecha era mala o padecían una enfermedad larga se veían obligados a hipotecar la tierra, quedar reducidos a braceros o incluso venderse como esclavos. Los hijos con frecuencia debían emplearse como braceros y si no había trabajo aumentaban el número de los mendigos y también de los ladrones y salteadores.

Los esclavos, para los que no había protección legal alguna, eran señalados para ser conocidos y podían ser comprados y vendidos; si no eran judíos, los llamados “cananeos”, su condición era inferior. Junto con la multitud de desheredados eran terreno propicio para la rebelión y determinaban muchos de los movimientos políticos y religiosos de la época. Pero también se daba la reacción antagónica de la sumisión resignada, la esperanza escatológica de los que aguardaban tiempos mejores por la intervención milagrosa de Dios y la aparición de un Rey Mesías que devolvería la libertad al pueblo y redimiría a todos los oprimidos.

 

 

5.1.1.4. Cultura.

 
 

La educación social, moral y religiosa de los niños se realizaba en el seno de la familia y en el contacto con la comunidad y sus tradiciones. Las clases poderosas solían tener un preceptor.

La sinagoga desempeñaba un papel fundamental en el desarrollo cultural de los judíos, centrado en el estudio de la Escritura. Existían sinagogas en todo el país, desde el Templo de Jerusalén hasta las aldeas más pequeñas. Una de sus funciones era ser casa de enseñanza. Estaban dirigidas por fariseos laicos y a veces por especialistas en la Ley o escribas. Aunque los grandes maestros estaban en Jerusalén, cada sabio procuraba formar discípulos que llegaran a desempeñar sus funciones en las sinagogas y en los tribunales.

Por otra parte la cultura helenista había ido penetrando desde hacía varios siglos en el pensamiento y las costumbres de las capas más cultas de la sociedad judía. El griego común era la lengua internacional.

 
 

5.1.1.5. Religión

 

 

El judaísmo nace con el exilio de Babilonia (586-538 aC.) y cristaliza con la reforma de Esdras y Nehemías (428 aC). El pensamiento religioso de Israel se consolida y adquiere una forma más depurada por la acción de los profetas y los sabios, desapareciendo la atracción hacia los dioses paganos y las tendencias sincretistas. Yahveh, el Dios de Israel, es el único Dios al que han de adorar y servir, por medio de una conducta fiel a la alianza y los mandamientos, más que por un culto brillante pero exterior.

El rito principal por el que un niño judío queda vinculado al pueblo y a la Alianza es la circuncisión, que se practica a los ocho días del nacimiento.

Por todo el país existen sinagogas que son casas de reunión, estudio de la Torá y oración. En ella se celebra la fiesta de cada semana, el Sabbat (Sábado).

Pero el culto tenía lugar en el Templo único de Jerusalén, donde se ofrecían sacrificios diarios. Era atendido por un sacerdocio jerarquizado: había un Sumo Sacerdote, varios rangos de sacerdotes y por último los levitas. El Sumo Sacerdote y los principales sacerdotes vivían en Jerusalén y constituían el “alto clero” al que pertenecían siete familias que controlaban el sumo sacerdocio, el Templo, las finanzas y la política. El resto, el bajo clero, vivía pobremente en la Ciudad o en sus cercanías.

Desde los tiempos de la reforma religiosa del rey Josías (s. VII aC) todo judío varón debía subir al Templo de Jerusalén con ocasión de las tres grandes fiestas: Pesah (Pascua) que recuerda la salida de Egipto y celebra la liberación de la esclavitud por medio de Moisés; Sabbuot (Semanas=Pentecostés), que conmemora la entrega de la Ley en el Sinaí; Sukkot (Tiendas) en recuerdo de los años transcurridos en el desierto. En tiempo de Jesús se celebraba otra fiesta de importancia, Hanuka (Dedicación), en memoria de la purificación del Templo por Judas Macabeo.

Dentro del judaísmo existían varias corrientes religiosas siendo las principales los saduceos, los fariseos y los esenios.

Saduceos. Constituían esta corriente la aristocracia sacerdotal, los grandes terratenientes y los comerciantes. En lo religioso no admitían la tradición oral sino sólo la escrita del Pentateuco. Negaban la resurrección, la existencia de la otra vida y la de los ángeles. Excluían el destino, pues el hombre elige libremente el bien o el mal. En lo político defendían sus privilegios de clase, para lo cual colaboraban con los ocupantes que se los garantizaban, controlaban todas las actividades del Templo y del Sanedrín. Era escasa su influencia sobre el pueblo que los criticaba por su nepotismo, su ambición, su oportunismo y su falta de sentido religioso. Desaparecieron en el año 70 con la destrucción del Templo de Jerusalén.

Fariseos. Pertenecían a esta corriente los sacerdotes de rango inferior, los especialistas en la Ley o escribas y la clase media de origen urbano.  En lo religioso, admitían la tradición oral como una extensión de la Ley dada por Moisés; la resurrección, la recompensa y el castigo en la otra vida; el valor del arrepentimiento y el perdón de Dios; un futuro mesiánico y también en la existencia de los ángeles. La Torá era el centro de su enseñanza y la aplicaban a todos los aspectos de la vida. Para salvaguardarla establecieron numerosos preceptos, cayendo a veces en una casuística minuciosa. El amor al prójimo era el mandamiento clave, pero con frecuencia ese prójimo era sólo quien pertenecía a su propio grupo. En lo político era un movimiento seglar, renovador y nacionalista, aunque sin actitudes extremas o métodos violentos. Eran los verdaderos maestros del pueblo y sus dirigentes. Sobrevivieron a la destrucción del Templo en el año 70 y desarrollaron y fijaron el pensamiento judío posterior.

Esenios. Esta corriente no aparece mencionada en los Evangelios ni en otros libros del Nuevo Testamento, aunque existían desde varios siglos antes. Tuvo su origen en un grupo de judíos piadosos que habiendo apoyado la rebelión de los Asmoneos fueron decepcionados por su conducta posterior y se retiraron al desierto para fundar una comunidad de piedras vivas. El grupo más conocido (gracias al hallazgo de los manuscritos, en 1947) es el de Qumrán, frente al Mar Muerto. Llevaban una vida ascética de pobreza, retiro, estudio de la Torá y oración. Se llamaban a sí mismos “miembros de la nueva alianza” o “comunidad de los elegidos”. Esperaban dos Mesías, uno sacerdotal y otro político. Parece ser que desaparecieron con la guerra del año 70.

En los evangelios aparecen otras corrientes. Una de ellas son los celotas, que es un movimiento nacionalista exaltado, vinculado a los fariseos, y promotor de todos los levantamientos contra los romanos, culminando en la guerra de los años 66-70 que acabó con la destrucción de Jerusalén y del Templo. Su rama activista eran los sicarios, que aprovechaban las aglomeraciones en fiestas y mercados para asesinar, con un pequeño puñal (sica) que llevaban oculto, a los que consideraban partidarios y colaboradores de los romanos. La otra corriente, son los herodianos, partidarios de la dinastía de Herodes.

 

 

5.1.1.6. Política

 

 

Desde la destrucción de Jerusalén en el año 586 aC, Palestina estuvo dominada continuamente por las grandes potencias: Babilonios, persas, griegos y romanos sucesivamente, con un corto periodo de cierta independencia bajo los Asmoneos (s II aC), sucesores de los Macabeos.

En tiempos de Jesús, Palestina estaba dominada por los romanos que la ocuparon en el año 63 aC bajo el mando de Pompeyo. Cuando nació Jesús era emperador César Augusto y Palestina gobernada por Herodes el Grande, un rey dependiente de Roma, que no era judío sino idumeo. Para congraciarse con el pueblo realizó grandes obras públicas, entre ellas la reconstrucción del Templo de Jerusalén comenzada en el año 20 aC. Al mismo tiempo levantaba templos paganos y grandes fortalezas. Su corte era pagana, corrupta y de frivolidad extraordinaria. Por su miedo a ser destronado llevó a cabo numerosas matanzas para eliminar a sus posibles enemigos.

A su muerte, Roma dividió el reino en tetrarquías quedando Galilea bajo el gobierno de su hijo Herodes Antipas, amigo y confidente del emperador Tiberio. De carácter débil e irresoluto, escéptico y supersticioso. Repudió a su mujer para casarse con su cuñada Herodías, por instigación de la cual mandó matar a Juan Bautista. Se burló de Jesús cuando el procurador Poncio Pilato se lo envió por ser de su jurisdicción. En el año 38 fue depuesto por Calígula y desterrado a las Galias donde murió.

El centro y sur de Palestina, fueron entregados a otro de sus hijos, Arquelao, que poco después fue depuesto pasando el territorio a depender del gobernador romano de la provincia de Siria y siendo gobernado por un prefecto que residía en Cesárea del Mar. Durante la vida pública de Jesús era prefecto de Judea Poncio Pilato, frío, escéptico y preocupado de prosperar en su carrera política. En la causa de Jesús parece inclinado a salvarle, pero se deja influir por la opinión popular manejada por los Sumos Sacerdotes y acaba condenándole a la crucifixión como lo había hecho con otros judíos.

Durante la dominación romana las autoridades judías tenían muy limitadas sus atribuciones y en el pueblo existía un fermento creciente de rebelión contra Roma, cuyos gobernantes locales cometían errores y arbitrariedades que propiciaban el rechazo de las gentes.

 

 

5.1.2. El mundo greco-romano

 
 

Aunque el mundo estaba dominado por los romanos, la cultura helenista y la lengua griega popular eran el ambiente de las ciudades en donde desde muy pronto fueron creándose comunidades cristianas fuera de Palestina. El helenismo había surgido de la cultura clásica influida por las civilizaciones y religiones orientales.

 
 

5.1.2.1. Sociedad

 

 

Es una época de expansión y auge económico, con buenas comunicaciones tanto terrestres, con postas en las vías importantes, como marítimas, con faros, puertos y muelles. También tiene importancia el comercio fluvial y los artesanos.

La política se caracteriza por continuas luchas y asesinatos y no son raras las revueltas.

El estado y luego el emperador habían sido deificados y se les rendía culto religioso. El culto a los reyes, que se difundió con relativa rapidez en la cultura helenista, había sido tomado de las cortes orientales. El culto al emperador más que un acto religioso en sí mismo era un acto político que no excluía la existencia de otros dioses. Tenía como finalidad la cohesión política de los pueblos conquistados. Rehusar este homenaje religioso al Emperador y a Roma era faltar a un deber cívico fundamental, por eso para el estado el cristiano, que era un ciudadano ordinario pero profesaba una fe incompatible con cualquier otro culto, era un impío y un ateo.

Las diferencias entre pobres y ricos eran muy grandes. Se despreciaba el trabajo manual.

Elemento importante sobre cuya estabilidad reposaba en parte la estructura social del Imperio eran los esclavos, muy numerosos sobre todo en las grandes ciudades. No disfrutaban de ninguno de los derechos de los ciudadanos romanos. El esclavo es como una cosa. No podía poseer bienes propios y el hijo de una esclava pertenecía también al señor. Los esclavos en este mundo grecolatino lo eran por toda la vida, a menos que lograsen su manumisión, con lo que pasaban a la categoría de «libertos».

En las ciudades helenistas las mujer no carecía, sobre todo en las capas sociales altas, de cierta movilidad física y social y le era posible traspasar las fronteras de su estado social. Los moralistas y pensadores veían en la promoción de la mujer la causa de la degeneración social y los satíricos interpretaban que el auge del los cultos mistéricos y sincretistas se debía a la superstición de las mujeres, aunque lo cierto es que en ellos participaban también los hombres en elevado número y ostentaban en ellas un rango superior.

Estaba muy difundido el divorcio, el adulterio, la pederastia y la homosexualidad.

 
 

5.1.2.2. Cultura

 
 

Las escuelas filosóficas, ampliamente extendidas, tienen un papel fundamental. Los filósofos exponían sus doctrinas en el ágora de la ciudad.

En la época helenística, las grandes escuelas platónica y peripatética (de Aristóteles) habían decaído.

Las corrientes filosóficas florecientes en el siglo I eran los estoicos, los cínicos y los epicúreos. Su característica común era buscar la reforma del hombre desde una visión inmanente, no trascendente. Coinciden en una imagen ética del hombre, en una teología fundada en los principios de la razón y en su imagen del mundo.

Estoicos y cínicos postulan la unidad del hombre y el mundo. La imagen del mundo para los cínicos es un monismo de la materia (Concepción filosófica que trata de reducir los seres y fenómenos del universo a una idea o sustancia única, de la cual derivan y con la cual se identifican), no hay un dios trascendente cuya providencia intervenga en el mundo. Los epicúreos no admiten la inmortalidad y no creen en los dioses populares y su influencia en los hombres.

Para estoicos y cínicos, la moral consiste en la armonía del comportamiento humano con los principios que rigen la naturaleza.

Los filósofos no hacían demasiado caso de los viejos dioses de la mitología, pero sus teorías planteaban problemas contra ellos. Sostenían que una persona inteligente no puede creer en ellos. Aunque las especulaciones de los filósofos no llegan al pueblo, sin embargo lograron que las religiones antiguas fueran decayendo, creándose un vacío religioso que fue preciso llenar. Esto propicia el auge de las religiones mistéricas, más espirituales, que con frecuencia eran difundidas por los soldados que las conocieron en los países del oriente.

 
 

5.1.2.3. Religión

 

 

La religión tradicional greco-romana no se preocupa de la vida social y sólo prohíbe los actos contra el culto público.

La religión de los grandes dioses clásicos griegos asumidos por los romanos estaba en decadencia, aunque sus cultos continuaban vigentes y conservaban parte de su fastuosidad. Habían sufrido una fuerte influencia de los cultos orientales e incluido alguno de sus dioses.

Así surgieron y florecían cada vez con más fuerza las religiones mistéricas. Estas nuevas religiones ofrecían una salvación personal, daban culto a un dios salvador y se regían por los ciclos de la naturaleza que cada año muere y vuelve a renacer en primavera. Como la naturaleza, el hombre tiene que morir para renacer a una vida nueva y divina que pretendían alcanzar por medio de ritos secretos y complejas iniciaciones por las que intentaban alcanzar la vida nueva que el dios les proporcionaría. Los iniciados de estas religiones debían imitar con sus actitudes y por medio de símbolos las acciones del dios en que pretendían transformarse, pero la ley del silencio que obligaba a sus miembros, hace que sean poco conocidas sus prácticas, entre las que había ritos de iniciación y comidas sacramentales. Estaban envueltas en misterios y secretos que no se podían revelar y que el iniciado (mister), que se incorporaba por un cierto modo de bautismo, iba conociendo gradualmente. Un modo gradual de ir conociendo las verdades de fe y una cierta ley del arcano también se daba en los primeros tiempos del cristianismo.

En las religiones mistéricas las gentes buscaban la felicidad que estas religiones ofrecían frente a las miserias y dificultades de la vida ordinaria.

Las religiones helenistas no tenían ley ni libros sagrados. Sí tenían sacrificios, procesiones con cantos, sacerdotes que sólo se ocupaban del culto en sí.

El culto oficial pertenecía a la ciudad y tenía como fin impetrar de los dioses la prosperidad de la ciudad. No existía un día de descanso semanal, pero sí son numerosas las fiestas a lo largo del año que se celebraban con procesiones, sacrificios, festejos populares y juegos atléticos.

Los lugares y símbolos sagrados se multiplicaban, levantándose por todas partes altares y erigiéndose estatuas de los distintos dioses. El acto más importante de su culto era la ofrenda, generalmente de los productos de la tierra, y el sacrificio de animales, en los que ciertas partes del animal se quemaban en el altar y otras eran reservadas para los sacerdotes que las ponían en venta; otras eran consumidas en una comida festiva en el recinto del mismo templo o en las casas.

El mundo helenista gustaba de las prácticas mágicas y supersticiosas. Tenían una concepción determinista de la vida del hombre y buscaba en los oráculos, la interpretación de los sueños, la astrología y las señales más diversas conocer voluntad de los dioses. La creencia en este poder de los dioses para determinar la suerte de los hombres evolucionó en la concepción de una fuerza misteriosa del destino, que se llegó a personificar consagrándose santuarios a esa realidad inquietante.

También tenía notable influencia en la sociedad grecorromana el gnosticismo que pretendía ser un camino para llegar al conocimiento y la visión de Dios. Consideraba que su doctrina, sus ritos y sus prácticas tenían carácter revelado y habían sido transmitidos y preservados a través de una misteriosa tradición. Se presentaba como un infalible medio de salvación, actuando mediante fórmulas y ritos mágicos pero sólo era accesible a la minoría selecta de los iniciados.

 

 

5.2. Contenido de los Libros

 
 

El Nuevo Testamento contiene libros de características diferentes aunque todos tengan el mismo centro: Jesucristo, y el mismo fin: transmitir la fe en Él.

Todos ellos nacieron en el seno de las primeras comunidades cristianas y desde su fe pascual, conforme a los testimonios transmitidos por los testigos de los hechos.

Los Evangelios son relatos de los hechos y enseñanzas de Jesús, mientras que las cartas de San Pablo, como cartas que son –excepto la que escribe a los romanos– unas veces son respuesta a situaciones concretas que le plantean las comunidades y otras el apóstol les escribe para confirmarles en la fe o recordarles su predicación. Las demás cartas, aunque de estilo diferente, también son escritos dirigidos a comunidades concretas para responder a sus características.

El libro de los Hechos de los Apóstoles es el relato del nacimiento y primera expansión de la Iglesia. A pesar del plural de su título, sólo habla en los primeros capítulos de la actividad de Pedro, en algunos casos acompañado de Juan, pasando, tras el relato del encuentro con Cristo de Pablo, a contar la actividad apostólica de éste hasta su llegada a Roma.

Y el libro del Apocalipsis es de características especiales.

 
 

5.2.1. Los evangelios

 
 

Evangelio significa buena noticia. La buena noticia de la salvación por la muerte y resurrección de Jesucristo fue el primer anuncio de los testigos de los hechos tras los sucesos de Pentecostés, que en un tiempo extraordinariamente corto llegó hasta los confines del Imperio. Más tarde se dio el nombre de evangelio a los libros que contienen esta Buena Noticia.

Los cuatro evangelios canónicos relatan los hechos y las enseñanzas de la vida de Jesús dedicando especial atención a su pasión, muerte y resurrección. En este tema los cuatro siguen un mismo hilo narrativo que pone de manifiesto que fue éste el objeto principal de la fe y la reflexión cristiana en los primeros años de la vida de la Iglesia.

La finalidad de los evangelios es confirmar en la enseñanza recibida a los que acogieron el anuncio del Evangelio por la predicación, como dice el prólogo de Lucas (lc1,4), y despertar la fe en Jesús para que creyendo tengan vida, como dice Juan (Jn 20,31).

Por esto los evangelios no son una crónica o un reportaje, ni siquiera una biografía de Jesús sino una catequesis sobre su mensaje y su persona. Así encontramos que no hay datos precisos sobre fechas, lugares y otros detalles y que más que un relato seguido de hechos, recogen episodios y enseñanzas sin localización precisa. Y también comprobamos que existen notables diferencias entre un evangelista y otro en la forma de organizar la narración de los acontecimientos y de agrupar las enseñanzas.

Los evangelios son ante todo un mensaje de fe, pero esto no significa que sean narraciones inventadas. Se fundan en la realidad histórica de la persona de Jesús y de sus hechos y palabras transmitidos por los que fueron testigos de los mismo. Por ello, a través de los evangelios llegamos al conocimiento de Jesús tal como existió entre nosotros y de sus enseñanzas.

Para comprenderlos en profundidad hay que tener en cuenta el proceso de elaboración hasta la redacción final (3.2), así como el fondo semítico en que nacen y la aportación que proviene de la reflexión y vivencia de la fe de las comunidades.

 
 

5.2.1.1. Los evangelios sinópticos

 
 

A los tres primeros evangelios, Mateo, Marcos y Lucas, se da el nombre de sinópticos porque siguen un esquema en muchos casos coincidente y a veces complementario.

Nacen como una necesidad ante el crecimiento de las comunidades cristianas que van surgiendo dentro y fuera de Palestina, cuando van faltando los testigos de los hechos. Cada uno responde a las características y necesidades de la comunidad de que procede, pues surgen en el seno de comunidades diferentes y en lugares diferentes.

Su paralelismo puede deberse a que hubieran utilizado un evangelio común en arameo o bien que existieran dos fuentes principales nacidas en la comunidad cristiana de Jerusalén, una que contendría los hechos de la vida de Jesús y otra que sería una colección de sus dichos. En todo caso los evangelistas también usaron sus propias fuentes, como se afirma en el prólogo de Lucas, e imprimieron a la composición su sello personal.

En cuanto a las fechas de su aparición se considera probable que para Marcos fuera antes del año 70 y para Mateo y Lucas hacia el 80, aunque actualmente existen corrientes que consideran que fueron escritos en fechas más próximas a los hechos.

 
 

5.2.1.2 El cuarto evangelio

 
 

Mas que un relato es una meditación profunda sobre la persona de Jesucristo. Y, aunque su finalidad es la misma, en cuanto a su concepción, estilo, temas lenguaje... es muy diferente a los sinópticos. Es más teológico, lo que revela un mayor desarrollo en la reflexión de la fe. Se subraya la divinidad de Cristo, que habla de Dios como su Padre y también del Espíritu Santo que procede de Dios y Él enviará.

Jesús es el Hijo de Dios que viene al mundo y acampa entre los hombres, para que todo el que cree en Él no quede en tinieblas sino que tenga vida eterna porque no ha venido para condenar al mundo sino para salvarlo. Él es la luz que ilumina a todo hombre, el agua viva que sacia la sed, el pan del cielo que da la vida al mundo, el camino que conduce al Padre.

La aparición de este evangelio es también más tardía, suele fijarse entre los años 90 y 100. En esta época se consuma la ruptura entre las comunidades cristiana y judía que se pone de manifiesto en características propias de este evangelio, como por ejemplo que engloba en el término “judíos” a grupos como los fariseos, saduceos y escribas, que los sinópticos distinguen.

 
 

5.2.2. Hechos de los Apóstoles

 
 

Nos cuenta los orígenes de la Iglesia en su comienzo en Pentecostés y la difusión del cristianismo hasta que llega a Roma, capital del imperio, alcanzando así su culmen.

Como los evangelios no son una biografía de Jesús, tampoco los Hechos son una historia exhaustiva, aunque tienen más de crónica que aquellos. Nos da primero una visión del nacimiento de la Iglesia y su primera difusión en Palestina, para contar luego en la expansión de la misma entre los gentiles, inicialmente por la acción de los aventados por la persecución y después por la actividad misionera de Pablo de Tarso.

Al hilo de los hechos se expone, principalmente en los discursos, el núcleo fundamental del primer anuncio del Evangelio: La Muerte y Resurrección de Jesús que exige una conversión para la remisión de los pecados.

En este libro su autor recoge lo que para él sería el tercer tiempo de la Historia, el tiempo de la Iglesia, en el que los discípulos de Jesús continúan su obra a partir de Pentecostés. A este tiempo habrían precedido un primer tiempo que sería el tiempo de las Promesas, el tiempo del Antiguo Testamento, que se da por su puesto y un segundo tiempo, el tiempo de Jesús, que es el tiempo del cumplimiento de las promesas y constituye el tema de su primer libro, el tercer evangelio.

En el libro de los Hechos encontramos detalles que ponen de manifiesto que sus destinatarios son griegos, cristianos provenientes del paganismo, por ejemplo el que hable de Jesús como Salvador y no como Mesías, porque para los griegos este término era desconocido mientras que en las religiones mistéricas hay dioses salvadores; utiliza el término Señor, que era el utilizado por los emperadores; evita la palabra “transfiguración”, que en griego equivale a metamorfosis lo que se daba en los dioses paganos; insiste en la Resurrección de Jesús, que a los griegos les costaba admitir; saben que “por gracia” han sido admitidos en el Pueblo de Dios y al mismo tiempo que están vinculados a los apóstoles, tienen una visión universalista del Evangelio.

Puede dividirse en tres partes:

 
 

1ª. La Iglesia de Jerusalén (1,15-8,3)

2ª. Expansión de la Iglesia en Palestina (8,4-12,25)

3ª. Difusión en el mundo greco-romano por la acción de Pablo y sus compañeros de misión (13,1-28,31).

 
 

El Libro de los Hechos enlaza con el final del tercer evangelio refiriéndose a los últimos acontecimientos narrados en él.

Todo el libro tiene un protagonista de excepción: el Espíritu Santo. Por su fuerza y su acción se construye y se expande la Iglesia. era la fuerza que movía a los conversos, anónimos o con nombre, a comunicar y propagar la fe que había cambiado sus vidas. Esta acción es la única causa que puede explicar la prodigiosa expansión del cristianismo en sus primeras décadas.

También destaca en este libro el papel de la comunidad, la “ekklesia”. Es la comunidad la que toma decisiones, la que elige, por ejemplo, a Matías como sustituto de Judas y a los que se han de ocupar de las necesidades de las viudas, la que envía a los misioneros, etc., siempre en unión con Dios a través de la oración y la acción del Espíritu Santo.

Pero estos primeros seguidores del nuevo camino iniciado por Jesús, el Señor, también llaman “ekklesia” al conjunto de todos los grupos locales de cristianos pues tienen conciencia de pertenecer a una realidad más amplia a la que se sienten vinculados. Así como designan con el mismo término a la célula más pequeña, la familia.

Este libro también nos ayuda a conocer al gran evangelizador y propagador del cristianismo entre los gentiles, Pablo de Tarso, a situar y comprender sus cartas en el contexto de todo el movimiento cristiano primitivo.

A lo largo de todo el relato se descubre la convicción de que el cristianismo constituye una fe capaz de cambiar el mundo.

 
 

5.2.3. Cartas

 
 

Como ya se vio al estudiar la redacción de los libros de la Biblia y en concreto los del Nuevo Testamento (3.2), éstos que conocemos como cartas corresponden a diversos autores y también es heterogéneo su contenido.

Tienen en común que son respuesta a las necesidades de las comunidades a que se dirigen. Su finalidad de alentarlas o confirmarlas en la fe, así como responder a sus problemas y orientarles en cuanto a su conducta y organización.

Las cartas de S. Pablo, escritas en los primeros años de la expansión cristiana, son una fuente excepcional para asomarnos a la vida de las primitivas comunidades. En ellas descubrimos el pensamiento y también la persona y la vida de Pablo, cuya influencia en el desarrollo del cristianismo es de gran importancia.

 
 

5.2.4. Apocalipsis

 
 

El contenido de este libro, difícilmente comprensible para nosotros, es de carácter apocalíptico, lleno de imágenes complejas pero familiares a este género en el Antiguo Testamento. Su finalidad es alentar a las comunidades de Asia Menor que sufren la persecución. A los tiempos difíciles de triunfo del mal seguirá la victoria definitiva del Cordero, la venida triunfal del Señor crucificado y resucitado.

El acontecimiento pascual, la Muerte y Resurrección de Jesús, ilumina la concepción que tiene de la Historia su autor. Dios es su protagonista y por medio de Cristo dirige los acontecimientos históricos hacia su meta salvífica.

Al principio del libro se exhorta a las Iglesias a reavivar su fe, a volver al ardor primero y a superar su tibieza o su pecado.

 
 

5.3. El PROTAGONISTA

 
 

Nuestra fe confiesa que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. Creemos que Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero.

Para que nuestra confesión de fe sea verdaderamente completa es necesario conocer a ese Jesús que nació, vivió y murió en una circunstancia concreta, en un tiempo determinado y en un ambiente social con características propias. Así nos lo presentan los evangelios: en relación con su pueblo y la situación presente en que vive; por ejemplo respecto a la dependencia de Roma (Mc 12,14-17), a la tensión con los samaritanos (Lc 9,52-56; Jn 4,4ss), a la situación política y social revuelta (Lc 13,1-4), a sus esperanzas (Mt 11,2-3) y temores (Mc 13,3ss)

 
 

5.3.1. Origen

 
 

Sólo Mateo y Lucas nos hablan del nacimiento y la infancia de Jesús. Para Marcos y Juan el Evangelio comienza con el Bautismo de Jesús. La pista para encontrar la razón de este silencio la encontramos en los Hechos de los Apóstoles (1,15-26) cuando Pedro, para completar el número de doce, que había sido mermado por la desaparición de Judas, pide que los candidatos hayan sido testigos de la Resurrección y hayan acompañado a Jesús todo el tiempo que vivió con nosotros desde el Bautismo de Juan. Lo referente a este tiempo es lo que anunciaban y lo que las comunidades creían y vivían. Lo anterior parece que no tenía para ellos especial importancia.

Entre los relatos de la infancia de Mateo y Lucas hay notables diferencias. Coinciden en señalar su concepción virginal (Mt 1,18-21; Lc 1,34-35) y en el lugar del nacimiento: Belén (Mt 2,1; Lc 2,1-7). Pero los demás episodios que se narran en uno no están en el otro.

En cuanto a la fecha, nos dicen que nació en tiempo de Herodes (Mt 2,1), siendo emperador César Augusto (Lc 2,1), pero no concretan año y mucho menos mes o día. Por los datos históricos que se poseen, hay que situarla hacia el año 6 antes de Cristo. Fue muy posterior el fijar el 25 de diciembre, lo que se hizo para contrarrestar la fiesta pagana del sol invicto en honor del dios Mitra, que se celebraba ese día.

 
 

5.3.2. Familia

 
 

Los evangelios nos hablan de sus padres: María y José. Pero mientras Lucas dice que antes del nacimiento de Jesús ya vivían en Nazaret, en Mateo parece que se instalaron allí después, a su retorno de Egipto (Mt 2,21-23).

También nos hablan de sus hermanos y hermanas (Mc 3,31; Mt 12,46; 3,56; Lc 8,19; Jn 2,12) de los que incluso dan nombres (Mc 6,3; Mt 13,55). Estos hermanos y hermanas hay que entenderlos como parientes. Juan nos dice también que los hermanos no creían en Él (Jn 7,3-5) y en los sinópticos se recoge por una parte la incomprensión de la familia ante la misión de Jesús (Mc 3,21) y por otra un cierto despego de Jesús hacia ella (Mt 12,47-50).

 

 

5.3.3. Infancia y Juventud

 
 

Jesús creció en Nazaret, una pequeña aldea en la zona montañosa de la baja Galilea. Aunque los evangelios no nos dicen nada de este periodo, salvo los ritos de la circuncisión a los ocho días de nacer (Lc 2,21) y de la presentación en el Templo y purificación de la Madre, a los cuarenta días, (Lc 2,22-24) conforme a la Ley de Moisés, así como la subida a Jerusalén por Pascua a la edad de 12 años (Lc 2,41-52), es evidente que vivió como cualquier niño y adolescente judío de su época. Iría con su padre a la Sinagoga, aprendió el oficio de su padre, que los evangelios nos dicen que era carpintero (Mc 6,3; Mt 13,55), tendría amistades. A su desarrollo y proceso de maduración tanto físico como psíquico y espiritual apuntan las palabras de Lucas (2,52). Y, por supuesto, estuvo sujeto a las limitaciones y condicionamientos de toda persona humana (Jn 4,6; Mc 11,12).

Jesús es evidente que no frecuentó las academias rabínicas, que no había fuera de Jerusalén, cosa que incluso le echan en cara sus enemigos (Jn 7,15). Pero en las poblaciones aún pequeñas como Nazaret había sinagoga, que era lugar de oración y estudio. A ella acudiría como cualquier judío piadoso y allí, además de en su familia, aprendería la cultura rabínica, la historia y las costumbres de su pueblo y la interpretación de la Torah.

Lucas nos relata que ya iniciada su misión vuelve a Nazaret y en la sinagoga es invitado a leer un pasaje de Isaías (Lc 4,16-17), sin duda en hebreo, y lo comenta, como era corriente, en arameo, la lengua hablada entonces en Palestina. Además en su predicación demuestra un gran conocimiento de la Escritura (Mt 5,21ss; 9,13; Mc 2,25-26; 7,6-13; 10,3-9.19; 11,17; 12;24-27.29-31.35-36; etc.).

En el largo periodo de su vida oculta se desarrolla el proceso de su maduración humana, psicológica y religiosa que culmina con su bautismo en el Jordán.

 
 

5.3.4. La personalidad de Jesús

 
 

Los Evangelios no dan una descripción o un perfil de Jesús, pero muestran los rasgos a partir de los cuales se puede trazar.

En primer lugar aparece como alguien que en todo momento es dueño de sí mismo, una persona equilibrada aún en los momentos más duros (Mc 14,45-49; Jn 18,22-23).

Hablan de sus sentimientos: siente simpatía (Lc 7,44-50; 19,1-10; Jn 8,3-11), compasión (Mc 1,41; 6,34; Lc 7,13), trata con ternura a los niños (Mc 10,14-16) y a los enfermos (Mc 141; 5,33-34), mira con amor (Mc 10,21), manifiesta alegría (Lc 10,21) y también tristeza (Jn 6,67), es sensible ante el desagradecimiento (Lc 17,17-18), se emociona y llora por la muerte del amigo (Jn 11,33-38), se conmueve al pensar en la suerte que correrá Jerusalén como causa de su rechazo a Dios (Lc 19,41), siente angustia ante la muerte (Lc 22,41-44).

Jesús tiene amigos: los discípulos (Lc 12,4; Jn 15,15), los hermanos Lázaro, Marta y María (Jn 11,5; Lc 10,38-42), y sus enemigos decían que era amigo de publicanos y pecadores (Mt 11,19).

En el desarrollo de su ministerio no se deja atrapar por el éxito (Mc 1,35-38; Jn 6,14-15) y sabe aceptar el rechazo (Mc 5,17-18), reprendiendo a los discípulos por no saber aceptarlo (Lc 9,53-56). Pero también juzga y responde con dureza ante la cerrazón y terquedad de algunos (Mt 11,16. 20-24; Lc 9,41; 11,29) o de sus adversarios (Mt 12,34; Mc 7,5ss), llegando a mirarlos airado y entristecido (Mc 3,5). Incluso a sus discípulos les corrige en ocasiones con palabras duras (Mc 8,33). Reacciona con contundencia ante las actitudes que suponen una ofensa a la santidad del Dios y del Templo como lugar sagrado (Mc 11,15).

Jesús aparece siempre como un hombre libre en todas sus relaciones e independiente de todo compromiso o hipoteca, fiel a la línea de conducta que le marca su misión, con la que se siente identificado. Vino y vivió para todos, a todos se dio y por todos murió.

 
 

5.3.5. Jesús, Hombre religioso

 
 

Jesús se sometió siempre a los ritos establecidos (Lc 2,21ss). Tenía por costumbre ir los sábados a la sinagoga (Lc 4,16.31-33; 6,6; Mc 6,2), subía a Jerusalén en las grandes fiestas (Jn 2,13; 7,2.14; 13,1; Mc 14,12), como estaba mandado, desde su infancia (Lc 2,41-42), e incluso a otras menores (Jn 10,22-23).

Oraba, con frecuencia retirándose a lugares apartados (Mc 1,35; Lc 9,29), incluso pasando la noche en oración (Lc 6,12). Enseñaba a orar (Mt 6,5-15; Lc 11,2-4) y a orar con confianza y perseverancia (Lc 11,5-14), sin desanimarse (Lc 18, 1ss) y con humildad (Lc 18,9-14). A veces eleva su oración al Padre públicamente (Lc 10,21-22; Jn 11,41-42), también en el momento de la muerte en la Cruz (Mc 15,34; Lc 23,34.46).

 

 

5.3.6. Jesús y la Ley

 
 

Los evangelios dan numerosas muestras de que Jesús conocía perfectamente la Torah, o Ley de Moisés. Así como de que no sólo la aprendió, sino que la vivió y practicó e incluso se preocupa de que otros la cumplan, como cuando manda a los leprosos curados que vayan a presentarse al sacerdote (Mt 8,4; Lc 17,12-14). Y afirma que no ha venido a destruir la ley sino a darle cumplimiento (Mt 5,17).

En los evangelios encontramos también ocasiones en la que parece que Jesús no guarda el descanso sabático o alguna otra prescripción como lavarse las manos antes de comer, detalles que le echan en cara sus enemigos, pero lo que hace en realidad es no someterse a las estrechas interpretaciones que de la Ley hacían algunos fariseos. Los preceptos de la Ley están subordinados al bien del hombre y no al revés (Mc 2,27; Lc 6,9). Jesús no se queda en la observancia escrupulosa de los innumerables preceptos humanos de que había sido rodeada la Ley sino en lo que la inspira, el auténtico amor a Dios y al prójimo, pues en esto consiste, como afirma en línea con otros grandes rabinos anteriores a Él, toda la Ley y los Profetas: no hay otro mandamiento más importante (Mt 7,12; 22,36-40; Mc 12,29-31).

 
 

5.3.7. El Templo y la sinagoga

 
 

La vinculación de Jesús al Templo era la de cualquier judío piadoso: participar en el culto y los sacrificios de las grandes fiestas y pagar el tributo para el sostenimiento del mismo (Mt 17,24-27).

En los Evangelios se dice que, cuando subía a las grandes fiestas, enseñaba en los atrios del Templo (Mc 12,35; Lc 19,47; 21,37-38; Jn 7,14. 8,2), como podían hacerlo otros maestros, pues había zonas y dependencias para ello.

Con las autoridades religiosas de Jerusalén, que integraban el sacerdocio oficial y pertenecían a la secta de los saduceos, Jesús no tuvo contacto salvo en sus últimos días, según los evangelios sinópticos, en los que chocó con ellos al expulsar a los vendedores de los atrios del Templo (Mc 11,18 y par.) por lo que le piden explicaciones sobre su autoridad para actuar así (Mc 11,27-28). Este episodio el cuarto evangelio lo coloca al principio de la vida pública de Jesús (Jn 2,13ss). Para ellos Jesús era una persona incómoda por lo que conspiraron para matarle (Mc14,1.10-11; Mt 21,45-46; 26, 4.14-16; Lc 19,47; Jn 11,46-52), situación que Jesús no ignoraba pero ante la que no se acobardó, aceptándola como el cumplimiento de su misión (Mc 8,31; 9,31; 10,33-34). Una vez prendido, Jesús guardó silencio ante sus acusadores (Mc 14,60-61).

Más estrecha era la relación de Jesús con la Sinagoga. Jesús acudía a la sinagoga, especialmente los sábados “como era su costumbre”, nos dice Lucas (Lc 4,16). En ellas participaba haciendo la lectura cuando era invitado y también enseñaba (Mt 4,23; Mc 1,39; Lc 4,16-21.44; 6,6). Jesús trata con su dirigentes, en alguna ocasión enfrentado a ellos (Lc 13,13) pero en otras atendiendo a sus necesidades (Mc 5,22-24.36-43). Asimismo se relaciona con los fariseos, maestros del pueblo que tiene su centro religioso en la sinagoga. Con ellos debate cuestiones (Mc 7,1-13; Mt 22,34-45), en ocasiones lo critican o atacan (Lc 15,2; 19,39; Mt 12,24; Mc 2,16) y en otras le invitan a comer (Lc 11,37; 14,1) o le avisan del peligro que corre (Lc 13,31).

 
 

5.3.8. Jesús y el pueblo

 
 

Las gentes de Galilea acuden a Él para escucharle (Mc 2,1; 4,1; Mt 12,46; 13,1; Lc 5,1; 21,38) o para que cure a sus enfermos (Mc 2,3; 3,10, 6,53-56; Mt 8,16), le buscan (Mc 1,37; 2,3ss; 3,7; 6,33) y le siguen (Mt 4,25; 12,15). Se admiran de su doctrina (Mc 2,12; Mt 7,28-29; 9,8; Jn 7,40; 12,18). También cuando sube a Jerusalén acuden a escucharle (Lc 19,48;21,38). Sin embargo, no falta en ocasiones la división de opiniones (Jn 7,41-43;12,18-19.34;42-43)

Para este pueblo, las multitudes, mujeres, niños... Jesús siente una profunda compasión, los ve como ovejas sin pastor (Mc 6,34; Mt 9,36), es sensible a sus carencias y necesidades (Mc 8,1; Mt 15,32) , a sus sufrimientos (Lc 7,12-13), incluso en los momentos en que es víctima de la tortura (Lc 23,28); se entrega a ellos sin pensar en Él mismo (Mc 6,31-34) y ofrece su alivio a los que están cansados y agobiados (Mt 11,28).

Ese pueblo son también los publicanos, los pecadores y los marginados de cualquier clase (Mc 2,15, Lc 19,10), incluidos los leprosos (Lc 5,12-13), porque Él ha venido a buscar y curar a los enfermos y pecadores (Mc 2,17; Mt 9,10-12; Lc 5,31).

Las mujeres, a las que acepta en su compañía (Lc 8,1-3) y pone de ejemplo por sus acciones (Lc 21,1-4) o como protagonistas de sus parábolas (Mt 13,33; Lc 15,8-10), y los niños (Mc 10,13-16; Mt 18,2-4.10; 19,13-14; Lc 18,15-17) son también objeto de la atención de Jesús.

Jesús que ha sido en su vida oculta y sigue siendo durante su misión pública parte de ese pueblo, con el que se identifica y a quien ama, no se deja halagar por él (Mc 10,17-18) ni busca el aplauso de las gentes. Realiza con libertad su misión tanto respecto de su familia (Mc 3,20) como de las tradiciones (Mc 7,5ss), de sus oponentes (Mc 12,13-17) o de los poderes (Mc 11,27-29; 14, 60ss; 15, 2ss; Lc 13,31-33). Cuando sus gestos pueden ser interpretados con un sentido temporal se aparta de las multitudes (Mc 1,38; Lc 5,1516; Jn 6,14-15).

 

 

5.3.9. Jesús y los grupos sociales, religiosos y políticos de su tiempo

 
 

Jesús no se vincula a ningún grupo o corriente social, política o religiosa. Por su actividad de maestro del pueblo y su vida, a la que más próximo estaría es a los fariseos, aunque no militaba entre ellos e incluso aparece enfrentado a ellos debido a sus legalismos, pero también debate con ellos cuestiones doctrinales y acepta ser invitado a su mesa.

Jesús tampoco rehúsa el trato con otros grupos muy distantes de ellos, como los publicanos o recaudadores de tributos para Roma (Mc 2,15), de los cuales había uno entre sus discípulos más próximos (Mt 9,9) como había también un zelota (Mc 3,18), movimiento nacionalista que se oponía a la dominación.

Su distancia era mayor con los saduceos (Mc 12,18ss), corriente a la que pertenecían los altos sacerdotes y dirigentes del Templo de Jerusalén y también lo grandes terratenientes.

Con las autoridades de los ocupantes romanos no aparece en conflicto ni incita a la rebelión. Enseña que debe pagarse el tributo al César (Mc 12,17). Cura a un criado del centurión de Cafarnaum y alaba la fe de este gentil (Mt 8,5ss).

De Herodes Antipas, a cuya jurisdicción pertenecía como galileo, dijo en una ocasión que era un zorro (Lc 13,32) y que había que guardarse de su levadura (Mc 8,15).

En los evangelios también aparece Jesús en relación con los samaritanos, enemistados con los judíos. Jesús no rehúsa el trato con ellos: Habla con una mujer samaritana y permanece unos días en una aldea de Samaria (Jn 4,7-9.40), cura a un leproso samaritano junto con otros y resalta su gesto de gratitud (Lc 17,15-19), en su enseñanza llega a poner a un samaritano como ejemplo de amor al prójimo (Lc 10,30ss) y reprende a sus discípulos cuando quieren pedir que baje fuego sobre una aldea samaritana que no quiso recibirles camino de Jerusalén (Lc 9,53-56).

No faltan tampoco pasajes en los que Jesús trata con paganos. Hacia ellos aparecen actitudes contrapuestas. Por un lado prohíbe a sus discípulos cualquier actividad misionera con los paganos (Mt 10,5) y tiene palabras muy duras para una mujer sirofenicia que le pide la curación de su hija (Mc 7,27). Por otro, atiende y cura a los gentiles, como al criado del centurión (Mt 8,5-13), al endemoniado de Gerasa, aunque no le permite unirse a su grupo (Mc 5,1-20), a los enfermos que venían en grupos de Tiro y Sidón para escucharle (Mc 3,8) y a la hija de la misma mujer sirofenicia de la que reconoce su gran fe (Mc 7,29). A los paganos les promete participar en la salvación (Mt 8,11; 21,43;) y afirma que todos los pueblos comparecerán ante el tribunal de Hijo del Hombre (Mt 25,32).

 
 

5.3.10. Jesús, el Maestro

 
 

Jesús, una vez iniciada su misión, es conocido, y así era llamado por sus contemporáneos, como Maestro o Rabí (Mc 4,38; 9,17.38.; 10,17.35; 11,21; 12,14.19.32; Lc 7,40; 12,13; Jn 1,38.49; 3,2; 6,25; 8,4; 9,2; 20,16; etc.).

Este título solía darse a cualquiera que, versado en la Ley, reunía junto a sí algunos discípulos. Pero Jesús no ha conseguido este título en ninguna escuela (Jn 7,15). Es el reconocimiento público de su actividad y de su doctrina, a la cual las gentes reconocen una autoridad no conocida en otros maestros (Mt 7,29). Aunque hay quienes por ello se escandalizan (Mc) o recelan (Mc 2,6-7; 6,2-3; Jn 6,42.61). El mismo Jesús reconoce para sí este título (Mc 14,14; Jn 13,13).

Como Maestro o Rabí itinerante desarrolla su misión predicando y enseñando públicamente a las multitudes (Mc 2,13; 4,1; 6,34; 8,1; Lc 12,1; etc.), a grupos más o menos pequeños (Mc 2,2; 4,10; 7,1) o a personas determinadas (Mc 10,17-20; Lc 10,39-42; Jn 3,1-21; 4,7-26).

Jesús enseña siempre y en cualquier lugar: en las sinagogas (Mc 1,21; 6,2; Lc 4,15ss), en las plazas de ciudades y aldeas (Mc 6,6; Lc 8,1; 13,22), en una casa (Mc 2,1), a la orilla del Lago (Mc 2,13; 6,34; Lc 5,13), en el campo (Lc 6,17), en el monte (Mt 5,1-2), yendo de camino (Mc 8,27) o haciendo en la barca la travesía del lago (Mc 9,31) e incluso en el Templo de Jerusalén (Mc 12,35; Lc 20,1; 21,37-38; Jn 8,2).

Muchos le escuchan pero algunos le siguen como discípulos (Lc 6,12; Mc 3,7;8,34; Jn 6,66).

Los Evangelios nos presentan un grupo de discípulos que junto con algunas mujeres (Lc 8,1-3) le siguen de manera estable y a los que dirige su enseñanza de forma particular (Mc 9,31; 4,34; Mt 16,13). De algunos de estos discípulos narran su vocación (Mc 1,16-20; 2,14; Jn 1,37ss), así como la institución de un grupo diferenciado que denominan como los Doce, a los que les da una formación especial (Mc 6,30-31; 10,32-34) asociándolos de manera particular a su misión (Mc 3,14-15; 6,7). Aún dentro de este grupo hay tres de los que se hace acompañar en ocasiones excepcionales (Mc 5,37; 9,2; 14,33).

Jesús trata a sus discípulos, especialmente a ese grupo que le acompaña habitualmente, como amigos, compartiendo con ellos su vida en confianza y mutua simpatía y amor (Mc 10,24-27; Lc 12,4.32; Jn 15,15). Los defiende de quienes les acusan de faltar a la Ley (Mc 2,24-26; Mt 15,1ss) o de no observar ciertas prácticas religiosas (Mt 9,14-15), les confía sus inquietudes (Mt 17,24-27), les abre su corazón (Jn 13,31-17,26) y anuncia los sucesos que le esperan (Mc 8,31; 9,31), con ellos sube a Jerusalén para las fiestas (Mt 26,1.17; Lc 9,51,55) y con el grupo que le acompaña celebra la Pascua (Mc 14,12).

A veces tiene que corregirlos, en incluso regañarlos por su falta fe y de confianza en Él (Mt 14,31; Mc 4,37-41) y porque no acaban de entenderle ni a Él ni el sentido de sus palabras y su misión (Mc 8,14-21; Lc 9,55). Unas veces lo hace con grandes dosis de paciencia (Mc 10,41-45; Lc 22,31-33) y otras emplea un lenguaje duro (Mc 8,33).

Ellos, que en ocasiones han mostrado su adhesión (Jn 6, 68-69) y hecho solemnes promesas de fidelidad (Mt 26,33.35; Jn 13,37), en los momentos decisivos le abandonan (Mc 14,50), le niegan (Mc 14,66-70) e incluso le traicionan (Mc 14,10). Aunque uno de ellos, junto a la Madre de Jesús y las mujeres, estuvo en el Calvario (Jn 19,25-27).

Pero Jesús, una vez resucitado los busca y les confía la misión de anunciar la salvación en su nombre (Lc 24,36-48).

 
 

5.3.11. Los acontecimientos decisivos

 
 

Toda la vida de Jesús tiene un punto culminante hacia el que se dirige: su “hora”, la hora de pasar de este mundo al Padre (Jn 13,1) que tantas veces anunció (Mc 8,31; 9,31; 10,33-34), a la que se dirigió con decisión (Lc 9,51; 19,28) y que es la culminación de su misión (Jn 12,27-28).

 
 

5.3.11.1. La Última Cena

 
 

Jesús había subido a Jerusalén con sus discípulos a celebrar la Pascua. Al aparecer la primera estrella, momento en que comienza el día para los judíos, Jesús, se sienta a la mesa con sus discípulos para celebrar la cena ritual de la Pascua judía (Lc 22,13-15). Aunque las diferencias entre el Evangelio de Juan y los sinópticos han suscitado discusiones sobre el carácter de la cena que celebró Jesús con sus discípulos aquel último día, existen razones suficientes para afirmar que lo que celebraron fue la cena pascual judía según el ritual establecido [Consultar: La Pascua de Jesús en su Tiempo y en el Nuestro. Vicente Serrano. Ediciones San Pablo]. En aquella cena, Jesús introduce unas palabras nuevas (Lc 22,19-20) con las que instituye la Eucaristía: Recoge un rito que existía y le da un contenido nuevo, con el mandato de repetirlo en memoria suya (Lc 22,19). De este modo, aquella cena que conmemoraba y actualizaba una libertad, la de Israel de la esclavitud de Egipto, por la sangre del cordero, sería en adelante la cena de otra libertad, ofrecida y abierta a todos los hombres, la de la esclavitud más profunda del mal y del pecado, por la sangre de Jesús, cordero de la nueva Pascua.

 
 

5.3.11.2. El proceso

 
 

Terminada la cena, como otras noches estando en Jerusalén, salió a las afueras de la ciudad y se retiró a orar (Lc 22,19). Estando en oración tuvo lugar su agonía (Lc 22,41ss y par.), el prendimiento por parte de los guardianes y servidores del Templo, dirigidos por Judas Iscariote y el abandono de sus discípulos que huyeron (Mc 14,43-52). Fue conducido al palacio del Sumo Sacerdote. Aquí es interrogado y vejado (Mc 14,53-65). Pasada la noche, es conducido al Prefecto romano para acusarlo y pedir su ejecución, a la que accede bajo la presión de las autoridades religiosas y de la multitud manipulada por ellos. Allí, en el palacio del Procurador, es flagelado por orden de éste y sufre de nuevo las burlas de sus verdugos que le coronan de espinas y le atavían de rey (Mc 15,1-20).

También aquí las diferencias entre los relatos evangélicos han suscitado discusiones entre los estudiosos. Sin entrar en ellas, y para entender desde un punto de vista humano estos hechos, hay que precisar algunos aspectos:

- Lo que atrajo sobre Jesús la enemistad de los dirigentes religiosos de su pueblo fue la libertad con que actuaba, exenta de todo compromiso y siempre fiel a la Misión que del Padre había recibido.

- Quienes condenan a Jesús y lo llevan ante el Procurador, porque ellos no podían ejecutar una sentencia de muerte, son los Sumos Sacerdotes, instigadores y promotores de la conjura, los ancianos y los servidores del Templo, todos ellos saduceos.

- Ni ante el Sanedrín ni siquiera ante el Procurador parece que existieran verdaderos juicios con los requisitos formales exigidos, pues los interrogatorios en ambos casos están llenos de irregularidades.

- La sentencia de muerte, como correspondía legalmente, la dictó el Procurador romano. Sin ésta hubiera sido imposible la crucifixión.

- El pueblo, que aparece implicado en la condena de Jesús según los relatos (Mt 27,25), son los que cabían en el reducido espacio ante el pretorio, la gente concentrada para pedir, según la tradición, la liberación de un preso con motivo de la Fiesta (Mt 27,5). Pero junto a estos hay una gran muchedumbre y mujeres que lloraban que siguieron a Jesús en su camino al Calvario (Lc 23,27.48).

 
 

5.3.11.3. La muerte

 
 

Desde un punto de vista humano, la causa de la muerte de Jesús fue política: Amenazaba el orden establecido y guardado por la “pax romana”. Ésta fue la acusación que los Sumos Sacerdotes hicieron ante Pilato, proclamarse rey, como se escribió en la tablilla que publicaba la causa de la condena.

La crucifixión era el modo de ejecución para este tipo de delito empleado por los romanos. Un tormento tremendamente cruel, en que el reo acaba muriendo por asfixia.

Jesús, extremadamente debilitado por las torturas padecidas, muere más deprisa que lo esperado por los ejecutores.

Ha entregando su vida libremente (Jn 10,18) y, consciente de consumar con ello la misión para la que el Padre le ha enviado al mundo (Jn 12,27), muere perdonando (Lc 23,34).

 
 

5.3.11.4. La Resurrección

 
 

Cuando los dirigentes religiosos de Jerusalén y las poderosas familias sacerdotales vieron morir a Jesús, pensaron que todo había acabado y que aquel galileo habría sido uno más de los falsos mesías que por entonces aparecieron. Pero pocos días después empezó a correr por Jerusalén la noticia de que había resucitado. Así lo proclamaron los discípulos ante la gente en la fiesta de Pentecostés (Hch 2,14 ss).

El sepulcro vacío y las apariciones a las mujeres y los discípulos son los datos que nos transmiten los evangelios sobre este hecho extraordinario, que ni ellos mismos aceptaron en principio con facilidad (Lc 24,11.17; Jn 20,25), pero con el que empieza la fe en Jesucristo que da origen a las primeras comunidades cristianas, ha alimentado a la Iglesia a lo largo de los siglos y cambió el curso de la Historia.

 
     
     
     
     
     
     

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6.- BREVE RESEÑA DE CADA UNO DE LOS LIBROS DE LA BIBLIA

 
  (Seguimos el orden tradicional en el que aparecen los libros en la mayor parte de las traducciones de uso corriente)  

6.1. ANTIGUO TESTAMENTO

 
 

6.1.1. PENTATEUCO

 
   

 

 

Esta formado por los cinco primeros libros de la Biblia, constituyen la Ley (Torá) de los judíos. La denominación de cada uno de los libros que hoy conocemos, es la que les da la Biblia griega que los denomina por su argumento. En estos cinco libros encuentran los judíos el fundamento de su religión.

 

 
 

GÉNESIS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

Contiene la respuesta del pueblo de Israel, a las preguntas que como todos los pueblos de su entorno (Oriente medio) se hizo sobre el origen del mundo que contemplaba y sobre sus propios orígenes. Tomando elementos comunes en todas las culturas del Oriente Medio antiguo descubrió que todo era consecuencia del amor Yahveh a su pueblo.

Esa Historia de amor empezó cuando Dios creó el mundo. Es lo que narra en sus primeros capítulos. La narración de la creación del mundo está hecha de un modo simbólico: Dios va creándolo todo: la luz, el día... y por fin crea al hombre (Gn 1, 26-27).

Cuando Dios vio lo que había creado, vio que era bueno. Pero el hombre desobedeció a Dios y tuvo que abandonar el paraíso. Con su desobediencia entró el desorden en la creación. Desde entonces el hombre vivió esclavo del pecado.

Pero como Dios seguía amando al hombre, eligió a uno para hacer de él un pueblo que fuera fiel a Dios. Este hombre se llamaba Abram. La historia de Abram y los demás patriarcas, cuyo modo de vida era similar al de los demás pueblos del próximo oriente, explican el origen del pueblo de Israel. Esta historia, que se narra a partir del Capítulo 12, no es una historia en el sentido moderno de la palabra, sino un relato, transmitido primero oralmente, cuya finalidad es expresar el plan divino sobre el pueblo de Israel.

 

 
 

ÉXODO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

El libro del Éxodo contiene los dos grandes acontecimientos que están en el centro de toda la historia de la salvación: la liberación de Egipto y la Alianza del Sinaí. Normalmente se data en el s. V aC, aunque los hechos a los que se refiere abarcan desde el s. XIV aC., época de los faraones que levantan los grandes monumentos de Egipto, hasta el s. XIII aC.

El relato del libro del Éxodo retoma la historia de los descendientes de Abraham que habían emigrado a Egipto porque la tierra donde vivían se vio asolada por el hambre, pero, en realidad, entre los últimos Patriarcas y la época de Moisés transcurren 430 años de los que no hay noticia. Según relata el Éxodo, con el tiempo, los egipcios, que eran un pueblo poderoso, los sometieron a la esclavitud. Yahveh recordando su promesa a Abraham eligió a Moisés para que los librase (Éxodo 3,9-10). Moisés, sacó, con la ayuda de Yahveh, a los hebreos de Egipto y los condujo por el desierto a la Tierra Prometida. Camino de la Tierra Prometida, mientras atravesaban el desierto, Yahveh hizo Alianza con su pueblo en el monte Sinaí (Éxodo 19, 5-6)

Este libro contiene relatos procedentes de fuentes muy diversas, algunas muy antiguas como el “Cántico de María”, una de las primeras obras de la poesía hebrea. Los núcleos primitivos se transmitieron oralmente y cada tribu fue introduciendo nombres o hechos de la propia tradición. Contiene relatos de carácter épico a través de los cuales expresa un hecho trascendental: la actuación de Yahveh en la historia de Israel.

 
 

LEVÍTICO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

Es un libro litúrgico y legal con normas sobre la tienda de reunión del pueblo y los sacrificios, etc. Contiene normas y leyes, muchas de ellas de conducta moral muy elevada, que son formas de santidad a la que está llamado todo el pueblo. Estas normas y leyes convergen en la máxima “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv 19,18). Aunque los hechos a que se refiere corresponden al tiempo de Moisés y en su núcleo fundamental contenga tradiciones antiguas, su fecha de composición hay que situarla en el tiempo del exilio o poco después, como resultado de la reflexión de sacerdotes desterrados.

 
 

NÚMEROS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

Este libro, como los demás del Pentateuco, provine de varias fuentes de diversas épocas. Más que una narración es un tratado teológico, una interpretación sacerdotal de acontecimientos anteriores. Describe la formación del pueblo que comienza en los últimos días de su estancia en el Sinaí y termina cuando acampan en los llanos de Moab junto a Canaán. Enseña cómo Yahave actúa en la historia, cómo habita en su pueblo y cómo, a pesar de la infidelidad de éste, cumple su designio de amor y lleva al pueblo a la Tierra Prometida.

 
 

DEUTERONOMIO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

Deuteronomio significa “segunda Ley” y es el nombre que se da a este libro en la Biblia Griega. Relata la misma historia bajo la forma de siete discursos de Moisés en los llanos de Moab. Contiene una teología de la Alianza y sus exigencias morales, así como la respuesta del pueblo que se expresa en el “Shema” (Dt 6,4), profesión de fe del pueblo judío hasta la actualidad. Este libro, según la investigación actual, contiene tradiciones muy antiguas transmitidas en el Reino del Norte y recopiladas después en Judá. La fecha de composición puede situarse en tiempo del Exilio y constituye el núcleo de la tradición deuteronomista.

 
 

6.1.2.  LIBROS HISTÓRICOS

 
       

Los libros que tradicionalmente se agrupan en nuestras Biblias bajo este nombre no son historias en el sentido que nosotros entendemos la historia. En la Biblia hebrea no existe esta denominación. Llama "Profetas anteriores" a Josué, Jueces, 1-2 Samuel y 1-2 Reyes, pues narran hechos históricos desde la fe "yahvista". Rut, 1-2 de las Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester, están comprendidos entre los Escritos. Tobías, Judit y 1-2 Macabeos no son admitidos como libros sagrados por los judíos.

   

 

JOSUÉ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es la continuación del Pentateuco. En el libro de Josué se encuentra el cumplimiento de la promesa repetida en los primeros cinco libros. Contiene relatos de conquista de ciudades cananeas por los hebreos bajo el mando de Josué después de morir Moisés, así como otros sobre el reparto de la tierra de Canaán entre las tribus.

En su primera parte muestra la preocupación por la influencia de las costumbres cananeas que podría desviarles de la fidelidad a Yahveh, por lo que los cananeos deben ser totalmente destruidos. En la segunda, posiblemente escrita en el Exilio, se presenta a Josué distribuyendo el territorio entre las tribus. Resalta cómo la acción de Yahaveh es la que hace posible la conquista de la tierra e insiste en el tema de la Alianza y la exigencia de fidelidad del pueblo, que ha sido escogido gratuitamente, para poseer la tierra.

 

 

JUECES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asentados en Canaán el pueblo se contamina con las costumbres cananeas y Yahveh, al mismo tiempo que les hizo conocer las consecuencias de su pecado y de su infidelidad a la Alianza, les envió hombres carismáticos que les libraron de sus enemigos. Estos hombres fueron los Jueces.

El libro de los jueces incluye una serie de narraciones comprendidas entre la muerte de Josué y el nacimiento de Samuel. Las más antiguas proceden de traiciones ancestrales de héroes de las distintas tribus. En los primeros tiempos de la monarquía se añadieron nuevas narraciones y se les dio un nuevo significado para que las viejas leyendas adquirieran dimensiones nacionales.

 

 

1 y 2 SAMUEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estos dos libros hablan del juez Samuel y de los primeros reyes de Israel, Saúl y David. En principio formaban una unidad y se dividieron en dos en la Biblia Griega.

En ambos libros se entremezclan diversas narraciones y hay repeticiones y contradicciones frecuentes. De sus relatos se desprende que el pueblo creyó que la solución de sus males estaba en tener un rey como los demás pueblos. Por orden de Yahveh, Samuel, el último de los Jueces, consagró al primer rey, Saúl. Así nació la monarquía que permaneció unida bajo sus sucesores David y Salomón, pero se dividió a la muerte de éste, surgiendo dos reinos distintos: Israel, al norte, con diez tribus, y Judá, al sur, con dos tribus.

 

 

1 y 2 REYES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También estos dos libros formaban en su origen uno solo y fueron divididos en la Biblia Griega donde formaban con 1 y 2 Samuel el conjunto de los llamados Libros de los Reinos.

Comienzan con la sucesión de David y presentan una visión teológica del reinado de Salomón, la división de los reinos y su existencia separada hasta su respectiva destrucción. El Reino del Norte, Israel, desaparece en el 722 aC conquistado por los asirios, que deportaron a gran parte de su población. Estas tribus llegan a desaparecer de la Historia, por eso en adelante se hablará de un solo pueblo al que se llamará judío porque desciende la tribu de Judá. El Reino del Sur, Judá, permaneció independiente hasta el 586 aC, que fue conquistada por los babilonios, quienes también desterraron a la gente principal. Pero éstos retornaron.

En estos libros aparecen nuevos personajes: los profetas, y contienen la historia de los dos primeros grandes profetas de Israel: Elías y Eliseo, defensores de la fe yahvista.

 

 

1 y 2 CRÓNICAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estos dos libros con Esdras y Nehemías, constituían en su origen un conjunto que pretendía ser la Historia de Israel desde los orígenes del mundo. Los cuatro libros, cuyo autor se conoce con el nombre del Cronista, ofrecen una visión teológica de esa Historia.

El libro Primero de las Crónicas contiene las tablas genealógicas de esos orígenes y cuenta la historia del Reino a partir de la muerte de Saúl, incluyendo la organización del culto del templo cuya edificación, según este libro, prepara David.

El Segundo, narra el reinado de Salomón y la construcción y dedicación del templo por este Rey. Continúa con la historia del Reino de Judá hasta la deportación a Babilonia.

 

 

ESDRAS Y NEHEMÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estos dos libros narran las misiones de ambos personajes para reconstruir, tras el retorno del Exilio, material y moralmente al pueblo, que vive una realidad lejana de los anuncios de los profetas: Judá se reduce a un pequeño territorio empobrecido, dentro de una satrapía persa, lo cual choca con las esperanzas de triunfo y derrota de los enemigos suscitadas por aquellos anuncios.

 

 

RUT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Libro tardío. Probablemente del s. IV aC. Parece suponer una antigua tradición sobre el origen moabita de Rey David del que Rut es ascendiente. Es un libro de edificación que cuenta el destino de dos mujeres: Noemí y Rut, que se mantienen fieles y unidas en la buena y mala fortuna. El nacimiento de un niño es signo de los tiempos mejores que se esperan.

 

 

TOBÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Narración novelada con finalidad de enseñar y edificar, que cuenta la historia de un judío piadoso que vive en Nínive y permanece fiel a Yahveh en medio de una sociedad pagana. Habiendo quedado ciego, Yahveh le hace recobrar la vista por medio de un ángel: Rafael. La enseñanza es que el mal y el fracaso son transitorios y que vendrá la prosperidad si uno observa la Ley y ejerce la caridad con el prójimo. Su fecha de composición más probable es la primera mitad del siglo II aC.

 

 

JUDIT

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Libro tardío de la mitad del s. II aC. Es una interpretación novelística de la Historia de Israel. Judit no existió como personaje histórico. Es un prototipo de que Yahveh salva a su pueblo, -en este caso por una mujer- cuando se vuelve y confía en Él.

 

 

ESTER

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es también otra narración novelada del s. II aC. en la época macabea. Su enseñanza es que los enemigos del pueblo judío, a pesar de su aparente triunfo, terminarán por ser castigados, mientras el pueblo será salvado y recompensado.

Ambientada en la corte de Persia, refleja, en realidad, la persecución del tiempo de Antioco IV Epífanes. Hay detalles de crueldad.

 

 

1 y 2 MACABEOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es la historia de la revuelta de los Macabeos y su triunfo ante los reyes helenistas de Siria. No son dos partes de la misma historia, sino dos obras sobre un mismo tema.

El Primero es más bien un libro de batallas, con muy poco culto y devoción personal en el que Yahveh apoya a los combatientes de manera providencial.

El Segundo es una narración bastante teatral, no una historia. Aprovecha datos de la historia para una enseñanza religiosa acerca de la elección de Israel, la Alianza, el Templo, la Resurrección, etc.

 

 

6.1.3. LIBROS PROFÉTICOS

 

 

 

 

 

La tradición cristiana distingue cuatro Profetas mayores: Isaías, Jeremías (a quien se añade Lamentaciones y Baruc), Ezequiel y Daniel; y doce menores: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás Miqueas, Nahum Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías. Esta distinción sólo se debe al volumen de sus oráculos. En la Biblia hebrea, exceptuando el libro de Daniel que se encuentra entre los Escritos, a todos estos libros se les denomina Profetas posteriores.

 

 

 

ISAÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contemporáneo de Amós y Oseas, pero en el Reino del Sur (Judá), fue Isaías, uno de los grandes profetas, cuyos oráculos dirigidos a su Reino eran similares y tenían la misma finalidad que los que aquellos dirigieron al reino del Norte. Isaías (Is 1-39) es el anunciador del tiempo mesiánico, unos tiempos ideales futuros que eran como un retorno a la época del paraíso. Los cristianos, más tarde, verán cumplidos dichos oráculos en la persona de Jesús.

 En el mismo libro de Isaías se encuentran oráculos de otros dos profetas cuyos nombres desconocemos: uno en los capítulos 40-55 a cuyo autor se le ha dado el nombre de Segundo Isaías. Se supone que vivió en el exilio de Babilonia en la segunda mitad del s. VI aC y su misión fue dar ánimos a los desterrados y alentar su esperanza de un pronto retorno a Judá. Por eso se le conoce como el "profeta de la consolación". Entre sus oráculos se encuentra el celebre poema del "Siervo de Yahveh", que los cristianos hemos identificado con Cristo

 El otro profeta, al que se le ha dado el nombre de Tercer Isaías y se supone que vivió en Jerusalén después del retorno de los exiliados, por tanto al final del s. VI aC., tiene sus oráculos en los capítulos 56-66 del mismo libro de Isaías. Su misión fue despertar las esperanzas del pueblo ante las dificultades existentes y la frustración que se apoderó de muchos, al no ver plasmados los tiempos ideales que les habían anunciado.

 

 

JEREMÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También del reino del Sur, posteriores a Isaías, son Jeremías y Ezequiel. Jeremías, natural de una población próxima a Jerusalén, a finales de la monarquía y del siglo VII aC., tuvo la difícil misión de condenar los pecados de los dirigentes políticos y religiosos y de favorecer un entendimiento con los babilonios, la potencia política y militar de aquel tiempo. Combate la idolatría instaurada por el rey Manasés. Con su enseñanza contribuyó a propiciar el clima del que nació la reforma religiosa del rey Josías. Cuando los Babilonios conquistaron Jerusalén (586 aC.) pudo permanecer en la ciudad con los que allí se quedaron, pero desde Judá ayudó a mantener el ánimo de los exiliados. Por sus oráculos fue considerado traidor, perseguido e incluso condenado a muerte y posteriormente salvado. Aunque llegó a sentir la desesperación pudo más la fuerza de la Palabra de Dios.

 

 

LAMENTACIONES

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Según la tradición, Jeremías sería el autor de este libro que se compone de cuatro elegías, mezcladas con plegarias a Yahveh y confesión de los pecados, y una oración comunitaria por Jerusalén tras su destrucción por los babilonios.

Los lamentos fueron escritos por un testigo ocular que expresa su sentimiento personal así como la reflexión  que le lleva a dar a los hechos un sentido teológico: La destrucción de Judá es consecuencia de la ira de Yahaveh a causa de los pecados del pueblo, siendo los principales responsables los sacerdotes y los profetas cultuales. Indica, como medios para superar la crisis de fe, la oración y el arrepentimiento.

 

 

BARUC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Baruc fue secretario y compañero de Jeremías, aunque el libro que lleva su nombre no le pertenece. Su composición se debe a varios autores y no es anterior al año  300 aC. El autor se sirve de la historia del Exilio para señalar a la diáspora helenista el camino de la salvación y darle confianza en ella.

 

 

EZEQUIEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Procedía de una familia sacerdotal y fue deportado en el año 597 aC. (primera deportación). En Babilonia recibió su vocación profética. Igual que Jeremías en Jerusalén, Ezequiel ejerció un gran influjo entre los deportados. La acción de estos dos grandes profetas fue determinante en la renovación espiritual del pueblo.

A Ezequiel se le ha llamado padre del judaísmo. Cambió la concepción de Yahveh como Dios de un territorio anunciando la presencia divina allí donde están los creyentes. Asimismo enseña que la responsabilidad personal, el valor de la conducta humana y la conversión del corazón por la fuerza del espíritu de Dios es lo que hace irrevocable la Alianza.

 

 

DANIEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entre los libros proféticos se encuentra en muchas Biblias, después del libro de Ezequiel, el de Daniel como uno de los profetas mayores; pero ni en la Biblia hebrea, ni en las modernas versiones (cfr. Cantera-Iglesias) se halla en el apartado de los profetas sino entre los Escritos (3ª parte de la Biblia). Es un libro difícil, en gran parte apocalíptico, que surge, como otros muchos -Tobías, Judit, Ester- en el tiempo de la persecución de Antioco IV Epífanes (reino helenista de Siria) que quiso imponer a los judíos no sólo la cultura helenista sino la religión. Describen una situación semejante de dominio extranjero y persecución para animar a permanecer fieles a Yahveh y a su religión, como los protagonistas de dichos libros.

El libro de Daniel tiene dos partes. La primera es la historia de Daniel y sus compañeros, la segunda, las visiones de Nabucodonosor y su interpretación. El mensaje de ambas es que Dios triunfa y los poderes del mal serán derrotados, por eso quienes permanecen fieles también alcanzarán el triunfo.

 

 

OSEAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contiene una serie de Oráculos pronunciados en ocasiones diferentes que fueron agrupados por los discípulos del profeta. Amonesta a un pueblo que había adquirido prosperidad económica y a causa de ella cayó en la relajación religiosa y moral. Denuncia las injusticias sociales y las guerras fraticidas que vive el pueblo. Anuncia la restauración basada en la fuerza liberadora de Dios.

 

 

JOEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece que Joel fue un profeta cultual asociado al templo y su mensaje es escatológico. Habla del “Día de Yahveh” como día de salvación para Israel. Es un libro postexílico tardío.

 

 

AMÓS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Procedente de la parte oriental del desierto de Judea, deja su ganado y hacienda para cumplir su misión profética en el Reino del Norte, donde denuncia los males sociales que existen en el reinado de Jeroboam II, tiempo de prosperidad de la que sólo disfrutan unos pocos. Combate la idea de que la “elección” garantizaba para Israel la protección de Yahveh así como la actitud de sustituir las exigencias de la Alianza por el culto. Anunció la ruina de Israel si no hacía penitencia, lo que sucedió poco después cuando el Reino fue arrasado por los Asirios.

 

 

ABDÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es el libro más corto del Antiguo Testamento. Va dirigido contra Edom que quedó como prototipo de pueblo opresor de Israel. Se compone de cinco dichos que contienen una promesa para Israel. Es probable que Abdías fuera uno de los profetas cultuales que quedaron en Palestina después de la deportación a Babilonia. Habla, como Joel, del “Día de Yahveh” como día de juicio contra las naciones que oprimen a Israel.

 

 

JONÁS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El libro de Jonás no es un libro profético, aunque tanto la tradición judía como la cristiana le colocan entre los profetas. Fue escrito por un autor piadoso con miras más universalistas que sus contemporáneos para hacer ver que Yahveh es también Dios de los demás pueblos, incluso de los Asirios, pueblo prototipo de los perseguidores de Israel. Describe a un profeta rebelde que quiere escapar de la misión que se le propone y se enoja porque, en vez de cumplir su amenaza, Dios se apiada de aquel pueblo que hizo penitencia. Parece que fue escrito hacia el siglo IV aC.

 

 

MIQUEAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Procede de una aldea campesina próxima a Jerusalén y parece que su actividad comenzó antes de la destrucción del Reino del Norte. En este libro, que sigue un esquema escatológico, junto con partes del mismo profeta hay otras que se añadieron posteriormente. Denuncia la opresión de los pobres en beneficio de los ricos y desprecia a los profetas cultuales que hablan para complacer a los poderosos. Presenta al Mesías como Rey pacífico que saldrá de la pequeña Belén.

 

 

NAHUM

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este libro se abre con un salmo alfabético que sirve de introducción a los oráculos del profeta. responde al tipo de profecía optimista de fuerte nacionalismo dominada por el elemento cultual.

 

 

HABACUC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es un profeta profesional, posiblemente asociado al Templo de Jerusalén, que dirige su oráculo contra las naciones. Es también un profeta nacionalista. Reconoce que Israel ha pecado pero se pregunta por qué Yahveh lo castiga por medio de un pueblo aún más pecador. Mantiene su fe en un Dios que viene en ayuda de los injustamente tratados y posee poder para gobernar la historia sirviéndose de las naciones como instrumento de su voluntad.

 

 

SOFONÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desarrolla su misión en tiempo del rey Josías. Parece que los dichos de Sofonías circularon primero sueltos y se añadieron después otros. El “Día de Yahveh” es concepto clave de este libro, pero aquí es también día de juicio y castigo para Judá, no sólo para las naciones. Pero si el pueblo se vuelve a Yahveh, un “resto”, los pobres y humildes que sólo confían en Dios, escapará de la catástrofe y vivirá en paz sobre el monte Sión.

A partir de él se configura una nueva literatura de los pobres de Yahveh.

 

 

AGEO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Profeta postexílico, posiblemente cultual de Jerusalén, que habría vuelto con los desterrados que retornaron. Hace una llamada para reconstruir el Templo frente a la apatía general. En este libro se encuentra por primera vez la esperanza mesiánica aplicada a una persona concreta (Zorobabel, gobernador de Judea), que luego se trasladaría a un descendiente de la dinastía de David.

 

 

ZACARÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Parece que Zacarías era de ascendencia sacerdotal y que regresó del exilio junto con Zorobabel. Se preocupa de la reconstrucción del Templo, símbolo de la presencia de Dios, pero sobre todo se orienta hacia la época escatológica y contribuye a la purificación de la religión de Israel.

En la primera parte del libro abundan las visiones cuyo mensaje se basa en tradiciones proféticas anteriores, con especial acento en el aspecto ético y la pureza de la religión. Anuncia la época escatológica y la renovación previa de la nación. La segunda y tercera parte del libro son bastante diferentes y pudieran ser de otros autores y de épocas posteriores.

 

 

MALAQUÍAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Probablemente fue en principio una parte añadida a Zacarías que luego se independizó para completar el número de 12 profetas. Malaquías no es un nombre propio, significa “mi heraldo”. Se dirige a una comunidad que no ha visto cumplidas las expectativas mesiánicas de los profetas anteriores como Ageo y Zacarías, y esa decepción le lleva a la indiferencia y a descuidar el culto. Habla de la llegada del “Día de Yahveh” como ineludible aunque indeterminada, y como día de juicio para Israel. Acentúa el universalismo de la religión de Israel.

 

 

6.1.4. LIBROS POÉTICOS Y SAPIENCIALES

 
       

La literatura sapiencial de Israel estuvo muy influenciada por las literaturas similares del Oriente Medio antiguo, pero sale al paso de la influencia de esas otras culturas buscando la comprensión de la realidad desde su fe Yahvista.

La finalidad de la literatura sapiencial es ofrecer una guía práctica de la vida, enseñar el secreto de una existencia feliz y las formas del comportamiento humano, dar consejos que ayuden a solucionar los problemas que la vida plantea cada día.

Estos libros están en la Biblia hebrea entre los Escritos, salvo Sabiduría y Eclesiástico que no constan en el canon judío.

   
 

JOB

                     
    Es una obra anónima que lleva por título el nombre de su personaje principal. Posiblemente fue compuesta en Palestina después del Exilio. Trata el problema del mal y del sufrimiento en el mundo, del lugar del dolor en relación con la Providencia y del concepto de la justicia divina.  
 

SALMOS

                     
   

Los Salmos son cantos y poemas nacidos muchos de ellos al calor del Santuario. Su contenido es muy variado y forman parte de un movimiento común a todos los pueblos del Oriente Medio antiguo.

El Libro de los Salmos, que tradicionalmente se ha atribuido a David, aunque ya S. Jerónimo lo rechazó, se formó a partir de colecciones antiguas y obras que preceden del Templo postexílico. Muchos salmos van precedidos de encabezamiento y autor, pero estas anotaciones son posteriores y no responden ni al autor ni a la fecha reales. Sólo unos pocos salmos serían anteriores al exilio.

Los salmos son la colección poético religiosa más importante del mundo. Abarcan todos los sentimientos humanos y siguen siendo utilizados tanto en la liturgia judía, por lo que también Jesús los rezó, como en la cristiana desde los primeros tiempos.

 
 

PROVERBIOS

                     
   

Este libro se atribuyó tradicionalmente a Salomón, pero es una recopilación de colecciones pertenecientes a la literatura sapiencial, no sólo israelita, que procede de diversas épocas, aunque la corriente sapiencial en Israel pudo arrancar de la época de Salomón.

Las colecciones más antiguas son muy similares a la literatura sapiencial de tipo práctico existente en los pueblos del Oriente Medio para la educación de los funcionarios de las cortes reales. Las más tardías incorporan rasgos propios de la teología de Israel identificando la sabiduría con el temor de Dios y el cumplimiento de la Ley e incluso con el mismo Dios.

 
 

ECLESIATÉS

                     
    Su nombre hebreo “Qohelet” significa “predicador” que habla a la Asamblea. Es un libro tardío de autor desconocido. Está dentro de la corriente sapiencial, pero descubre, en contra de lo que ésta sostenía con anterioridad, que la felicidad no es algo que siempre acompaña a los justos. Afirma que nada en la Tierra puede satisfacer el corazón del hombre, ni siquiera la misma sabiduría. sus observaciones escépticas se mezclan con consejos prácticos y algunas afirmaciones de carácter religioso más positivo.  
 

CANTAR DE LOS CANTARES

                     
   

Parece que se trata de una colección de cantos de amor en origen independientes, similares a otros egipcios. recogería cantos antiguos que fueron redactados definitivamente después del exilio.

Tanto la tradición judía como la cristiana lo interpretan de forma simbólica aludiendo unos a la relación de Dios e Israel y otros a Cristo y la Iglesia o el alma. Pero lo que el libro exalta es el amor y la atracción entre los sexos que está en la base del matrimonio.

 
 

SABIDURÍA

                     
   

Este libro es un tratado griego escrito entre los siglos II y I aC. Su autor es un judío ortodoxo con conocimiento de la filosofía helenista y atribuye, como artificio literario, su autoría a Salomón, prototipo de rey sabio para Israel.

Reflexiona sobre los problemas de la existencia humana a la luz de la Historia de Israel y de la fe yahvista, desde el ambiente de la diáspora judía que por una parte quiere ser fiel a la fe de su pueblo y por otra participa de la cultural del mundo helenista en que vive.

Aparece en este libro por primera vez en la Biblia, la palabra inmortalidad y señala que el sentido de la vida se encuentra más allá del presente.

No está incluido en el canon de la Biblia hebrea.

 
 

ECLESIÁTICO

                     
   

Su autor, Jesús ben Sira, era de Jerusalén y escribió el libro en hebreo hacia el año 180 aC. Fue traducido al griego por su nieto en el año 132 aC. en Egipto.

El país vivía bajo la dominación griega de los seleúcidas que llevaron a Israel las costumbres paganas y la helenización cultural a la que sucumbió la clase dirigente. Cuando más tarde trataron de imponer también la religión se produjo la rebelión de los Macabeos. El autor se opone a esas novedades con la fuerza de la tradición y a la sabiduría griega opone la judía que viene de Dios y se identifica con la Torá.

Tampoco este libro se encuentra en el canon de la Biblia hebrea.

 

 
 

6.2. NUEVO TESTAMENTO

 
 

6.2.1. los Evangelios

 
   

 

 

Evangelio significa "Buena Noticia". Son la "Buena Noticia" sobre Jesucristo.

Nacieron en diversas comunidades cristianas con el fin de mantener la enseñanza de quienes fueron testigos de los acontecimientos cuando estos empezaron a faltar y las comunidades cristianas se extendían y multiplicaban.

Aparecieron sin título y sin nombre de autor. Más tarde, ya en el s.II, se atribuyeron a dos apóstoles: Mateo y Juan, y a dos discípulos de apóstoles: Marcos y Lucas.

   
 

MARCOS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

En orden cronológico fue el primer evangelio que apareció.

Se data comúnmente antes del año 70, pero sin precisar el año. Como lugar de aparición, Roma, aunque otros señalan otros lugares, p.e. el sur de Siria.

Por aquellos años 60-70 Palestina y Roma atravesaban una situación de crisis y han ido desapareciendo los testigos de los hechos. Ambas cosas obligan a los cristianos a recordar sus orígenes para hacer frente a la crisis.

Marcos, que no pretende escribir una crónica de la vida de Jesús, ofrece una visión de su ministerio tal como lo veían él y su comunidad. Recoge las tradiciones de la comunidad en que vivía y con la que compartía alegrías, sufrimientos y esperanzas.

Se afirma que este primer evangelio sirvió de fuente para la redacción de los de Mateo y Lucas, aunque estos tuvieran también sus propias fuentes.

 
 

MATEO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

Parece que su autor fue un judeo-cristiano. Hoy nadie lo atribuye al apóstol Mateo. En cuanto a la fecha, la mayoría se inclina por los años 80-85, y como lugar de origen, Siria.

El autor presenta una comunidad viva a la que él pertenece y de la que al parecer es su animador.

Su libro es una catequesis dirigida a iglesias judeo-cristianas que revisan su trayectoria a la luz de la vida y enseñanzas de Jesús, por la necesidad de hacer frente al judaísmo oficial. Marca una continuidad con el judaísmo, pero al mismo tiempo, su ruptura.

Según él, Jesús es el nuevo Moisés que trae una nueva revelación de parte de Dios. Lo presenta en contraste con los escribas, maestros del judaísmo.

 
 

LUCAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
   

 

La opinión tradicional es que este evangelio fue escrito por Lucas, médico griego, que formó parte del grupo de San Pablo. Hoy se admite generalmente, que su autor es un cristiano de origen pagano, que no tuvo contacto con los hechos que conoció a través de quienes fueron testigos oculares y servidores de la palabra. Pertenece a la segunda o tercera generación cristiana.

Su composición se fecha alrededor del año 80, pero no se sabe con certeza donde tuvo lugar, aunque algunos lo sitúan en Grecia.

Lucas muestra predilección por las minorías, los grupos marginados, los humildes y los pobres.

Su evangelio se ha llamado por esto "evangelio de la misericordia". El perdón que Jesús predica alcanza a todos los hombres, por lo cual se ha llamado también "evangelio de la salvación universal".

Este evangelio, con el de Mateo, tiene unos primeros capítulos sobre el origen e infancia de Jesús (lo que se ha llamado “evangelio de la infancia”), pero ambos difieren en sus relatos, sólo coinciden en que Jesús nació en Belén y que su concepción fue virginal.

 
 

JUAN

                   
   

 

Una tradición desde finales del s.II atribuye este evangelio a Juan, el de Zebedeo. En la actualidad, se atribuye al "discípulo amado" (o a su escuela), que sólo aparece en este evangelio, y que no hay que identificar con Juan, el apóstol. Predomina el criterio de quienes afirman que no podemos conocer el nombre de su autor.

En cuanto a la fecha, se admite generalmente, que fue escrito al final del s.I, hacia el año 90: según algunos en Palestina, aunque refleja situaciones del mundo helenista; otros defienden, con la tradición, que fue en Éfeso.

Al final del evangelio se dice que fue escrito "para que creáis que Jesús es el Mesías e Hijo de Dios y creyendo tengáis vida en su nombre" (Jn 20,31). Es un libro escrito para sostener en la fe a los cristianos sometidos a prueba. Por su tratamiento y su lenguaje es diferente a los sinópticos. Cristo no es un ser del pasado, sino un viviente que da sentido a la vida de los creyentes y les permite hacerse hijos de Dios.

 
 

6.2.2. HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 
   

 

Se considera este libro como una segunda parte del evangelio de Lucas y se atribuye al mismo autor. En la primera (Evangelio) trata de los hechos y enseñanzas de Jesús. En la segunda (Hechos) de la actividad y enseñanza de sus continuadores, los apóstoles, aunque en realidad sólo se refiere a Pedro, al principio, y más por extenso a Pablo. Puede decirse que lo que narra de hecho es la difusión del Evangelio desde Jerusalén hasta Roma, en cumplimiento del mandato de Cristo (Hch 1,8).

Sobre su autor, véase lo dicho sobre el autor del tercer evangelio.

En cuanto a la fecha, se han propuesto varias, pero muchos se inclinan hoy por el año 80 y parece la más aceptada.

Da la impresión de que está dirigido a una comunidad nacida en territorio pagano formada por cristianos provenientes de la gentilidad.

Puede dividirse en tres partes: la iglesia de Jerusalén (1,1-8,3); expansión de la Iglesia en Palestina (8,4-12,25); difusión en el mundo greco-romano por la acción de Pablo y sus compañeros de misión (13,1-28,31).

 

6.2.3.1. CARTAS DE SAN PABLO

 
   

 

 

Estas cartas son verdaderamente cartas, no tratados teológicos, en las que se plantean los problemas de dichas comunidades y las relaciones entre sus miembros, así como con el apóstol.

Tradicionalmente se atribuían a San Pablo las siguientes cartas: a los Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1-2 Tesalonicenses, 1-2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos. Hace ya bastante tiempo dejó de atribuírsele la carta a los Hebreos. De las restantes, hoy se consideran auténticas: Romanos, 1-2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses (probablemente también la 2ª) y Filemón. Todas las cartas auténticas de Pablo fueron escritas entre el año 50 y el 63, por tanto, antes del primer evangelio.

Las demás son consideradas de la escuela paulina, es decir, de discípulos suyos; se las suele llamar deutero-paulinas.

   
 

ROMANOS

                   
   

 

La carta a los Romanos, la más extensa y la más densa, está escrita a una comunidad que él no ha fundado, ni conoce personalmente; pero sabe que es muy dinámica y fuerte. Con ocasión del viaje que piensa hacer a España, manifiesta su deseo de visitarla y conocerla, pero quiere también que conozcan su "evangelio".

Trata el problema de la justificación por la fe en Jesucristo que da una nueva vida. Al final de la carta se presentan las exigencias de la nueva vida.

Fue escrita en Corinto a principio del año 58, después de su tercer viaje apostólico,

 
 

1 y 2 CORINTIOS

                   
   

 

Estas cartas permiten conocer la vida de una de las más antiguas comunidades cristianas urbanas, que estaba compuesta de convertidos judíos, de prosélitos y paganos. Fueron escritas en Éfeso hacia el año 54.

Su contenido responde a los informes que había enviado a Pablo una cristiana de Corintio, de nombre Cloe, acerca de la situación moral de la comunidad. Es también respuesta a las preguntas que le hicieron los dirigentes de la misma sobre el matrimonio, las carnes sacrificadas a los ídolos, la asamblea cristiana y la resurrección.

En la primera carta se encuentra el testimonio más antiguo sobre la Eucaristía, así como la llamada "Carta magna de la caridad" (I Cor 13)

 
 

GÁLATAS

                   
   

 

La de los Gálatas (Galacia estaba situada en el centro de la actual Turquía) está dirigida probablemente a las comunidades de Antioquía de Pisidia, lconio, Listra y Derbe, fundadas en su primer viaje, pues no se sabe que visitara la Galacia auténtica, la del Norte.

Fue escrita hacia los años 54-57 al principio del tercer viaje, estando Pablo en Éfeso. El motivo fue prevenir ante ciertos convertidos judíos (Judaizantes) que pretendían imponer, a los convertidos paganos la Ley mosaica y la circuncisión sin las cuales, según decían, no había salvación. Atacaban también personalmente a Pablo, por lo que éste reaccionó de forma inmediata y apresurada defendiendo la autenticidad de su apostolado.

 
 

EFESIOS

                   
   

 

Al parecer, esta carta fue escrita por un discípulo de Pablo a fines del siglo I. En ella expone el plan divino de la Salvación por Cristo y el misterio de la Iglesia. En su parte moral, exhorta a vivir de acuerdo con la vocación cristiana.

 
 

FILIPENSES

                   
   

 

Filipos fue la primera comunidad fundada por Pablo en Europa, durante su segundo viaje.

La carta a esta comunidad fue escrita en Éfeso hacia el año 56-57.

Agradece Pablo la ayuda recibida de los filipenses y les da instrucciones para vivir dignamente y ser luz para los demás. Ataca a los judaizantes, al tiempo que expone su conocida doctrina de la justificación por la fe en Jesucristo.

 

 
 

COLOSENSES

                   
   

 

En Colosas (Asia Menor) había un comunidad cristiana fundada por Epafras, un convertido por Pablo. Estaba compuesta por gentiles.

Esta carta fue escrita, al parecer, en Éfeso por un discípulo de Pablo, hacía el año 63. Su contenido es contrarrestar la influencia judía y pagana que sufría esta joven comunidad.

 
 

1 TESALONICENSES

                   
   

 

Tesalónica fue la segunda ciudad evangelizada por Pablo en Europa después de Filipos.

Esta carta fue escrita en Corinto en el año 51, veintiún años después de la muerte de Cristo. Es el primer escrito del Nuevo Testamento.

La fe y conducta de los tesalonicenses eran ejemplo no sólo para Macedonia, donde se encuentra Tesalónica, sino para Acaya (sur de Grecia). A causa de su fe sufrieron persecución: Pablo les exhorta a perseverar en la fe recibida.

 
 

2 TESALONICENSES

                   
   

 

Esta carta fue escrita poco después de la anterior, también en Corintio, en otoño del 51. Insiste en los temas de la primera, sobre todo en el retorno de Cristo que algunos creían inminente.

 

 
 

6.2.3.2. CARTAS Pastorales

 
   

 

 

Con este nombre se designan, por su contenido, las cartas 1-2 a TIMOTEO y a TITO

   
 

1-2 TIMOTEO Y TITO

                   
   

 

Estas tres cartas supuestamente las dirigió Pablo a sus discípulos Timoteo y Tito. En ellas les da consejos sobre su ministerio. Son de inspiración paulina y tal vez su autor sea un discípulo de Pablo. Mas por presentar un desarrollo y organización de la Iglesia muy posterior, son fechadas entre los años 100 y 140.

 
 

FILEMÓN

                   
   

 

Billete de Pablo a este cristiano notable de Colosas, intercediendo por Onésimo, su esclavo que le había abandonado y fue convertido por él mientras estaba preso, al parecer, en Éfeso. Probablemente fue escrito a mediados del año 50 en esta ciudad.

 

 
 

6.2.3.3. CARTA a los hebreos

 
   

 

Desde los primeros tiempos se dudó que esta carta perteneciera a Pablo. Parece ser que tanto su autor como sus lectores pertenecen a la segunda o tercera generación cristiana.

Se suele fechar después del año 70, entre los años 80-90; su autor es desconocido. Parece ser que fue escrita en Italia, tal vez en Roma. Está dirigida a una comunidad con graves dificultades, amenazada por el desánimo. Estos cristianos necesitan ser fortalecidos en su fe y el único que puede alentarles es Jesucristo, Hijo de Dios, Mediador y Redentor, que vive para interceder por nosotros, ofreció a Dios el sacrificio perfecto, muy superior a los sacrificios de la antigua alianza.

 
 

6.2.3.4. CARTAS CATÓLICAS

 
   

 

 

Se denominan así porque no están dirigidas a una comunidad determinada. Son las cartas de Santiago, las 1-2 de Pedro, las 1-2-3 de Juan y la de Judas. Por lo general, estas cartas suelen fecharse hacia el final del siglo I.

   
 

SANTIAGO

                   
   

 

Autor desconocido, que usó el nombre de Santiago por el prestigio que tenía como "hermano del Señor". Tiene forma de carta, pero en realidad es una colección homelética de consejos prácticos de tipo sapiencial.

Su finalidad es promover la santidad entre los cristianos. Como los antiguos profetas, denuncia los abusos de los poderosos, que empezaban a darse en las jóvenes comunidades.

 

 
 

1-2 PEDRO

                   
   

 

Tradicionalmente se atribuyen al apóstol Pedro. Desde el siglo XIX se dice que pertenece a un cristiano que utilizó el nombre de Pedro.

El tema de la carta Primera es una exposición de la vida cristiana iniciada en el bautismo. Alienta a los cristianos que viven en un ambiente hostil. Aconseja la firmeza, la paciencia, la sumisión. La fe y la esperanza deben caracterizar a los cristianos.

El tema de la carta Segunda es la escatología. Algunos, al no verse cumplida la vuelta del Señor, empiezan a dudar. El autor dice que mil años para el Señor es como un día para nosotros. El Señor vendrá como ladrón.

 
 

1-2 y 3 JUAN

                   
   

 

Tres cartas atribuidas tradicionalmente al apóstol Juan, como se le atribuye el 4° evangelio y el libro de la Apocalipsis.

Sin embargo, su autor o autores nos son desconocidos, La Primera carece de nombre de autor y de destinatario; el autor de la Segunda es "el Anciano” y el destinatario, la "Señora Elegida"; el autor de la Tercera es también "el Anciano" y su destinatario "Gayo".

Estas cartas nos hacen conocer los problemas de una comunidad cristiana no-paulina, así como la fe que proclamaba y vivía.

El propósito de la Primera es confirmar a los cristianos en la doctrina que han recibido y prevenirles contra los falsos profetas. Tema fundamental es el amor de Dios y del prójimo. En ella se dice que "quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor".

Las cartas Segunda y Tercera son muy cortas; en ellas se insiste en el precepto del amor (Segunda) y sobre la hospitalidad (Tercera)

 

 
 

JUDAS

                   
   

 

Es un escrito breve que se presenta como carta y suele fecharse hacia fin del s.I. Su autor dice ser "Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Santiago", pero un conjunto de datos, sobre todo que no se haga referencia a Jesús, siendo su pariente, hacen que la mayoría nieguen que sea su autor.

Por su encabezamiento no puede identificarse a qué comunidad o comunidades está dirigida, aunque parece ser de origen pagano, por los pecados que denuncia.

Exhorta a sus destinatarios a luchar por la fe, puesta en peligro por "algunos impíos que se han introducido en la comunidad". Termina con una doxología.

 
 

6.2.4. Apocalipsis

 
   

 

Como en todos los escritos apocalípticos, su mensaje se contiene en visiones y tiene la finalidad de consolar y transmitir esperanza a una comunidad que sufre.

El autor del Apocalipsis usa los elementos propios de este género y los enlaza con la fe de la comunidad en el Señor crucificado, resucitado y exaltado, que ha de volver al fin de los tiempos, en el que el mal será vencido definitivamente.

Se ha atribuido tradicionalmente al apóstol Juan, el de Zebedeo. El autor se presenta como Juan, Siervo de Dios. En realidad, se desconoce su autor.

Se pone la aparición de este escrito al final del siglo I, entre los años 95-100. Su finalidad parece ser consolar a las comunidades cristianas de Asia Menor en medio de las persecuciones. Dado su contenido, pasó un cierto tiempo hasta que fue admitida como libro canónico.

 

 
                                       
                                       
                                       
               

Bibliografía

“Curso La Biblia”. Prof. V. Serrano. Parroquia de San Marcos. Curso 1986-87

“Orientaciones” (Apéndice 1. Los libros Sagrados). Centro de Estudios Judeo Cristianos. J. Manuel Caparrós, editor. 1992

“Sagrada Biblia” Cantera-Iglesias. (Introducciones a los Libros). 2ª Ed. BAC 1979.